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Mostrando entradas de agosto, 2010

Cartas desde Okinawa.

Llegada la noche, bajo un bello cielo estrellado Masanobu Kuno reflexiona durante sus últimas horas en este planeta, a lo lejos, tras la línea del horizonte, truenos y relámpagos repican en una noche sin tormenta, sonidos del infierno que llegan apagados, continuos, imperturbables, incansables, un mundo estremecido y oscuro, cosido por estallidos que se cuelan en sus tímpanos y golpean su pecho, como queriendo seguir el compás de sus últimos latidos, perturbando la paz de sus últimos recuerdos; el joven capitán respira, dibuja una mueca en su rostro y reprime el nudo formado en su estómago; escucha en silencio, cada explosión es un paso más, el gigante que se acerca, cada reflejo dorado en la lejanía supone un trecho ganado por el enemigo en su camino hasta su hogar, un cascote que cae en un castillo que se derrumba, Masanobu es voluntario, para él no hay salida, no hay futuro, sus días acaban donde empieza la cubierta del un buque americano. Así pues sólo queda despedirse, sólo queda …

La mano del hombre muerto.

Crooked Nose Jack camina, está borracho como una cuba y sin un céntimo, con los bolsillos limpios de polvo y paja, relucientes; cada vez que le rugen las tripas, maldice su puta estampa y con sus manos temblorosas, acaricia su revolver calibre 45 mientras busca los cojones que no tiene para dar una lección al salvaje Bill, el tipo que dentro de el Nuttal & Mann´s Saloon juega unas manos de póquer como si el mundo fuera suyo, con su larga melena y su bigotito estúpido, con su aire de suficiencia, de intocable, cada vez que le mira, Crooked Nose siente algo hirviendo dentro, a punto de estallar en sus entrañas, en sus tripas; así que, arrastrando los pies entra en el tugurio y se queda mirando la partida, indeciso, masticando su odio impregnado en alcohol; mientras, los allí presentes levantan la mirada un segundo, el tiempo que tardan en catalogar al visitante como un miserable borracho, el mismo pollo al que ya desplumaron ayer, tras una fracción de segundo siguen con su mano y de…

Las Harleys son para el verano.

Desde la acera, a las puertas del estanco en el que consigue su veneno de todos los días, el turista despistado observa la pequeña rotonda por la que, misterios de la naturaleza, parecen haber decidido circular todos los coches de la provincia de Cádiz a la vez; ansioso, como si el humo de los tubos de escape no fuese suficiente, el tipo de las chanclas prende un cigarrito y observa el percal, la hilera de vehículos bajo la solana; elige lentamente el lugar más apropiado para cruzar la calle entre el atasco, por aquí, piensa, camina y al hacerlo, se topa con un tipo con cara de dentista que en mitad del fregao sonríe a lomos de una Harley plateada. ¡Brum, brum, bruuuuum! el hombre está exultante, como un niño con zapatitos nuevos, acciona el acelerador con la moto parada y con cada embite, el motor ruge y los cristales de los comercios cercanos vibran, su ego aumenta, sin duda se cree más joven, más guapo y con el pene más grande; su puta madre, piensa el tipo de las chanclas y la cami…

El infierno es de color blanco (III)

Desde el interior del baño, la música embiste la puerta a intervalos regulares, ésta filtra los agudos y descompone las ondas sonoras que golpean en la cara y en el corazón de la señorita X, como un diapasón marcan el ritmo de sus movimientos sobre la línea blanca; ella es hábil, ella tiene práctica, usa su tarjeta de crédito con precisión, Visa clase oro, chica pija, con la que raspa el clorhidrato cristalizado, lo amontona y alinea en perfecto estado de revista, después ríe con una carcajada pequeña, nerviosa, impaciente, como de ardilla; dobla un billete de cincuenta y construye un cilindro perfecto, un pequeño túnel sin luz al final del mismo, se arrodilla, reza unas plegarias a su Dios particular y se mete un tiro generoso, distribuido en un par de rayas sobre su cartera de DG, aspira sin esfuerzo, está hecho, justo en el momento perfecto, cuando la noche apenas ha comenzado. La señorita X se coloca por dentro, se coloca por fuera, la falda en su sitio, el maquillaje impoluto, eli…