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Náufrago

Es luna nueva, Poon Lim observa el reflejo del satélite sobre su mundo azul, escapándose tras el horizonte mientras amanece, desahuciado y deshidratado sonríe, piensa por un segundo en los primeras semanas de su naufragio, cuando aún contaba los días y no las lunas nuevas, hace un lento cálculo mental y se da cuenta de que, si no falla su cabeza recalentada por el sol, son cerca de tres meses el tiempo que lleva flotando como un corcho a la deriva, en mitad de la nada, sobre un océano que le maltrata, le transporta y le alimenta con sus despojos, a los lomos de un tirano que parece querer jugar con él como jugaría un gato con un ratón, divirtiéndose antes de devorarlo.
Poon Lim tiene sed, siente que el sol parece haber secado hasta la última gota líquida de su pequeño cuerpo, una sed que araña, se clava en su garganta y en sus labios cortados y agrietados, una sed que se ríe a carcajadas, que le confunde y le susurra al oído, que fácil sería alargar un poco la mano y beber del planeta líquido y salado que le sostiene, fácil y mortal, el hombre perdido mira al cielo, busca una señal, una respuesta en forma de nube, de lluvia bendita, una promesa de agua dulce; es inútil, el cielo es un espejo de la mar, impoluto azul sin traza de blanco, gobernado por un anticiclón maldito que poco a poco le está matando; Poon mira por la borda, también está hambriento, limpia con meticuloso cuidado el anzuelo artesanal que periódicamente le alimenta y decide volver a probar suerte, coloca una cabeza de sardina sobre la pieza que ha fabricado a partir de las tripas de una linterna, y atraviesa con el metal curvo los ojos del pez dejándolo oculto entre su cabeza, está listo, pero un segundo antes de lanzarlo aborta su idea al ver una inconfundible aleta chapotear en el agua, aquí siguen, piensa Poon Lim, esperando un descuido o un golpe de mar, esperándome a mí, el náufrago sabe que con los tiburones, la pesca se esfuma, sabe que ellos anhelan el premio gordo, uno con forma humana, son pacientes, sabe que fue él mismo el que los atrajo cuando hace demasiados días, tras navegar sobre un banco de sardinas, comió hasta saciarse, pero dejó tras de si un suculento aroma de tripas de pez que ahora le martiriza.
Maldita sea su estampa, cierra los ojos, si no comes o bebes morirás, se dice y cuando más desesperado está, vuelve a abrirlos para encontrarse un punto negro sobre el horizonte, un punto alado que se hace cada vez más grande y le sobrevuela intrigado, en círculos, es un albatros, es una pieza de carne con alas, Poon reacciona, amontona los restos de pescado que aún le quedan en un lateral de la balsa y se esconde acurrucado bajo una lona, el pájaro observa el asunto y decide posarse para comer un tentempié gratuito, Poon está de suerte, moviliza sus últimas fuerzas, salta como un felino y atrapa a la majestuosa ave, la agarra por el cuello y la degüella con sus dientes, bebe su sangre preciosa y come su carne cruda, ingiere alimento y líquido para sobrevivir otro día más.
Poon Lim vivirá para contarlo, 133 días de naufragio y mil doscientos kilómetros a la deriva, hasta que se encuentre de milagro con unos pescadores brasileños, tras su rescate aparecerá en los periódicos de medio mundo, recibirá honores y enhorabuenas, alguien le comentará que su historia ha marcado un récord de supervivencia y él simplemente contestará “espero que nadie tenga que superarlo”, por suerte así ha sido, desde 1943 hasta hoy.

Historia vía Wiki y Kurioso

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