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Mostrando entradas de julio, 2010

El infierno es de color blanco (II)

Abel apura su cerveza deshidratado, ligeramente inclinado hacia delante, con los dos codos apoyados sobre la barra, siente la caricia del aire a intervalos regulares sobre su cara, incómodo, suda como un buey y maldice el viento caliente removido, no refrigerado por el viejo ventilador del techo, que a cada vuelta baila el hula hop, agoniza y amenaza con perder una de sus aspas, Abel resopla, hoy hace un calor de la chingadera, más de cuarenta grados al sol, si me apuras cuarenta y cinco en un antro como este, toca el vidrio marrón de su bebida, movimientos circulares sobre la boca de la botella hechos con su dedo índice, hace una mueca con su boca y un chasquido con su lengua, hoy respirar es una guerra perdida, siempre lo ha sido en este maldito clima desértico, medio minuto más y el líquido de su bebida empezará a tener la misma temperatura que el orín de un gato. Abel mastica, traga y se relame como un niño, chicharrones en chile y tarta de queso de postre, mata su hambre mientras …

El infierno es de color blanco (I)

Al respirar la mezcla de vapores, Manuel aprende que, misterios de la ciencia, hay líquidos prenden fuego al aire, gases que se meten bien dentro de los pulmones para robar el equilibrio, que voltean las cabezas, enredan las piernas y hacen que uno de con sus huesos en el suelo; ahora, de rodillas, gatea, huye y busca una pizca de oxígeno juguetón entre los árboles, siente la náusea, escucha sus propias arcadas y al final vomita, su bilis se confunde con la tierra húmeda y oscura, regada con keroseno y amoniaco, mientras, los más viejos pasan de la risita a la carcajada, se dan de codazos entre bidones azules y señalan al novato. Manuel maldice, al intentar limpiarse la boca se mancha los labios con tierra negra, escupe, respira y recompone su dignidad perdida, cierra los ojos, estos escuecen, pican como el demonio, cuando la tierra deja de moverse mira el escaso trozo de cielo azul entre las copas de los árboles, piensa en su mundo verde y blanco, muy blanco, la tierra desquiciada don…

Resulta que el tiempo cicatriza sobre las cosas

Poco a poco, resulta que el tiempo cicatriza sobre las cosas, sobre los lugares heridos por la presencia del hombre y más tarde abandonados; como una costra que crece lentamente, que no es sino testigo perfecto de la insoportable levedad del ser, del ser humano que construye, horada, remueve y transforma, del Homo no tan Sapiens que lo cambia todo para luego huir, para luego morir; elemento perecedero, caprichoso, escurridizo, constructor de carcasas perdidas, de chismes oxidados, de grandes mansiones repletas de fantasmas. El hombre al fin como lo que es, como un espectro que vaga, camina y olvida, el hombre estudiado a través de sus huellas, de las marcas dejadas a su paso, de su propio abandono, el hombre como reptil que muda su piel, como pollo que eclosiona y se despoja de su cascarón, el hombre sin el hombre, su ausencia, su vacío, su sombra, adivinados todos ellos entre la mugre, la mierda y las paredes desconchadas de viejas fábricas, sanatorios, gasolineras o casas de putas, l…

El almirante empecinado

Impertérrito en el puente de mando del HMS Victoria, el vicealmirante Sir George Tryon suda como un buey, resopla y mira de reojo las costas de Siria; ante Trípoli mesa su larga barba de marino viejo con calma y maldice el infierno al que está destinado, un tostadero húmedo y bochornoso, que le impide pensar con claridad, que nubla las ideas y ahoga los pulmones con aire caliente; hoy más que nunca añora el fresco clima de Northamptonshire, sus verdes colinas y su oxígeno respirable, hoy más que nunca situado en el otro extremo del planeta tierra; gajes del oficio, piensa, después, ordena el comienzo de las maniobras de entrada a puerto. -Los movimientos se sucederán en dos fases, en la primera, giraremos ciento ochenta grados hacia el interior y pondremos proa hacia el fondeadero; en la segunda volveremos a virar noventa grados, para quedar perfectamente alineados en paralelo a la costa, transmitan la orden al resto de la flota. Tic, tac, silencio, una gota corretea por el cuello del v…

Estos días azules y este sol de la infancia.

José Machado, de pie en la habitación vacía, blanca y sepulcral, respira aire limpio con olor a mar y soledad, su sombra se escurre hasta la pared proyectada por la luz del atardecer, entre la cama impoluta y la ventana, piensa en su hermano Antonio, en lo que queda de él, en la carcasa inerte que acaba de enterrar, liviana y desconocida, mínima expresión del poeta, huesos y carne demacrada, portada a hombros casi sin esfuerzo desde el hotel hasta el cementerio por media docena de soldados que ahora vuelven cabizbajos a su mundo de cenizas, José suspira en Collioure, con el dolor aferrado a las tripas, sabe que a su madre poco le queda para emprender el mismo camino, para buscar junto a su hijo la sepultura en tierra extraña, exilio final del hombre sin patria, del olmo hendido por el rayo donde ya no queda lugar para ramas verdecidas. José sufre, retiene sus lágrimas en el filo de sus ojos, recuerda, sabe que llegados a este punto, pocas opciones le quedaban a su hermano salvo dar su …

La luz de las pequeñas cosas

Hay un hombre que plasma el tiempo, que consigue transmutar las horas, los días y los años en pequeños fragmentos de realidad impresa, hay un hombre que hace magia, que elige pequeñas porciones de nuestro mundo tan cruel y tan humano, y las encierra entre una mezcla de pigmentos, entre óleo, trementina, bastidores y lienzo, como una placa fotográfica lenta, vieja y perseverante, incapaz de velarse del todo aunque pasen más de mil años, pero recogiendo a cada instante, a cada momento pedazos de luz, mimándolos, cuidándolos y depositándolos en su seno, en un lugar eterno, ajeno a la tiranía del tiempo perdido; hay un hombre que en un mundo asediado por la inmediatez del ahora, tarda un lustro en pintar un cuadro, que en una disciplina trillada, manoseada y pisoteada, donde sólo aquellos que rompen, escandalizan o sorprenden parecen tener cabida, encuentra un lugar común inexplorado, oculto aunque esté a la vista de todos, virgen y estremecedoramente bello, la belleza de las pequeñas cos…