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El preciso instante



Resulta que Henri se ha camelado a la cruda realidad, le ha guiñado un ojo y ella, complaciente, se ha rendido a sus pies, le ha enseñado sus entretelas, desnudándose, permitiéndole pintar el mundo con su cámara, construyendo un enorme retablo, uno que se puede mirar desde mil ángulos, collage de momentos, fragmentos de vida grabados en nitrato de plata, obras maestras escondidas y encontradas detrás de cada esquina, detrás de cada muro, detrás de cada ser humano.

Elegante, el fotógrafo camina por París con sus andares desgarbados, sonriente, musitón, desde su muñeca cuelga medio escondida una pequeña cámara marca Leica, balanceándose como un péndulo sobre el suelo mientras él espera, mirando de reojo y haciéndose el longuis, el momento adecuado en el sitio adecuado, el preciso instante en el que el hombre encuadrará y hará clic, quedándose como trofeo con un pedacito de mundo en blanco y negro.

Dicen que la foto perfecta que ves con tus ojos, es la que no capturas con tu cámara, pero Henri tiene un don, el de la intuición, es capaz de parar el tiempo con la punta de sus dedos, de alinear ojos, máquina y corazón en el mismo eje, de congelar las emociones y hacer que el caos pose con la mejor de sus sonrisas, ordenándose por un solo segundo ante él, como si pudiera colarse en el encuadre y colocar cada elemento en su sitio, como un espectador que ve por segunda vez una película y decide parar la proyección en la mejor de las escenas.

En 1932 en la estación de St. Lazare en Paris, Henri Cartier Bresson, de casualidad asoma su cabeza tras la verjas de una obra, en cuestión de segundos saca su Leica y dispara, sin saberlo hace una de ésas fotos que se recordarán durante un siglo, una autentica alegoría involuntaria de los años que están por llegar, del terrible siglo XX, una silueta que salta al vacío, sobre un charco inmenso, sobre un fondo gris y desolado, frente a una tapia con un cartel desvencijado, imagen que deja una incógnita, un futuro incierto, quizás tan incierto como el de el hombre mismo.

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