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La mano del hombre muerto.


Crooked Nose Jack camina, está borracho como una cuba y sin un céntimo, con los bolsillos limpios de polvo y paja, relucientes; cada vez que le rugen las tripas, maldice su puta estampa y con sus manos temblorosas, acaricia su revolver calibre 45 mientras busca los cojones que no tiene para dar una lección al salvaje Bill, el tipo que dentro de el Nuttal & Mann´s Saloon juega unas manos de póquer como si el mundo fuera suyo, con su larga melena y su bigotito estúpido, con su aire de suficiencia, de intocable, cada vez que le mira, Crooked Nose siente algo hirviendo dentro, a punto de estallar en sus entrañas, en sus tripas; así que, arrastrando los pies entra en el tugurio y se queda mirando la partida, indeciso, masticando su odio impregnado en alcohol; mientras, los allí presentes levantan la mirada un segundo, el tiempo que tardan en catalogar al visitante como un miserable borracho, el mismo pollo al que ya desplumaron ayer, tras una fracción de segundo siguen con su mano y después, como que no quiere la cosa Wild Bill Hickock se busca en silencio unas monedas en el bolsillo y las lanza a los pies del vaquero.
-Come algo, y aprende a cubrir tus deudas.
Las palabras llegan a los oídos de Crooked Nose Jack, se recomponen lentamente en su cerebro narcotizado, como una cerilla encendida cayendo en picado hasta un barril de gasolina, inflamando su mundo, metiendo fuego a su cortex, empujándole al precipicio desde el que salta sin remedio.
Wild Bill está de espaldas, con la nuca mirando a la puerta, normalmente no es su sitio, pero su silla preferida, la que apoya su respaldo contra la pared, ya estaba ocupada al comenzar la partida, así que la leyenda encarnada está desprevenida, ha juntado una buena mano y el mierda que tiene a sus espaldas no merece más de un segundo de atención, Wild Bill se equivoca, escucha un grito, “¡toma esto!” y otro sonido bien conocido antes de recibir en su nuca un balazo que atraviesa limpiamente su cerebro, un trueno que explota tras sus orejas, que tensa cada uno de sus músculos y lo mata al instante, hace que ya muerto se desplome lentamente sobre la mesa, con las cartas bien aferradas en su camino hasta el infierno.
Crooked Nose Jack huirá, pero no por mucho tiempo, al final le cogerán, le juzgarán dos veces y le enseñarán a hacer círculos en el aire con los talones, que quien a hierro mata, a hierro muere, o eso dicen; por su parte los compañeros de cartas de el salvaje Bill, tras el disparo, mirarán curiosos las cartas del finado y silbarán aliviados, dobles parejas de ases y ochos, una buena mano, una mano que quedará para los anales del póquer, la mano del hombre muerto.

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