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Mostrando entradas de febrero, 2010

El hundimiento del Olite

El siete de marzo, el día se levanta tranquilo, con la mar en calma y buena temperatura, sólo una puñetera bruma agarrada al puerto de Cartagena que durante buena parte de la mañana tiñe de blanco los ojos de los hombres, como un maldito presagio, como si en el cielo, a los Dioses no les apeteciera ver la escabechina, la sangría sobre el mediterráneo; más abajo, en la ciudad, todo el mundo sabe que a la guerra le quedan cuatro días, que la república está herida de muerte, desangrada, con una pata en la tumba, hasta el más tonto sabe algunos militares en teoría republicanos, en teoría fieles a Madrid, viendo el final cercano, han sentido un nudo apretado en su garganta, se han cambiado de bando, sublevados tardíos, pensando quizás en evitar lo que les viene de la mano de Franco, los paredones, la cárcel o el exilio; sin embargo, lo han hecho antes de tiempo, han calculado mal, se han adelantado como el almendro, porque resulta que lo que queda del ejército rojo aún puede dar cornadas, …

¿Dónde está mi mente?

¡Para!

Con los pies en el aire y la cabeza en el suelo,
Intenta este truco y gira, si.
Tu cabeza se derrumbará pero no tienes nada dentro.
Así que te preguntarás a ti mismo.
¿Dónde está mi mente?, ¿Dónde está mi mente?, ¿Dónde está mi mente?

Saliendo en el agua, mírala nadar.

Estaba nadando en el Caribe.
Con los animales escondidos tras las rocas.
Exceptuando un pequeño pez que me hablaba, juraba.
Intentando decirme.
¿Dónde está mi mente? ¿Dónde está mi mente?, ¿Dónde está mi mente?

Saliendo en el agua mírala nadar.

Con los pies en el aire y la cabeza en el suelo,
Intenta este truco y gira, si.
Tu cabeza se derrumbará pero no tienes nada dentro.
Y que te preguntarás a ti mismo.
¿Dónde está mi mente?, ¿Dónde está mi mente?, ¿Dónde está mi mente?

Saliendo en el agua, mírala nadar.


The Pixies. Surfer Rosa. Where is my mind?

El buen creyente

Al hombre de gris le gustan los papeles de colores; azules, verdes, morados y amarillos, le vuelven loco, hacen que sus papilas gustativas se bañen en saliva y que se instale, cual adolescente enamorado, una familia de mariposas en su estómago, es casi como un orgasmo, un festival de sensaciones, un arco iris de curso legal, finamente impreso, bellamente decorado, encarnación más evidente del Dios al que hace algún tiempo vendió su alma.

El hombre de gris es fiel a la ortodoxia de su religión, un creyente que comulga a diario, que vive por y para su Altísimo, que sueña con becerros dorados y sabe que si es buen chico, al final entrará en el paraíso, un feligrés que mira al mundo y sólo ve mercados, que mira a los hombres y sólo ve clientes, que compra lo que quiere porque sabe que todo tiene un precio, lo sabe bien porque él mismo se vendió hace tiempo, extrajo un gran beneficio por sus entrañas.

El hombre de gris tiene una misión, ganar dinero y hacer ganar dinero, tiene una sed enorme…

¿Cariño, puedes poner tu mano ahí?

El día ocho de Noviembre, Wilhelm se dio cuenta, a oscuras, al accionar el interruptor de la bobina de Crookes, y someter a los gases de su interior a la corriente eléctrica, tras él, a unos cuantos metros de distancia, en su laboratorio, un pequeño bote con una solución con platino y cianuro de bario se iluminó como por arte de magia, como si alguien hubiese encendido una bombilla fluorescente en su interior, como si de alguna extraña manera, aquella bobina de rayos catódicos y aquel recipiente estuvieran interconectados por unos rayos invisibles y misteriosos.

Meses más tarde, a Wilhelm se le ocurrió que si existían, quizás pudiesen fotografiarse, si eran capaces de atravesar el aire y el cristal, quizás dejaran rastro en una placa fotográfica; y tanto, al buscar una viejas placas en su laboratorio, ¡coño!, resultaron estar veladas, y lo que es más alucinante, al usar unas nuevas placas fotográficas y sujetarlas con unas pesas cerca del artefacto, la silueta de las pesas quedó grabad…

El buen marine

Sentado, con la espalda apoyada contra el culo del mundo, James espera el momento en el que el planeta se venga abajo, se desmorone en cachitos pequeños, tan pequeños como su cabeza, como su cordura, es cuestión de tiempo, espera y fuma, acerca la lumbre a su cigarrito cien por cien americano y aspira, bendito humo negro que mata lentamente, y no de un balazo en los huevos; mientras, una voz metálica suena al otro lado de la radio; mientras, un fotógrafo hace fotos, clic, delta, clic, charlie, tango, números y más números, posición, aquí James, allí Sadam, apuntad bien chicos, el tiempo se para un segundo, James no sabe que el aire se puede cortar como la mantequilla, el obús de ciento veinte milímetros de diámetro y espoleta retardada disparado por sus compañeros le hace una demostración práctica, pulveriza la casa de enfrente, angelitos al cielo, despeja un nuevo solar en Faluya, provoca un pequeño terremoto mientras el buen marine agarra su cigarrito con los dientes, posando para u…

Pedacitos de mentira

Cuando Misha habla, los corazones se encogen, cuando Misha recuerda, los hombres de bien suspiran, se preguntan por el oscuro escondite en el que reside tanto odio y tanta capacidad de supervivencia, cuando Misha escribe sus memorias, ordena sus pesadillas, las pinta de color negro sobre blanco y cuenta una odisea, la historia de una niña en un mundo del revés, en el que los hombres se comportan como lobos y los lobos como hombres, el relato de un largo caminar, el lento deambular de una niña por una Europa en ruinas, hacia el Este, en busca de unos padres deportados por la locura nazi, con la única compañía de unos lobos, una brújula y el deseo imposible de recuperar una vida perdida.

Misha De Fonseca cuenta una biografía increíble, terrible, “sobreviviendo con lobos” es un compendio de recuerdos infantiles transformados en palabras que llegan a miles de personas, que se convierten incluso en una película de ésas que acaban con el rótulo “basado en hechos reales”, relatan el holocaust…

Oración

Oh Señor, ¿no me comprarías un Mercedes Benz?
Todos mis amigos conducen Porches y yo debo compensar.
Trabajé duro toda mi vida, sin ayuda de mis amigos.
Así que, Oh Señor ¿no me comprarías un Mercedes Benz?

Oh Señor, ¿no me comprarías una televisión en color?
“Dialing for dollars” esta intentando encontrarme*
Espero a la entrega cada día hasta las tres
Así que Señor, ¿no me comprarías una televisión en color?

Oh señor ¿no me pagarías una noche en el pueblo?
Cuento contigo Señor, por favor no me dejes mal
Prueba que me amas y págate una ronda
Oh Señor, ¿no me pagarías una noche en el pueblo?

Janis Joplin, Mercedes Benz, album Pearl.

PD:*Dialing for dollars, era un típico concurso de televisión en el que se llamaba a un número de teléfono al azar, y si el agraciado estaba viendo el programa se le hacía un regalo.

La leyenda de Billy el niño

Henry McCarthy no es un mal tipo, es sólo que la vida a veces se tuerce y uno no puede elegir en ella cada uno de los pasos que da, cada uno de los errores que comete, cada uno de los hombres a los que dispara; camino del juzgado de Linconl, Nuevo México, Henry escupe, su lapo ennegrecido por el tabaco hace una pirueta en el aire antes de estampanarse contra el suelo, un bello ejercicio visual, precioso; después, el convicto mueve los grilletes asidos a sus muñecas laceradas, los levanta frente la cara de su guardián y se queja, aprietan demasiado dice, pide sin respuesta que se los aflojen, ni caso, maldice al alguacil, a la bastarda que lo parió, recibe un empujón y una patada por contestación a su solicitud; respira, más tranquilo ya, se duele del golpe, ajo y agua, no queda otra, esperar a que llegue el juez, a que cuelguen la soga, a que le tomen medidas de largo y ancho, para el ataúd, para que esté cómodo en el más allá; maldita sea, decide usar sus últimos minutos sobre la faz…

El mundo de ayer

“Ovillados en la seguridad, las posesiones y las comodidades, ¡cuán poco sabían que la vida también puede ser exceso y emoción, que puede sacar de quicio a cualquiera y hacerle sentirse eternamente sorprendido!; ¡cuán poco se imaginaban, desde su liberalismo y optimismo conmovedores, que cada nuevo día que amanece ante la ventana puede hacer trizas nuestra vida! Ni siquiera en sus noches más negras podían soñar hasta que punto puede ser peligroso el hombre, pero tampoco cuanta fuerza tiene para ver peligros y superar pruebas. Nosotros, perseguidos a través de los rápidos de la vida, nosotros, arrancados de todas las raíces que nos unen a los nuestros, nosotros, que siempre empezamos de nuevo cuando nos empujan hacia un final, nosotros, víctimas, y sin embargo, también servidores voluntarios de fuerzas místicas desconocidas, nosotros, para quienes el bienestar se ha convertido en una leyenda y la seguridad en un sueño infantil, hemos sentido la tensión de un polo a otro y el escalofrío…