Ir al contenido principal

La colina de la hamburguesa




La colina 937 es el culo del mundo, un agujero negro maloliente que bajo una manta verde oculta una picadora de seres humanos, un cúmulo de tierra elevado en mitad de ninguna parte que Dios, en su infinita sabiduría, olvidó hace demasiado tiempo, un pequeño infierno portátil donde los demonios no tienen cuernos pero si algún que otro kalashnikov y prefieren ser reducidos a cenizas antes que rendirse.

Por algún extraño motivo, a Johnny le han ordenado dejarse escabechar allí, es lo que esperan de él, su gobierno se ha dejado mucha pasta, le vistieron de verde, de dieron un casco molón, un rifle automático y le metieron en un avión doce horas, feliz viaje a ninguna parte, vuelve con una medalla, mata muchos Charlies, haz que se sientan realmente libres.

Se han encaprichado de una colina, la 937, con su barro, su selva, sus reptiles y sus enfermedades tropicales, en lo alto de la misma el tío Sam quiere poner una hamburguesería, símbolo inequívoco del auténtico progreso, pero misterios de la logística, lo primero que han traído es la carne, un bufet libre aderezado con napalm al amanecer.

Ahora toca escalar, reptar, saborear el barro mientras desde lo alto te disparan, unas veces tus enemigos y otras tus amigos, que con tanta maleza es difícil distinguir y después de todo ya los separará San Pedro, o Buda, ocho días con la mierda hasta el cuello, con los helicópteros zumbando como mosquitos gigantes, vomitando plomo caliente, haciendo de Vietnam un bello solar donde vivir.

Por suerte Jonhy esta drogado, puesto hasta las trancas entiende la realidad mucho mejor desde su trinchera, simplifica el mundo demente mientras dispara contra fantasmas de ojos rasgados, mientras lo hace ve a su capitán parecerse cada vez mas al general Custer con su melena al viento y su sombrero de Cow Boy, tiene la misma mala cara, pálida y con ojeras pero sonriente, dispuesto a morir con las botas puestas sin preguntarse ni cómo ni porqué, solamente dónde, ganándose su medalla mientras las flechas de los malos silban sobre su cabeza.

Cuando la batalla acabe, casi setecientas almas habrán abandonado este mundo cruel, la mayor parte vietnamitas, ocho días infernales para plantar la bandera de las estrellas en lo alto de la colina 937, un terreno baldío que después de todo acabará por no convencer a los que mandan, y decidirán abandonarlo poco más de una semana mas tarde.

Pero eso a Johnny se la suda, hace tiempo que abandonó la esperanza de volver a su tierra de una pieza, lo que realmente le carcome por dentro, es saber quien coño hará su papel cuando estrenen la película.

Comentarios

e-AssistenzaLegale ha dicho que…
muy interesante
Hispa ha dicho que…
a) El de arriba es un espamero.

b) ¿Sabías que se llegó a dar el caso de soldados que fueron licenciados durante la batalla de la Colina de la Hamburguesa y se reengancharon para volver allí? Es que el gobierno americano siempre ha sido un maestro en dosificar el soma a sus esclavos para que hagan lo que él quiera.
Javi ha dicho que…
a)Casi me hace ilusión, mi primer espamero.

b)No lo sabía, pero hasta cierto punto no me sorprende, es como un un sindrome de Estocolmo raro, en el que el secuestrador es la guerra en si misma.

Saludos y gracias por tu aportación Hispa.

Entradas populares de este blog

Sarah "La louchette"

1840, en algún tugurio perdido de la mano de de Dios, Sarah descansa tras un duro día de trabajo, sentada sobre una vieja y desvencijada silla nota como los años y la sífilis comienzan a roer sus entrañas, duele, como una autómata desarrolla un ritual casi sagrado, con el pulso tembloroso vierte agua fría sobre un terrón de azúcar, observa como se deshace lentamente, arrastrándose hasta el fondo del vaso de absenta, el líquido verde se torna lechoso, apetecible, el primer trago la calma, el dolor desaparece por un momento antes de que el segundo lingotazo traiga de nuevo las convulsiones.

Mira a su alrededor, no le gusta lo que ve pero hay que joderse, no queda otra, una vida perra que la ha envilecido, que la ha hecho arrastrar sus sufridos huesos por la mitad de los prostíbulos de Paris, violenta, primaria, desconfiada, sus ojos torcidos reparan en un espejo, su mirada encuentra bajo dos dedos de mugre el reflejo de un despojo, calva, bizca y huesuda su precio en el mercado de la car…

Las cicatrices de Capone

Al es un tipo listo, sólo que a veces piensa con la polla, cuando Frank Gallucio entra por la puerta del Harvard Inn, sus ojos de gorila se detienen en el nuevo cliente apenas un par de segundos, suficiente tiempo como para catalogarlo dentro de la gran familia de los pringados con suerte, después, su mirada continúa sin disimulo su lento caminar hasta el bello trasero de las dos acompañantes de Frank, dos morenas de piernas eternas que responden a los nombres de Lena y María, Al suspira, silva y resopla, se relame, mira a Frank y piensa que el muy capullo es demasiado afortunado, ellas son demasiado para él, una es suficiente, Al no sabe que Lena es la hermana pequeña de Frank, su ojito derecho, podría llegar a sospecharlo de mantener su raciocinio intacto, pero a cada segundo que pasa, su cerebro va perdiendo funciones en favor de su miembro viril que engrosado, ya ha decidido que esta noche no va a dormir solo. Al mira a Lena, y cuanto más la mira, más se sonroja ella, más incómoda…

Picasso, el nazi y el Guernica

Mientras el pintor intenta concentrarse, el hombre de tez blanquecina camina en círculos por el estudio, husmeando, la luz de la mañana parisina se cuela por el ventanal y dibuja sobre el suelo una sombra alargada, delgada, sutil, que hace crujir la tarima al caminar, que da pasos cortitos y no duda en emitir sonidos de aprobación o desagrado ante las obras allí expuestas, ruiditos que se mezclan con las campanas del Sagrado Corazón, que a pesar de todo siguen repicando.

Pablo fuma, mira de reojo a su visita no invitada, no deseada, mantiene el silencio y respira hondo, sin esfuerzo las alarmas de su sexto sentido pitan casi más alto que las de la basílica cercana, el tipo que tiene enfrente lleva unas palabras invisibles tatuadas en su frente, HIJO DE PUTA, dicen, va vestido de civil, pero sus ademanes lo delatan, su compañía también, dos bulldogs de metro ochenta, levitas de cuero negro y miradas oscuras, repletas de desprecio, inertes, con sendos bultos en sus sobaqueras, con sendas…