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El infierno es de color blanco (II)



Abel apura su cerveza deshidratado, ligeramente inclinado hacia delante, con los dos codos apoyados sobre la barra, siente la caricia del aire a intervalos regulares sobre su cara, incómodo, suda como un buey y maldice el viento caliente removido, no refrigerado por el viejo ventilador del techo, que a cada vuelta baila el hula hop, agoniza y amenaza con perder una de sus aspas, Abel resopla, hoy hace un calor de la chingadera, más de cuarenta grados al sol, si me apuras cuarenta y cinco en un antro como este, toca el vidrio marrón de su bebida, movimientos circulares sobre la boca de la botella hechos con su dedo índice, hace una mueca con su boca y un chasquido con su lengua, hoy respirar es una guerra perdida, siempre lo ha sido en este maldito clima desértico, medio minuto más y el líquido de su bebida empezará a tener la misma temperatura que el orín de un gato.
Abel mastica, traga y se relame como un niño, chicharrones en chile y tarta de queso de postre, mata su hambre mientras alguien se coloca a su vera, un güey que le saluda tocándose la punta de la gorra, como en una vieja película de vaqueros gringos e indios malos, está delgado como un alfiler y es un parroquiano habitual por estos lares que busca un trago fácil, acompaña su gesto con una sonrisa que enseña una ristra de huecos colocados en el lugar donde debieran estar sus dientes, Abel aparta la vista, pone cara de tipo duro y el extraño se desanima, suelta una sonrisita nerviosa y desaparece, Abel se relaja, sonríe para dentro, y mira de reojo su pickup, no vaya a ser que el pendejo busque venganza con sus neumáticos, se levanta, eructa y deja unos billetes arrugados sobre la barra, saluda y antes de marcharse hace con la mirada un estudio fisiológico de la camarera, como si fuera superman, con rayos X en los ojos adivina cada centímetro de su culo prieto y orondo, se vuelve a relamer, se rasca los huevos y nota algo engrosado, coge un paquete de encima de la mesa, una camiseta verde y blanca con el nombre de Cuauhtémoc Blanco, esta contento, cuando comience el mundial piensa lucirla con los amigos, con sólo un poco de suerte y mucho coraje hasta la final contra Brasil, España o el que se ponga por delante, deja volar su imaginación, abre la puerta del café y al hacerlo suenan unas barritas de metal, recibe un golpe de calor un segundo antes de colocarse las gafas tintadas, es como abrir la puerta de un horno, este bello Juaritos.
Camina, aprieta el mando a distancia, el vehículo le saluda haciendo bip bip, iluminando a la vez sus indicadores, Abel se acerca y comprueba con desagrado que algún hijo de mala madre ha rayado a su pequeña joyita, levantando un poco de pintura, maldita sea, abre la puerta y se mete dentro, enchufa el aire acondicionado, y enciende el contacto, su furgoneta arranca con un suave ronroneo, se mueve, busca la incorporación a la carretera tras un viejo chevrolet, estúpida forma de joder la mañana, piensa Abel, enojado, deseando haberse cruzado con el pinche que le ha dejado el regalito, cosas que pasan, se dice, no queda otra, centrado en su mundo no escucha el chirrido de neumáticos frente a él, al levantar la mirada ve a dos tipos bajarse del carro, parece que portan algo entre las manos, para cuando ha identificado los cuernos de chivo estos ya están vomitando fuego, Abel siempre pensó que en una situación de estas tendría una opción, defenderse, pisar el acelerador, huir, como hacen los gringos en la películas, saltando, esquivando balas, algo por el estilo, no es así, estaba equivocado, pálido observa su muerte en cámara lenta, trozos de metal, cristal, sangre y hueso saltando, rebotando; en segundos la tormenta pasa, Abel aún esta vivo, agoniza y se desangra, intenta respirar, piensa en su madre, piensa en los suyos, piensa en el maldito business, en el puto negocio, en la camiseta que descansa sobre sus rodillas, verde, blanca y ahora roja, piensa en lo último que pensó antes de ser acribillado, estúpida forma de joder la mañana, una forma como cualquier otra.

Comentarios

Markos ha dicho que…
Me están encantando estos capítulos, será que aquí también hace un calor de mil demonios...no, va a ser que escribes de lujo. :-)

Salu2
Javier Font ha dicho que…
Markos, muchas gracias por tu apoyo, se agradece de veras.

Un saludo