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Mostrando entradas de febrero, 2011

El buen soldado

Cierra los ojos, siente la caricia del sol en la cara, los primeros rayos de la mañana que atraviesan tímidos, aún débiles, un cielo azul impoluto para encontrarse con su rostro maltratado, luz que choca contra las ojeras que han surgido bajo sus ojos ciegos, claridad que rebota sobre sus casco e ilumina la barba que crece en su mentón como la mala hierba, verano en el invierno de mi existencia piensa Josef, tiene guasa, y así, sin demasiado esfuerzo, se eleva y flota en un mundo perdido, sonríe y pone cara de idiota, suspira y se deleita escuchando de nuevo los sonidos de su infancia; están ahí, es un milagro, es como si los gritos emitidos hace una docena de años siguieran en el aire, como si hubieran ido rebotando por el mundo entero hasta dar la vuelta, hasta llegar de nuevo a su garganta. Respira oxígeno limpio, huele a verdes praderas, a primavera que muere, a murallas de heno y rocío entre animales, a campo, a estiércol y flores del bosque, olores de un lugar extraño, un hogar a…

La piedra que vive y muere.

El siete de junio de 1926, un hombre viejo y sabio camina distraído por las calles de Barcelona, viste de forma descuidada, con ropas desgastadas y roídas, con zapatos remendados y una chaqueta pasada de moda, carcomida por la polilla y el uso; con el pantalón sujeto con imperdibles, casi parece un mendigo, luce además el pelo completamente cano y corto, y una barba tupida blanca como la nieve, pasea lentamente, pensativo, absorto, perdido en un mundo mágico que sin que nadie lo sepa, carga sobre sus espaldas. Un planeta entero, denso y frondoso, bello, inmenso y a pesar de todo liviano, entreverado de ideas, de cálculos matemáticos que quieren engañar a la física, a la maldita gravedad, a la triste realidad; bóvedas, columnas helicoidales y caprichos que alumbran al hombre, que acogen una poderosa fe, construcciones en apariencia inertes, ladrillo, hierro y hormigón, naturaleza en estado puro, piedra que vive, respira y late, crece, se desarrolla y muere. Porque todo lo vivo muere, por…

La nariz del señor Darwin

En septiembre de 1831, en el edificio del almirantazgo en Whitehall en Londres, Charles Darwin se reúne con el capitán del Beagle, Robert Fitz-Roy en el despacho del capitán Beaufort, durante el encuentro, el marino le comunica a Darwin que la persona con la que contaban para ocupar el puesto de naturalista en el inminente viaje al continente americano acaba de rechazar la plaza, y que por tanto, si lo desea, él puede ocupar la vacante; emocionado, Darwin acepta y a lo largo de dos horas acuerda con Fitz-Roy las condiciones de su travesía, él pagará su manutención con quinientas libras y el trato con el capitán será de igual a igual; acuerdan también la posibilidad de renuncia, si el científico no aguanta, si se raja, podrá volverse a medio camino; ninguno de los dos lo sabe, pero en ése apretón de manos queda sellado el futuro inmediato de buena parte de la ciencia moderna. El joven capitán del Beagle está preocupado, sabe que lo que les queda por delante será un trayecto duro, conoce…

El papa y el esclavo

Llegado el momento, el esclavo se planta frente al maestro, se cuadra y le mira de igual a igual, de pintor a pintor, casi de amigo a amigo; deja que el genio capture su imagen, su ser, sus anhelos y esperanzas y los estampe sin pudor sobre el lienzo, usando los pigmentos que él mismo ha mezclado; estático y orgulloso, el morisco es construido de nuevo y parido por segunda vez, en ésta ocasión a través de las cerdas de un pincel que le hace surgir entre la luz, con brochazos rápidos y precisos; habla con la mirada, habla sin hablar, sin emitir un solo sonido, un solo fonema, exhibe altivo su tez oscura, su condición de hombre libre ante quien ose dudarlo mientras presta su rostro para la eternidad. Diego Velázquez necesita soltarse, sentir que sus dedos y sus ojos se mantienen ágiles, en perfecto estado, sabe que para retratar al papa Inocencio X ha de presentar sus propias credenciales en forma de lienzo, elige a Juan de Pareja, a su esclavo y sirviente, y lo retrata con una expresió…