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Vacuna viene de vaca



En mayo de 1796 Sarah Nelmes se presenta nerviosa en la consulta de Edward Jenner, aterrada ante la posibilidad de que la pústula que ha aparecido en su mano no sea sino la primera de muchas, -¿Es viruela? – pregunta; el buen doctor estudia su mano, observa la lesión e identifica un bulto engrosado, repleto de pus, pero solitario, a estas alturas, si fuera viruela la muchacha estaría minada, Edward la mira, sonríe y contesta a su pregunta con otra pregunta.

-¿Ordeñas vacas?
-Soy granjera.
-Perfecto, ¿Alguna de tus vacas está enferma?
-Si, Blossom, una vaca de Gloucester, ha tenido llagas en las ubres.

Chica con suerte, Jenner respira tranquilo, es viruela lo que sufre la mujer, pero viruela vacuna, no humana, es mucho más leve, el buen doctor sabe que en un par de días pasará la fiebre, en poco tiempo la muchacha estará fresca y sana como una lechuga, nada que ver con la terrible pandemia que asola Europa, que convierte a los hombres en pústulas andantes, que mata cada año a millones de personas.

Jenner además sabe, o por lo menos intuye, que las personas que pasan por esta versión atenuada del mal nunca enferman de la versión mortal, porque, de alguna misteriosa manera quedan protegidos, la pregunta que se hace desde hace algún tiempo es: si una enfermedad leve protege contra otra grave, ¿hay alguna forma de reproducir artificialmente el proceso?

La hay, el médico, ni corto ni perezoso pincha la pústula de la mujer, extrae la mezcla purulenta e impregna con ella una aguja, se la clava en el brazo a James Pipps, de ocho años, perfectamente sano, como es normal el chico le mira con cara de odio, no sabe que el viejo Jenner acaba de escribir su nombre en la historia de la medicina.

Obviando el hecho de que a Jenner hoy en día le meterían en la cárcel inmediatamente, el caso es que aquel pinchazo se convirtió en la primera vacuna documentada, con éxito además, Pipps nunca enfermó de viruela, curioso motivo por el cual, resulta que la palabra “vacuna”, viene de la palabra “vaca”.

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