Ir al contenido principal

Las cicatrices de Capone


Al es un tipo listo, sólo que a veces piensa con la polla, cuando Frank Gallucio entra por la puerta del Harvard Inn, sus ojos de gorila se detienen en el nuevo cliente apenas un par de segundos, suficiente tiempo como para catalogarlo dentro de la gran familia de los pringados con suerte, después, su mirada continúa sin disimulo su lento caminar hasta el bello trasero de las dos acompañantes de Frank, dos morenas de piernas eternas que responden a los nombres de Lena y María, Al suspira, silva y resopla, se relame, mira a Frank y piensa que el muy capullo es demasiado afortunado, ellas son demasiado para él, una es suficiente, Al no sabe que Lena es la hermana pequeña de Frank, su ojito derecho, podría llegar a sospecharlo de mantener su raciocinio intacto, pero a cada segundo que pasa, su cerebro va perdiendo funciones en favor de su miembro viril que engrosado, ya ha decidido que esta noche no va a dormir solo.
Al mira a Lena, y cuanto más la mira, más se sonroja ella, más incómoda se siente, es una chica decente, es una chica inocente, algo que sólo consigue poner más y más cachondo a Al, que decide abandonar la barra y acercarse a la muchacha, entrar al ataque como sólo un pitbull puede hacer, diciéndola:
“Cariño, tienes un bello culo y esto que te digo es un cumplido... créeme”.
Al sonríe, va sobrado, es pequeño y rechoncho, pero fuerte, como un jodido perro de presa que después de todo se gana el pan partiendo cráneos, mira de reojo a Frankie y espera su reacción, observa a cámara lenta cómo éste procesa sus palabras y entra en erupción.
“Que mierda estás diciendo, va a ser mejor que te disculpes”
Al sonríe, Frankie es previsible, sigue sonriendo, gana un par de metros y espera, un par de metros más y antes de que se de cuenta, el tipo estará contando sus dientes en el suelo.
“Tranquilízate colega, estoy bromeando”.
Frank Gallucio no esta para bromas, se embala como un obús y en ése momento Al carga, lanza el primer golpe pero ahostia al aire, se da cuenta que quizás ha infravalorado las pelotas y la rapidez de Frank cuando lo ve echarse la mano al bolsillo, sacar una pequeña navaja y hacer tres sietes en su lindo careto; Frank apuñala con velocidad pero con poca precisión, busca el cuello de Al pero como lleva un par de copas encima encuentra su cara, en cuestión de segundos alguien les separa y Al el gorila cae, muerde el polvo convertido en un surtidor de sangre.
Al Capone recibirá treinta puntos de sutura en su redecorado rostro y una exigencia por parte de los capos para pedir perdón a la muchacha y no buscar venganza contra su hermano, años después, cuando ya sea jefe de la mafia en Chicago, seguirá avergonzado por sus cicatrices, se inventará historias acerca de su origen, como que se las hizo en la primera guerra mundial o que fueron causadas por un barbero inútil, usará polvos de talco para ocultarlas y evitará que las fotos las tomen desde su lado izquierdo, sus amigos y enemigos lo llamarán, siempre a sus espaldas, “caracortada”.

Historia via libro "Public Enemies" de William Helmer. 

Comentarios

Javier Sanz ha dicho que…
Para un jefe de la mafia este recuerdo era demasiado sonrojante como para no ocultarlo.
Y si a esto unimos el origen de su apellido "Capone"...

Un saludo
Javier Font ha dicho que…
Seguro, además hay todo un aura romántica en torno a estos personajes históricos, cuando al final probablemente no eran más que unos tipos miserables capaces de vender a su madre por un plato de lentejas... un saludo Javier, gracias por tu visita y tu comentario.
Markos ha dicho que…
Así que por unos pocos centímetros hubiérmos pasado del mítico Scareface, a otro cerdo muere en un ajuste de cuentas...
La vida termina siendo pura casualidad.
Salu2
Javier Font ha dicho que…
Y que lo digas....

Un saludo