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Mostrando entradas de septiembre, 2009

Bienvenido al imperio

Visto desde el aire, por la noche, el valle del silicio, parece un microchip gigante, con miles de lucecitas brillando en la noche unas cerca de otras, minúsculas y lejanas, todas juntas son como el alma de Internet, el lugar donde los niñatos con su cara de adolescentes repleta de granos paren sus ideas geniales y cambian el mundo, haciéndose ricos de paso.
Mirando por la ventanilla del avión, con mucho sueño acumulado en el cuerpo, la frente apoyada en el frío cristal y cara de ecce homo, el viajero da las gracias al cielo que atraviesa por llegar a San Francisco, mientras el avión enfila la pista, se frota los ojos y se pregunta si está vivo, si el niño que lleva dieciocho horas llorando en el asiento de atrás tiene alma de barítono y si ésto de ir persiguiendo al sol hacia el oeste es bueno para la salud.
Por fin, tras el meneo de las ruedas contra el suelo, un chirrido y un frenazo detienen la aeronave , llega el momento de la despedida, adiós niño bonito, adiós, con los pies y las…

Primer aniversario

Un año, una vela en una tarta imaginaria, una muesca gorda en una pared de cualquier prisión, un hueco vacío justo donde debiera de estar el calendario, una vuelta completa alrededor del sol, una primavera, un verano, un otoño y un invierno, 12 meses, 365 días, 8760 horas, 525600 minutos, 31536000 segundos, una cara de enfado en un niño a la puerta de un colegio, un final apoteósico en el ultimo capítulo de la última temporada de Lost, una decena de buenos libros, otra decena de tostones, un millón más de parados en las colas del INEM, un par de ceros más en la cuenta de un banquero, un amigo que se va, otro que vuelve, una docena de canas más, unos miles de pelos menos, una arruga, una gripe, unos zapatos nuevos, unas centenas de colillas, tantas como días perfectos para dejar de fumar, un carnet de gimnasio cogiendo polvo en el fondo de un cajón, un montón de buenos propósitos, un blog...

Cumplir un primer aniversario no es fácil en este mundo de locos, hacerlo sin habérselo pasado b…

Reinaldo, Saladino y los cuernos de Hattin

De rodillas, con la cara inflada a hostias y los labios partidos, Reinaldo de Châtillon saca su lengua seca y lame sus heridas, deshidratado, prueba el fluido que resbala desde su nariz 100% francesa y aprecia su dulzor, sangre coagulada, viscosa, mezclada a partes iguales con tierra santa, seca y blanquecina, que ahora chirría entre sus dientes; quisiera escupir pero no le queda saliva, su garganta arde, maldita sed, maldita sea, maldito sol del desierto, el cruzado piensa que vendería su alma al diablo por un cazo con agua de ciénaga, otra cosa es que el diablo quisiera pagar por algo que hace demasiado que le pertenece.

Cuando llega el momento, a Reinaldo lo levantan a empujones, pasito a pasito, intentando no estampanarse contra el suelo, avanza por un pasillo improvisado entre turbantes, escudos y cimitarras, ojos oscuros que le miran y le desprecian, le maldicen y ruegan a su Dios que el gran Salah al-Din no tenga piedad del cruzado, torpemente, el prisionero camina, arrastra sus…

Yo la tengo

Vale, yo la tengo, es mía, toda mía, aunque sin duda puedo compartirla, mientras salgo de trabajar un escalofrío me recorre la espalda, mientras la persiana del curro se encuentra con la cerradura noto como las articulaciones y los músculos comienzan a doler, joder como ha cambiado el tiempo, del calor al frío y del frío a la tiritona, mierda, no es normal, me palpo la frente, arde, me miro en el espejo retrovisor del coche y estornudo, mala cara, más pálido que de costumbre, con los dientes rechinando arranco, con los ojos ardiendo conduzco apijotado intentando no estamparme, aparco, bajo del coche y me siento infectado, la rampa del garaje se convierte en un Tourmalet en miniatura, camino por la calle mirando al personal, si supieran seguro que mas de uno echaba a correr, vaya coco, llego al portal, hogar dulce hogar, buenas, estoy en casa, no me beses por lo que pueda pasar, me siento, busco un termómetro y lo calzo bajo el sobaco, cinco minutos mirando la pintura de la pared, el t…

La mula

Lucía sabe que hay minutos que duran horas y horas que duran minutos, sabe que el tiempo es una cosa flexible, dúctil y maleable, juguetón, se estira y se encoge, se detiene y acelera, se escurre entre las manos o pesa como una losa, Lucía no es física cuántica, pero ha llegado a ésa conclusión sin saber quien coño es Einstein, sin libros, sin ecuaciones ni calculadoras.

Chica lista, sabe también que su vida vale unos mil quinientos dólares, o poco más, que su cuerpo no es más que una carcasa barata, un contenedor móvil de piel, órganos y huesos, mísero continente orgánico para un transporte artificial, poco diferente a una maleta, a un equipaje de mano, a un bulto perdido en una cinta transportadora, una especie de robot, como los de las películas y las series de dibujos animados, capaces de abrir el compartimiento de sus entrañas para almacenar cosas valiosas en su interior.

Mientras espera paciente su turno, se pregunta en qué momento se obró el cambio, en qué momento su cuerpo olvid…