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El infierno es de color blanco (III)



Desde el interior del baño, la música embiste la puerta a intervalos regulares, ésta filtra los agudos y descompone las ondas sonoras que golpean en la cara y en el corazón de la señorita X, como un diapasón marcan el ritmo de sus movimientos sobre la línea blanca; ella es hábil, ella tiene práctica, usa su tarjeta de crédito con precisión, Visa clase oro, chica pija, con la que raspa el clorhidrato cristalizado, lo amontona y alinea en perfecto estado de revista, después ríe con una carcajada pequeña, nerviosa, impaciente, como de ardilla; dobla un billete de cincuenta y construye un cilindro perfecto, un pequeño túnel sin luz al final del mismo, se arrodilla, reza unas plegarias a su Dios particular y se mete un tiro generoso, distribuido en un par de rayas sobre su cartera de DG, aspira sin esfuerzo, está hecho, justo en el momento perfecto, cuando la noche apenas ha comenzado.
La señorita X se coloca por dentro, se coloca por fuera, la falda en su sitio, el maquillaje impoluto, elimina los pequeños restos de material blanquecino en su fosa nasal y una pequeña lágrima que amenaza con escurrir desde sus ojos, maldice, casi la destroza el rimel, no es así, abre la puerta, al hacerlo es golpeada por la música, bases repetitivas y luces de colores que la envuelven con una caricia, es maravilloso, en unos minutos estará arriba, en la cima del mundo, sonríe, besa y bebe de su copa, guiña a un ojo al gorila que la acaba de pasar un par de gramos, la hostia, grita, aúlla de emoción cuando ponen su canción.
En su interior las moléculas juguetonas se abren paso, llegan hasta los capilares de la mucosa nasal y se absorben, al hacerlo comprimen los vasos, lo cual limita su propia entrada, aquellos alcaloides que al final se cuelan caen al torrente circulatorio, son arrastrados, distribuidos por todo el organismo, unos llegan al hígado y son destruidos, otros alcanzan su objetivo, la hendidura sináptica; el lugar donde abrazándose sin llegar a tocarse, las neuronas transmiten el impulso nervioso a través de los neurotransmisores, éstos, en condiciones normales tienen vidas cortas, son liberados por una neurona e instantáneamente actúan sobre la siguiente y son recogidos, recaptados o destruidos; pero en presencia de cocaína, la recaptación de neurotransmisores es bloqueada, con lo que el sistema nervioso es como un motor que sólo puede acelerar, estimulado, el cerebro de la señorita X hace creer a su dueña que es más lista, que es más guapa, que es más feliz; aparece una ligera taquicardia, las pupilas se dilatan, suda porque aumenta su temperatura, se desvanece la sensación de hambre mientras ella salta sobre una mesa en plan go go, mientras lanza una mirada de tigresa en celo al palomo de al lado.
Desencajada ríe, bebe, el alcohol la seda, la cocaína estimula su cuerpo, lo cual sólo lleva a la urgente necesidad, pasadas unas horas, de meterse otro tiro, otro subidón al que inexorablemente sucede otro bajón, una y otra vez hasta que se cae de culo, hasta que en la cama, con insomnio y los ojos como platos, la señorita X intenta repasar su muy feliz noche loca.
Es lo que hay, es el peaje de la dama blanca, chicos guapos, grandes gafas de sol, felicidad compactada, ríen, bailan, se lucen, escalan una inmensa montaña de mierda y sufrimiento y desde arriba, enseñan al mundo su perfecta sonrisa profident.

Comentarios

Markos ha dicho que…
Ya tenía ganas de seguir leyéndolo. Me ha gustado como has ido ilustrando esa locura.

Salu2