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Mostrando entradas de abril, 2017

La armadura de la luz

La armadura de la luz es un excelente libro de fantasía, para leer y devorar, que narra las peripecias de dos infelices aventureros en un mundo donde, como no podía ser de otra manera, pululan oscuras sectas, semidioses, magos, crueles señores feudales, mercenarios, amazonas, inquietantes ascetas y multitud de personajes de toda clase y condición, unos llenos de codicia y otros llenos de bondad, pero todos obnubilados ante la posibilidad de hacerse con el poder que atesora la mágica y sagrada armadura.

Es un libro digno de darle una oportunidad, tanto si os gusta la fantasía como si no, que me ha sorprendido por dos cualidades; la primera es la bella construcción del mundo en el que los protagonistas desarrollan sus aventuras (eso que los anglosajones llaman world-building), pudiendo considerar a la propia ciudad portuaria de Melay, casi como un personaje más de la historia, donde se aprecia sin esfuerzo el inmenso trabajo del autor, que ha levantado todo un universo detallado y creíbl…

Y las palabras se convirtieron en río.

Hay un loco en la Rue Jacob. Camina bajo la tormenta empapado, porque el hombre mojado no le teme a la lluvia, porque el hombre desquiciado no le teme a la vida. Habla francés con acento extraño y arrastra sus pies descalzos por el adoquinado, chapoteando sobre sus tobillos mugrientos. Ríe, más que risas carcajadas, con un punto sardónico, de disfrute. Y murmura, señalando al cielo, susurrando al agua palabras inconexas en todas las lenguas de la tierra. Merodea el café de los bajos y habla con las prostitutas, con los bohemios, y otras gentes de vivir torcido. Los riega con frases que nadie escucha, que se mezclan con diluvio universal y les advierte. El final está cerca. Llegado el momento. El agua del Sena se desborda. Crece sin medida y reclama un hueco, un camino olvidado. La crecida casi se lleva al loco, le obliga a refugiar sus andares destruidos de la corriente, mientras entra el líquido elemento en la librería de volúmenes antiguos, irrumpe más bien, rompiendo las puertas…