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La lucha del pintor hambriento




Soutine no pinta, se pelea con el lienzo, una lucha desigual, injusta en la que el pequeño pintor siempre está en desventaja, partiéndose el alma contra musas reconvertidas en gigantes, monstruos de siete cabezas que habitan en la blancura impoluta de la tela, sin descanso, Chaïm muerde el polvo pero se levanta siempre, como un caballero andante sin espada y armadura, como un boxeador vapuleado con manos de pianista, con un pincel como única defensa y una necesidad innata, anclada en lo mas profundo de sus tripas que no le permite hacer otra cosa que no sea pintar.

Lucha y a veces, sólo a veces, gana, plasmando sus personales obsesiones con líneas temblorosas, deformando los trazos pero no los rasgos, expresionista en un mundo impresionista, su pelea deja un rastro cargado de color, revuelto, violento, desolado, manchas de un artista que enfrenta su destino maldito con un eterno dolor en las entrañas.

Chaïm pasa hambre, mira el mundo con los ojos de un niño raro y pobre pegado al escaparate de una pastelería, pintando naturalezas muertas, pollos desplumados, carcasas de bueyes desollados, deseando una comida que unas veces por enfermedad y otras por miseria, siempre le está vetada, sentado en el estudio de Marie Vassilieff sobrevive, retrata a amigos y desconocidos incorporando las facciones de sus rostros a su propia lucha interna.

Exigente, destruye su obra sin piedad ni cuartel, cuando considera que no están a la altura, apuñala sus pinturas, las hace trizas, las quema, se calienta con ellas, como un dictador cruel y caprichoso con sus hijos, elimina buena parte de su legado sin dar explicaciones a nadie más que a si mismo.

Solitario, camina sin embargo junto a genios malditos como él, gente como Modigliani o Utrillo, compartiendo sin saberlo, sin quererlo, su destino triste, mirando de reojo, el camino del exceso con una media sonrisa en los labios, siempre dispuesto a dar batalla, a darse de hostias contra el lienzo, a plasmar con óleo y trementina un mundo tembloroso, desconcertante.

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