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Sobre gotas y vasos colmados









Frente a la Avenida Montgomery, la mole metálica amarilla frena con un chirrido, abre sus puertas y comienza a vomitar y a devorar personas rápidamente, trabajadores con rostros cansados que, ordenadamente, al final de su jornada laboral suben y bajan del vehículo en fila india, Rosa entra con el dinero preparado y mientras paga, mira de reojo la cara de James, el conductor, un rostro que le resulta conocido, tras comprar su ticket se da media vuelta y vuelve a descender, en un estúpido ritual pisa de nuevo la acera para poder entrar al vehículo por la puerta trasera, por la entrada de los negros, ha de ser rápida, si se retrasa, James arrancará y la dejará tirada en la calle, con cara de boba y el billete pagado, como ya ha hecho en otras ocasiones; no en ésta, Rosa es joven y ágil, corre, sube de nuevo, busca un asiento en la zona reservada a los hombres de su raza y por fin descansa, tras un largo día se sienta y resopla, observando como parada tras parada, el vehículo comienza a llenarse, blancos delante, negros atrás, hasta que en un momento determinado, alguien se queja y James, solícito cumplidor de las leyes segregacionistas del estado de Alabama se acerca a Rosa y otros viajeros y les dice, hay blancos de pie, abandonen sus asientos y muévanse hacia atrás; es una orden, tres de los cuatro viajeros se levantan, Rosa no, ella medita durante unos segundos que parecen horas, escucha en la lejanía la voz del tipo blanco de la gorra azul y se acurruca en su lugar, mentalmente hecha un ovillo, como cuando en las noches del frío invierno se aísla del mundo cruel envuelta en su manta de lana, ¿por qué no te levantas?, escucha de nuevo, Rosa está cansada pero no tanto, podría perfectamente levantarse, hacer el viaje de pie, morderse la lengua y tragarse los sapos y las culebras, no buscar lío; sin embargo esta harta, simple y llanamente harta, hasta los ovarios, gota a gota, desprecio a desprecio, miserables como James han colmado el vaso de su paciencia, de su dignidad, por fin contesta, no creo que deba hacer eso, no voy a levantarme; James se asombra, ya salió una revoltosa, amenaza, si llama a la policía la detendrán, la meterán un paquete, una buena multa, ella ni se inmuta, puede abrirse el cielo sobre sus cabezas que no moverá un dedo, al final se monta el pollo, James llama a la policía y sin saberlo enciende una mecha, sin darse cuenta de que hay otras gotas que colman otros vasos, los derechos civiles en estados unidos de repente dan un salto hacia delante, estallan, los hombre hartos de la segregación, de la injusticia hecha ley se juntan, comienzan a exigir derechos y libertades, hacen que el mundo entero fije su mirada en un viejo asiento de un autobús roñoso, consiguen que por una vez y sin que sirva de precedente, durante un tiempo, unos y otros dejen de mirar con lupa el maldito color de sus pieles.

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