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Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2010

Perdidos en la traducción.

Cuando el tipo con cara de guiri levanta su dedo, el pequeño taxista del infierno sonríe sardónico, mostrando sin querer un par de huecos entre sus dientes de tiburón, yeap, of course, to JFK airport, como no, raudo y veloz abre el maletero inmenso de su viejo Ford Crown Victoria amarillo y por un segundo parece que al hacerlo, un cadáver va a asomar maniatado, no es así, al final el conductor extiende los brazos y agarra las maletas con brío, las lanza al interior del oscuro cubículo y cierra de un portazo, después, con la mejor hospitalidad de su sangre asiática invita a su clientela, ¡pónganse cómodos!, lets go guys, el cielo sobre el atlántico os espera, no debemos llegar tarde; un segundo... ehhh si, si... one second my friend, déjeme pegar una calada, una última calada y terminar el cigarrito antes de emprender el viaje smoke free; la colilla cae, el taxista mira raro, los compañeros se montan y uups, va a ser que no cabemos, que uno va para delante, de copiloto; el tipo con car…

Segundo aniversario.

Sentado ante el blanco dictatorial de la pantalla hay un tipo que se estruja los sesos, que en su frágil silencio cotidiano hace lo imposible por intentar escuchar sus propios pensamientos, ruidos causados por historias e ideas que rebotan en su córtex y con suerte son capturadas, transformadas en palabras, y tecleadas en orden, una detrás de otra, en fila india, siguiendo el compás anárquico de unos dedos aterrados, a veces, ante la vacuidad de lo escrito. Sentado ante el blanco dictatorial de la pantalla hay un tipo que busca revancha contra el mundo, contra la historia y contra la condición humana, construyendo la mayor parte de las veces falsos recuerdos, medias verdades a partir de medias mentiras noveladas y relatos que no son sino pequeñas y relucientes pepitas de oro que cagó el moro, valiosa bisutería del todo a cien empaquetada en una caja de ceros y unos virtuales y ofrecida al mundo por el módico precio de una visita. Sentado ante el blanco dictatorial de la pantalla hay un …

El castrado.

Mientras espera, Marco busca las paredes del recinto y camina lentamente hacia atrás hasta dar con la esquina, exactamente el lugar donde sus mundos colisionan, frente a él, dos hombres negocian, hablan a las claras del coste de la operación y las posibilidades de que Marco muera, de que la inversión se pierda, al mencionar esa opción, el hombre de mandil blanco, el barbero de tez oscura levanta sus hombros y sonríe, intenta poner cara de angelito pero no lo consigue, porque los angelitos suelen tener dientes, después comenta “a veces ocurre, si surge la gangrena y la fiebre se mueren, es un riesgo que asume el cliente”, dice en un tono suave e inerte, muy profesional; el mentor escucha, arruga el morro y mira de refilón al niño, levanta su dedo índice, “mas te vale que seas cuidadoso, el muchacho es un diamante en bruto”. A esas alturas Marco ya tiembla, cientos de voces se agolpan en su cabeza, se aferran a sus piernas, es incontenible, asciende por su diminuto cuerpo y hace que se o…

Tres fantasmas con chapela

Llegado el momento, el tipo de gafas rojas mira atontado su juguete, al acercar el terrón de azúcar a la superficie de su café solo, este impregna la base blanca inmaculada del cubito, y asciende como por arte de magia por las paredes granulosas hasta debilitar y deshacer la dulce estructura, que se desmorona sobre la negra superficie y es disuelta con ayuda de una minúscula cucharilla, como de liliputiense; diversión en estado puro, a según que horas no se puede pedir más, después surge un bostezo y de seguido un marlborito aterriza sobre la comisura de sus labios y es incinerado, prende, el olor de tabaco se mezcla con el de el café; mientras la nicotina y la cafeína se confabulan para sacar su cerebro del aletargamiento cotidiano, el mundo que lo rodea muestra su rutina de colores, de sabores, de luces de tragaperras, olor a after shave del carrefour y densas nubes de faria atravesadas solo de refilón por la luz de la mañana; alguien lleva el gordo para hoy, la camarera se acerca a…

El compuesto 606

En la soledad de su laboratorio, Sahachiro Hata sabe que las balas mágicas existen, que simplemente están ahí, escondidas, pero al alcance de su mano, de sus dedos; esperando ser sintetizadas, ser usadas; compuestos, drogas, estructuras orgánicas capaces de sanar sin matar al enfermo, productos que pueden obrar el milagro; Sahachiro mira por su microscopio, indaga en la muerte en miniatura que descansa sobre su porta, sobre el fragmento teñido de tejido que estudia en silencio, un mundo aparte donde reinan pequeños monstruos, alargados y retorcidos sacacorchos, móviles, tremendamente contagiosos, la Spirochaetta Pallida, maldito bicho causante de la sífilis. Sahachiro sabe que existen colorantes que tiñen a la bacteria y respetan el resto de la muestra, que se unen a la superficie del patógeno y no al de las células sobre las que habita, lo que quiere decir que si puede pintarlas selectivamente, puede matarlas selectivamente, y en esas está, buscando su bala mágica, jugando al mecano c…