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Mostrando entradas de mayo, 2010

Vacuna viene de vaca

En mayo de 1796 Sarah Nelmes se presenta nerviosa en la consulta de Edward Jenner, aterrada ante la posibilidad de que la pústula que ha aparecido en su mano no sea sino la primera de muchas, -¿Es viruela? – pregunta; el buen doctor estudia su mano, observa la lesión e identifica un bulto engrosado, repleto de pus, pero solitario, a estas alturas, si fuera viruela la muchacha estaría minada, Edward la mira, sonríe y contesta a su pregunta con otra pregunta.

-¿Ordeñas vacas?
-Soy granjera.
-Perfecto, ¿Alguna de tus vacas está enferma?
-Si, Blossom, una vaca de Gloucester, ha tenido llagas en las ubres.

Chica con suerte, Jenner respira tranquilo, es viruela lo que sufre la mujer, pero viruela vacuna, no humana, es mucho más leve, el buen doctor sabe que en un par de días pasará la fiebre, en poco tiempo la muchacha estará fresca y sana como una lechuga, nada que ver con la terrible pandemia que asola Europa, que convierte a los hombres en pústulas andantes, que mata cada año a millones de pe…

El día que Hollywood cogió su fusil

John mira al cielo, intenta contar lo más rápido que puede, se deja los ojos estudiando los puntos negros clavados en el horizonte y advierte que poco a poco, a medida que se acercan, estos se desdoblan, se fragmentan en otros más pequeños, uno, dos, tres, cuatro... así hasta treinta, o cuarenta chicos malos en formación, zeros, bombarderos ligeros, quien sabe, lo único que está claro es que no vienen a tirar flores; John traga saliva, mira a su alrededor, respira un aire denso, espeso y pegajoso, se siente empapado de adrenalina, capaz de oír el pedo de un mosquito a un kilómetro, espera, se aferra a su cámara y piensa, quizás estas viejo para estos trotes.

Sabían que venían, del minúsculo aeródromo del atolón de Midway los aviones yankis hace rato que han emigrado, conscientes de que en tierra no son otra cosa en patos de feria, sólo han dejado atrás un par de ellos, obsoletos y oxidados, bien a la vista para que se conviertan en cebos, para que se lleven las hostias, cubiertos por …

Sobre balleneros, cachalotes y digestiones pesadas.

Se llamaba James Bartley, era timonel, cuentan que cuando el bote se acercó a la bestia, el cachalote, ante la inevitable certeza de la muerte, emergió de repente y embistió el casco de la embarcación, levantándolo un par de metros sobre el agua, haciendo saltar por los aires aparejos, arpones, remos y tripulantes, afirman que abrió las fauces y bramó, que el sonido pudo oírse a kilómetros de distancia, que mantuvo la boca abierta hasta que sintió al pobre diablo caer de cabeza en su interior y que lo engulló sin más, arrastrándolo hasta el fondo del abismo dentro de sus tripas, rompiendo después la línea, ya libre pero herido de muerte, huyendo durante varias horas dejando una estela de sangre tras de si.

Cuando la ballena por fin dio su último suspiro, emergió, y sobre la mar en calma encontraron su inmenso cuerpo flotando, pintando de rojo las aguas, lo trocearon, lo despiezaron y cuando llegaron a las tripas, alguien divisó una figura humana, ensangrentada y violácea, con el rostro…

A Dios le deben gustar los cuadros abstractos

En el silencio más absoluto, en mitad de la nada, suena un clic y el hombre se da cuenta de que el universo está lleno de inmensos cuadros abstractos, en marzo de 1979 la Voyager 1 maniobra y se coloca en posición, se acerca a Júpiter y comienza a fotografiar su superficie, a casi trescientos mil kilómetros de altura sobre un cielo violento, terrible y bello; el artefacto viajero retrata una atmósfera brutal, construida con Hidrógeno y Helio, un mundo compuesto de ocres, negros, azules y blancos, pigmentos que no son pigmentos sino tormentas, anticiclones y huracanes, colores mezclados en la paleta de un Dios travieso y caprichoso, el más bello reflejo del gigante fluido.

Después de esta foto y de unas cuantas miles más, el pequeño turista interespacial continúa con su trayecto hacia ninguna parte, mientras, los hombres de ciencia se frotan las manos, se maravillan ante la imagen perfecta de la tormenta perfecta, ante la gran mancha roja, un reloj de viento que cuenta las horas al revé…

Cambiando balas por aplausos.

Herbert y el teniente Reinhardt ya no recuerdan el momento en el que se convirtieron en hombres topo, en el que cambiaron una existencia normal sobre la faz de la tierra, por otra enterrada, con su nuevo hogar construído en un hoyo, en una fosa interminable; ahora los dos hombres caminan por la trinchera, ahora viven el día a día con la cabeza gacha, con el casco calado y en alerta, pateando ratas, pasando penalidades, esperando el momento en el que alguien saque su boleto en el sorteo, en el que un trozo de metal caliente, la gripe española o el gas mostaza, les facilite una entrevista personal con San Pedro.

Así es la vida, Herbert y el teniente Reinhardt sin embargo hoy se sienten felices, después de todo, porque el verano se ha llevado el agua, el barro y el frío, les ha dado un respiro, les ha regalado un manto estrellado, una noche cálida en la que casi vuelven a sentirse personas; en ésas están cuando de repente un joven soldado, aparece con cara de susto.

Mierda, piensa Reinhard…

El hombre extraviado

El hombre sin recuerdos ahora sabe que la memoria está hecha de cenizas, inútil materia prima, frágil e inerte, con la que ha construido caducos parapetos en su cabeza, murallas cuarteadas incapaces de detener el huracán; desnudo, helado, empapado; sin esfuerzo llega a la conclusión de que el olvido es como un niño travieso, como una amante despechada, como un pintor de retratos que sólo usa el color blanco, que construye realistas lienzos monocromáticos fieles al reflejo de la nada, copia exacta de su mundo transparente, maestro obcecado que siempre enseña una única lección, biógrafo que ha escrito su vida con un lápiz de carpintero, que ha arrastrado después el extremo de sus dedos sobre las líneas de grafito, atento ante los nombres en descomposición, verbos y adverbios heridos de muerte, difuminados, rotos en cachitos pequeños, sílabas, letras y trazos sin sentido; el hombre sin recuerdos ahora sabe que todo lo que sabe no es nada y extravía su existencia mientras escucha el silen…

Capturando a Salinger

Sentado en el asiento de su coche, Paul Adam espera el momento preciso, el instante adecuado para hacer dinero, para capturar al mito, al ogro de los cuentos que de pequeños les cuentan a los periodistas; busca a J. D, quiere fotografiarlo, atraparlo en el pequeño receptáculo de su cámara, fijarlo en plata, porque las fotos que hasta ése día circulan de él son demasiado viejas o demasiado malas, porque un buen retrato del escritor vale pasta, mucha pasta, se lo quitarán de las manos, seguro; el asceta Salinger, el huraño Salinger, el genio Salinger, encerrado en su mundo particular, dispuesto a recibir a los extraños con pólvora, perdigones y buena puntería, abstraído del planeta tierra dicen que no quiere saber nada de sus estúpidos congéneres, de los estúpidos humanos, dicen que solamente escribe para él, que en ocasiones quema lo escrito, que es un déspota, que bebe su orina y huele mal, que no hay Dios que lo aguante.

Bla, bla ,bla…

Es igual, Paul no quiere darle un beso, sólo quier…

Los hombres insecto

Allí está, la gloria hecha destrucción, allí está, el río Oca, montañas, valles, colores, ocres sobre verde, allí está, al alcance de la mano, Durango, Guernica, mundos reducidos a puntos en el mapa, latitud, longitud, estruendo de motores que lo devora todo, frío en las entrañas, mapas, estimación de rumbo, de vuelo, visibilidad, el Junker 52 dando bandazos, vibrando y cabeceando como si estuviera nervioso, como si tuviera vida, el avión deseando defecar su carga de muerte, deseando quitarse un peso de encima, bombas convencionales, incendiarias, metal redondo, marcado, cilindros tatuados con águilas portadoras de miseria, ruido ensordecedor, ojos irritados indagando lo que ocurre bajo las nubes, pegados a un visor maldito, a un conmutador rojo, apunta bien, allí están, a un lado las fábricas de armamento, al otro lado la población civil.

Recuerdos, una gota de sudor cruza su frente, está helado, CLIC, tres docenas de bombas atraviesan el aire, casi gráciles, aerodinámicas, chocan con…