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La balada de Buster Scruggs. {reseña}




Hay algo extremadamente atractivo en la forma con la que los Coen cuentan sus historias; una negrura cálida que te embauca, un retrato preciso de las entrañas de los seres humanos, una celebración de lo absurdo, una épica en las cosas pequeñas.
Hay dos géneros ―el del western y el noir― en el que esa visión encaja como un guante, quizás porque son géneros en los que la fragilidad de la vida viene de serie, quizás porque en ellos esa manta confortable que llamamos civilización suele presentarse envolviendo un cadáver.
En la balada de Buster Scruggs esa crueldad idiota, alegre y cantarina esta meticulosamente condensada en media docena de cortos que componen una antología de cuentos, que a su vez se presenta en forma de largometraje y no de serie vaya usted a saber por qué. El resultado es variable, como suele pasar en las antologías va de más a menos, ―el último cuento es directamente un tostón―, pero en general merece mucho la pena.
Aquí encontrarás heraldos cantores de la muerte, tipos a los que la horca les persigue allá a donde vayan, mineros indestructibles, mujeres con el destino escrito en su cara y la historia más desoladora que he visto en mucho tiempo, una que implica a Shakespeare, a la Biblia, a una piedra y una gallina.
Todo ello a tiro de clic. Siempre que tengas Netflix, claro.