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El compuesto 606



En la soledad de su laboratorio, Sahachiro Hata sabe que las balas mágicas existen, que simplemente están ahí, escondidas, pero al alcance de su mano, de sus dedos; esperando ser sintetizadas, ser usadas; compuestos, drogas, estructuras orgánicas capaces de sanar sin matar al enfermo, productos que pueden obrar el milagro; Sahachiro mira por su microscopio, indaga en la muerte en miniatura que descansa sobre su porta, sobre el fragmento teñido de tejido que estudia en silencio, un mundo aparte donde reinan pequeños monstruos, alargados y retorcidos sacacorchos, móviles, tremendamente contagiosos, la Spirochaetta Pallida, maldito bicho causante de la sífilis.
Sahachiro sabe que existen colorantes que tiñen a la bacteria y respetan el resto de la muestra, que se unen a la superficie del patógeno y no al de las células sobre las que habita, lo que quiere decir que si puede pintarlas selectivamente, puede matarlas selectivamente, y en esas está, buscando su bala mágica, jugando al mecano con átomos, partiendo de la estructura de un colorante y modificándolo poco a poco, con la esperanza que en una de esas pequeñas variaciones salte la liebre.
Paciencia, es la madre de la ciencia, 605 frustraciones hasta llegar al compuesto 606, la arsfenamina, droga que a pesar de contener arsénico es prometedora, cuando el investigador japonés se acerca al animalario donde espera encontrar a sus ratones muertos por sífilis, se le para el corazón, aquellos que previamente trató con el compuesto 606 están vivitos y coleando, correteando por la caja, Sahachiro contiene un grito, sonríe, y sale corriendo en búsqueda de su jefe Paul Ehrlich, aún no lo sabe, pero acaban de hacer historia.
1909, la primera vez que un grupo de investigadores usan la cabeza para modificar la estructura de una molécula buscando dar en una diana a nivel molecular, obtienen un medicamento que recibirá el nombre de Salvarsán, que a pesar de ser tremendamente tóxico será la esperanza para miles de enfermos que hasta ése momento están siendo tratados con mercurio; a Erlich y su ayudante le lloverán las felicitaciones y producirán a gran escala el compuesto, lo que no esperan ni el alemán ni el japonés será la reacción de algunos individuos.
Los brujos y homeópatas, molestos ante el final de su chollo, dirán que el Salvarsán es un veneno peligrosísimo, que Ehrlich es un estafador, un usurero que produce baratísimo y vende su medicina a cojón de mico; los antisemitas le clasificarán como judío peligroso, los extremistas religiosos dirán que curar a los sifilíticos es atentar contra un justo castigo de Dios, es salvar a los pecadores libidinosos, incluso algunos políticos y policías le criticarán por crear un medicamento que sin duda aumentará el número y la cantidad de prostitutas…
1909, hace más de cien años… joder, que poco hemos cambiado.

Comentarios

Montagon ha dicho que…
Te leo desde hace tiempo, pero nunca me animo a comentar. Tus textos ya lo dicen todo.

Sólo era para felicitarte por tan grande blog.

Saludos!