Ir al contenido principal

El almirante empecinado




Impertérrito en el puente de mando del HMS Victoria, el vicealmirante Sir George Tryon suda como un buey, resopla y mira de reojo las costas de Siria; ante Trípoli mesa su larga barba de marino viejo con calma y maldice el infierno al que está destinado, un tostadero húmedo y bochornoso, que le impide pensar con claridad, que nubla las ideas y ahoga los pulmones con aire caliente; hoy más que nunca añora el fresco clima de Northamptonshire, sus verdes colinas y su oxígeno respirable, hoy más que nunca situado en el otro extremo del planeta tierra; gajes del oficio, piensa, después, ordena el comienzo de las maniobras de entrada a puerto.
-Los movimientos se sucederán en dos fases, en la primera, giraremos ciento ochenta grados hacia el interior y pondremos proa hacia el fondeadero; en la segunda volveremos a virar noventa grados, para quedar perfectamente alineados en paralelo a la costa, transmitan la orden al resto de la flota.
Tic, tac, silencio, una gota corretea por el cuello del viejo lobo de mar, salta hacia el suelo dando una triple voltereta, los hombres allí presentes callan, podrían escuchar el pedo de un mosquito a mil kilómetros, tragan saliva, se miran de reojo, por fin encuentran el valor para aclarar un pequeño concepto, alguien eleva su voz, pide permiso para hablar y comenta:
-Disculpe, Vicealmirante, hay apenas dos cables de separación con el HMS Camperdown, ¿no debiéramos dejar por lo menos cuatro para garantizar la seguridad?
Sir Tryon, sueña ya con las bocas abiertas de los otomanos, con su bella coreografía de bestias de metal, sin duda arrancará los aplausos de la ciudad entera, dejará bien claro su supremacía, su precisión, les hará saber con quien se juegan los cuartos a los moritos; cuando escucha la voz de su subordinado, es como el zumbido de una mosca cojonera que taladra sus tímpanos, que le hace gastar una saliva preciosa, en silencio eleva su mirada colérica y después sentencia.
-Dos cables bastarán, ¿insinúan que no puedo hacer una simple estimación?
UUPS, cagada, el cuadro de oficiales se mira de reojo, lamentando no tener el don de la invisibilidad, llegados a este punto, a ver quien tiene pelotas para decirle al viejo que es una locura y perder carrera, condición y rango, mejor callar y plegar velas, mejor santiguarse y pedir al cielo que todo vaya bien; los hombres de su graciosa majestad hacen mutis por el foro, reculan y se disponen a ejecutar la maniobra; los barcos viran ciento ochenta grados y buscan el mismo sitio en el ancho mar.
Así, de esta manera, sucede lo inevitable, el Camperdown, un poco más lento embiste y penetra a su buque insignia, con su espolón de proa destroza un mamparo del Victoria y le hace un siete de unos diez metros cuadrados bajo la línea de flotación, hace calor y todas las escotillas, puertas y portillos están abiertas, el agua tarda aproximadamente trece minutos en inundar el navío, en volcarlo y mandar al vicealmirante y a media tripulación a dormir con Nemo, un desastre; dicen los últimos que lo vieron que alucinado, con la boca abierta y las manos en la cabeza, mientras se hundía, el hombre de los galones y la barba blanca no dejaba de mascullar, “es mi culpa, es mi culpa, es mi culpa”.

Comentarios

Markos ha dicho que…
Hay gente que se empeña en suicidarse en compañía de otros...lo malo es que cuando no le sale bien se les condecora y se les llama héroes. :-)
Salu2
Javier Font ha dicho que…
Pues este palomo estaba considerado como un tipo extremadamente competente y sin embargo, metió la pata hasta el corvejón, éso si, no creo que le dieran muchas condecoraciones a su viuda.

Un saludo Markos