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¿Cariño, puedes poner tu mano ahí?




El día ocho de Noviembre, Wilhelm se dio cuenta, a oscuras, al accionar el interruptor de la bobina de Crookes, y someter a los gases de su interior a la corriente eléctrica, tras él, a unos cuantos metros de distancia, en su laboratorio, un pequeño bote con una solución con platino y cianuro de bario se iluminó como por arte de magia, como si alguien hubiese encendido una bombilla fluorescente en su interior, como si de alguna extraña manera, aquella bobina de rayos catódicos y aquel recipiente estuvieran interconectados por unos rayos invisibles y misteriosos.

Meses más tarde, a Wilhelm se le ocurrió que si existían, quizás pudiesen fotografiarse, si eran capaces de atravesar el aire y el cristal, quizás dejaran rastro en una placa fotográfica; y tanto, al buscar una viejas placas en su laboratorio, ¡coño!, resultaron estar veladas, y lo que es más alucinante, al usar unas nuevas placas fotográficas y sujetarlas con unas pesas cerca del artefacto, la silueta de las pesas quedó grabada en las placas, impresionante, aquellos rayos misteriosos no sólo atravesaban el cristal y el aire, sino también la madera e incluso las paredes de su hogar.

A las pesas le siguió una brújula, y a la brújula el cañón de una escopeta, distintos bártulos que quedaron impresos mediante el mismo sistema, pero ¿y la carne?, ¿y los huesos?, ¿los tejidos y la piel?, mierda, Wilhelm no podía manejar el tubo rayos catódicos, su carrete, y a la vez hacer de modelo, pero a grandes males, grandes remedios, la solución, su amantísima esposa, ¿cariño, puedes poner tu mano ahí?, por supuesto, todo por la ciencia, quince minutos después, el 22 de Diciembre de 1895, el señor Wilhem Röntgen hacía la primera radiografía de un ser humano, la mano de su mujer, con anillo y todo.

Le dieron el Nobel por el descubrimiento y él donó todo el dinero del premio a su Universidad, más tarde se negó a que los rayos descubiertos, los rayos X, llevasen su nombre y además renunció a las patentes de el aparato que podía mirar en el interior de las personas, sin duda, un tipo generoso este Wilhelm.

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