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¡HAMBRE!





Cuando un cuerpo no tiene con qué alimentarse, primero usa la glucosa que almacenan la sangre y los tejidos, poco a poco es consumida hasta que, al agotarla, el organismo comienza a tirar del glucógeno del hígado y de los músculos; el glucógeno es una sustancia de reserva fácilmente metabolizable que permite al organismo humano mantener unos niveles de azúcar imprescindibles para el correcto funcionamiento de órganos tan importantes como el cerebro; si la ausencia de alimento persiste, el tercer elemento químico en la lista de emergencia son las grasas, que tienen un elevado potencial energético pero dejan unos productos metabólicos tóxicos que deben ser eliminados; son los cuerpos cetónicos, y en elevada concentración en sangre causan un problema llamado cetosis y una desregulación en el equilibrio del PH; cuando se acaban las grasas, el organismo roza continuamente la hipoglucemia y la persona está apática, muy cansada, irritable y postrada; si sigue sin ingerir alimento comienza a metabolizar su masa muscular, a devorar literalmente sus músculos y las proteínas que los componen, es entonces cuando tejido adiposo subcutáneo desaparece y la piel se hace más gruesa, cae formando pellejos y dando aspecto de una vejez prematura; como el corazón es un músculo, también se consume pudiendo causar insuficiencia cardíaca y edema, con una  hinchazón muy característica de algunas partes del cuerpo, el estómago deja de segregar ácido clorhídrico lo cual no es sino una puerta abierta a las infecciones, los intestinos casi se paran, y el sistema inmune se vuelve ineficiente, las encías se retraen y las cicatrizaciones se detienen, desaparece la sensación de sed lo cual facilita la deshidratación y la aparición de infecciones oportunistas como micosis, que en zonas como el esófago hacen la deglución dolorosa e imposible; si todo esto ocurre en un niño, en pleno proceso de desarrollo, los efectos son simplemente devastadores, limitando el crecimiento físico, causando raquitismo y destrozando el normal desarrollo neurológico y cognitivo, dejando secuelas irreparables, imposibles de revertir.
Según Intermón Oxfam cincuenta mil personas han muerto de hambre sólo entre abril y agosto del año pasado en el cuerno de África; mientras, en el primer mundo según la FAO se han tirado a la basura unos mil trescientos millones de toneladas de comida durante 2011.

*foto intermón oxfam.

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