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Oro, puto oro.



Cuando Sebastiao acciona el disparador, captura un fragmento de un mundo al revés, un lugar poblado por hombres reducidos a la categoría de insecto, seres que habitan las paredes de un abismo construido con las uñas de las manos, arañado a la tierra en mitad de un mar verde, lodo revuelto, que debiera estar bajo los pies y sin embargo está sobre las cabezas, pegado a los cuerpos, pegado al alma, manto tupido que oculta en las entrañas el dorado que todo lo puede, el metal más brillante, más humano, capaz de despertar la fiebre más intensa.

Oro, puto oro, cuando alguien en Sierra Pelada grita por primera vez la palabra maldita, tres letras generan un terremoto, arrastran a cien mil almas, cien mil garimpeiros que en su búsqueda construyen un infierno vertical; sin azufre, sin llamas, sin demonios con cuernos y rabos, sólo una masa de cuerpos igualados, monocromáticos, de frágiles músculos, de rostros fantasmales, poco a poco, saco a saco, horadan el corazón de la jungla, suben y bajan por endebles escaleras en su camino a ninguna parte, rocas sobre sus cabezas, trabajo y miseria, modernos esclavos en la era de la democracia.

Con sus fotos, Sebastiao Salgado nos enseña nuestra condición humana, lo que somos capaces de hacer por un pedacito de metal, un gran hoyo en la superficie del planeta, toneladas de material extraído, purificado y fundido, tratado para que cuando luzca sobre la piel del primer mundo, no revele sus secretos, no deje tras de si su auténtica esencia, barro, sudor, mierda, sangre, enfermedades y sufrimiento, no delate su auténtico color, oscuro, muy oscuro, escondido bajo el deslumbrante reflejo de su superficie, a salvo de las miradas indiscretas, a salvo de la incómoda y poco rentable compasión del hombre por el hombre.

Comentarios

Markos ha dicho que…
Vil metal que envilece personas.
Salu2
Javier Font ha dicho que…
vil metal y poderoso caballero... un saludo, gracias por pasarte y comentar

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