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Mostrando entradas de enero, 2009

Las dos mujeres de Jack Calicó

Cuenta la historia que a los hombres de “Calicó” Jack les capturaron con una caraja de espanto, dando tumbos sobre la cubierta de su barco pirata con una mano en el sable y otra en la botella de grog, maldiciendo en idiomas desconocidos con sus lenguas narcotizadas, cantando y aullando como piojos mientras el capitán Barnet les aliviaba el pedo a base de cañonazos y metralla.

Solo dos piratas anduvieron finos en la refriega, suficientemente sobrios como para decidir poner un precio alto a su pellejo, espalda contra espalda y con dos cojones, hasta que la ley les superó en número y les redujo, les cargó de cadenas y les guió a base de patadas en el culo hacia el patíbulo situado en Jamaica.

Sus nombres eran Anne Bony y Mary Read, a sus captores se les debió quedar cara de bobos cuando descubrieron las curvas que escondían sus fieras indumentarias, también a sus propios compañeros, que les creían varones, dado que en teoría y según las leyes de las tibias y las calaveras, enrolar a una mu…

Dos reyes en un mundo perdido

Ahí están, convertidos en siluetas, impregnados de color sobre la blancura del lienzo, atrapados en el tiempo, imagen estática de una realidad en movimiento, gritan, aúllan, le dicen al planeta tierra que mientras haya champán, absenta y música, todo lo que ocurra fuera de las cuatro mugrientas paredes del Molino Rojo se puede ir al infierno.

Imprevisibles, eléctricos, inconscientes, son el rey y la reina de un mundo que solo aparece al caer el sol, poseedores de una magia capaz de convertir las miserias más terribles en un humo denso, impenetrable, que se extiende rápidamente por todo Montmartre, cegando y nublando la vista del visitante, desencajando su rostro, llevándole borracho de una oscura esquina a un oscuro catre, proporcionando una selecta y absoluta mala compañía a precio de saldo.

Consciente de su rango, monarca en un lugar perdido, Louise “la glotona” se mueve y enseña el culo, captura las miradas vidriosas de los caballeros de negro que la rodean, que la rinden pleitesía, …

La fiebre mas contagiosa del mundo

El día veinticinco el alba sorprende a los miembros de la cuadrilla de J. W. Marshall entrampados hasta las orejas entre tierra californiana, con sus espinazos doloridos de tanto doblarse y el sudor correteando juguetón por sus pellejos curtidos; si dicen que el trabajo enriquece el espíritu humano, en este caso mas bien lo iguala, lo humaniza, lo nivela; indiferentes a su clase, condición o raza, el grupo trabaja a destajo, la uniforme pátina gris que recubre sus caras habla por si sola, haría difícil distinguir al capataz del último mono de no ser por que el jefe siempre es el que tiene más mala hostia, siempre es el que grita mas y siempre es el que recibe respetuosas calladas por respuesta.

Es lo que hay, privilegios de poner las alubias sobre la mesa.

Al lado de Marshall, una mezcla heterogénea de indios, mexicanos y mormones cavan codo con codo para ensanchar el canal que alimenta el aserradero, unos están de paso y otros llevan la vida entera habitando aquellas tierras, pero todo…

Palabras mas, palabras menos

"En este día, nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el miedo, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. En este día, venimos a proclamar un final para las quejas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas desgastados que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestros políticos. Seguimos siendo una joven nación, pero como dicen las escrituras, ha llegado el tiempo de dejar de lado la inmadurez. Ha llegado el tiempo de reafirmar nuestro espíritu persistente, de elegir nuestra mejor historia, de llevar adelante ése precioso regalo, ésa noble idea transmitida de generación a generación; la promesa dada por Dios de que todos somos iguales, todos somos libres y todos merecemos la oportunidad de perseguir la más alta medida de felicidad."

Barack Obama, presidente de EEUU, minutos después de jurar su cargo.

El mal mas viejo del mundo

Cuando el viejo Erasístrato camina hasta el interior de la estancia, la luz de la tarde se recorta ya sobre un cuerpo cetrino, ausente, carcasa vacía para un alma desgraciada, es inaudito, los ojos del médico observan atentos como la vida se le escapa a raudales al joven Antíoco, sin motivo aparente, sin lesión o patología que justifique tan rápido deterioro, en silencio, con el pesado caminar de un anciano, el sabio encuentra su sitio natural junto al lecho del moribundo y acerca su oído al pecho que aún lucha por respirar, preocupado, palpa la frente del enfermo con unos dedos frágiles y huesudos, que casi parecen arrastrarse, que abren los parpados del muchacho buscando la solución a un enigma funesto.

Tras el viejo, en la misma oscura estancia, el monarca Seleuco no oculta el dolor en su rostro, su garganta casi se quiebra mientras emite unas palabras gélidas, que como un epitafio, se anteponen al peor de los desenlaces.

-No come, no duerme, no atiende a razones, parece como si se h…

Zazel y los hombres bala

-Rose, lo tengo, nos vamos a hacer de oro.

-¿De oro?

-Si, es el número definitivo, aquel por el que el Gran Circo Farini entrará a formar parte de la historia.

-Si… ya… dime.

-Solo te diré tres palabras… “Bala de cañón humana”, es fantástico.

-Eso son más de tres palabras...

-Que mas da, el caso es que nadie lo ha hecho hasta ahora, lo tengo inventado y patentado, imagínate, un gran cañón largo como el infierno que a mi señal te escupirá cual bala hasta los doce metros de altura, el público te ovacionará.

-¡Doce metros de altura!

-Si, ya se que es poco, cuando perfeccionemos el sistema de poleas y las gomas probablemente alcancemos catorce o quince, es prometedor.

-No sabes como, esto… ¿y de la seguridad que?

-Recogida con la clásica red, tú ya has caído desde más alto, la única diferencia es que esto será una trayectoria parabólica, está todo estudiadídimo.

-¿Estudiadísimo?, ¿por quien?

-Pues por mí y por los carpinteros, Steven estuvo en la mili sirviendo una pieza de artillería, de esto sabe u…

¿Donde esta el Bourbon?

-Motor, cámara, acción.

En torno al decorado, media docena de hombres se apelotonan con la plegaria en la punta de la lengua, con la respiración contenida, con los músculos en tensión mientras el run run del carrete captura por sexagésimo primera vez la misma escena.

¡Clac!

La claqueta se cierra, suena como una guillotina sobre sus cabezas.

Toc, toc.

-¿Quien es?

-Soy yo, Sugar.

Mierda, bendito sea Dios, lo ha hecho, ha conseguido decir las tres palabras juntas, Wilder a punto esta de saltar de alegría, de escurrírsele una lágrima por la mejilla, no se lo permite, se contiene, no mueve ni uno de los escasos pelos de su cabeza, no emite un solo sonido que pueda causar cualquier distracción de Marilyn, sus ojos escudriñan como en cámara lenta cada movimiento de la Diosa, del mito embutido en zaparos de tacón.

Camina, se contonea, con cada golpe de cadera podría derretir un polo, se planta frente al mueble de atrezzo y abre los cajones buscando algo, en el interior de los mismos se encuentra escr…

El primer mestizo

Rodrigo y varios hombres más abandonan la empalizada cercana al río Ulúa con la rabia metida en la entrañas, sedientos de sangre y con ganas de dar gusto a la misericordiosa, lentamente, sin prisas y sin pausas caminan por la ladera dejándola salpicada de difuntos, vengando a los propios, degollando a los ajenos, a cuantos heridos y prisioneros se les pone entre ceja y ceja, que son muchos, casi todos.

La escabechina ha sido dura, los indios del cacique Cicumba han peleado con coraje, con oficio, manteniendo prietas las filas, aguantando estoicos los cañonazos de la culebrina, poniéndoselo difícil a los hombres cuyos aceros relucen ahora bañados en rojo coagulado, los mismos que de repente y para sorpresa del personal se paran asustados entre los despojos del campo de batalla haciéndose de cruces y mentando a medio santoral, apelotonándose en torno a un punto; intrigado, Rodrigo corre y se hace un hueco a codazos entre los soldados, mirando sorprendido al tipo que yace en el suelo.

Mori…

Holden y las comedias románticas

"Lo mas gracioso es que tenía al lado una señora que no dejó de llorar en todo el tiempo. Cuanto más cursi se ponía la película, mas lagrimones echaba. Pensarán que lloraba porque era muy buena persona, pero yo estaba sentado al lado suyo y les digo que no. Iba con un niño que se pasó las dos horas diciendo que tenía que ir al baño, y ella no le hizo ni caso. Solo se volvía para decirle que a ver si se callaba y se estaba quieto de una vez. Lo que es ésa, tenía el corazón de una hiena. Todos los que lloran como cosacos con ésa imbecilidad de películas suelen ser luego unos cabrones de mucho cuidado. De verdad."

J. D. Salinger hablando por boca de Holden Caulfield en "El guardián entre el centeno"

El corazón de las tinieblas.

El 18 de Julio de 1890, George Washington Williams se siente extraño frente a la inmensidad de la hoja en blanco sobre la que comienza a redactar su discurso, perdido en el preciso instante en el que la pluma acaricia el papel quebrando su impoluta blancura, impotente frente a la necesidad de resumir el horror en unas pocas frases.

Es el final del viaje, cientos de millas traicioneras lo han traído hasta este punto, el centro de África, el lugar donde la vida surgió, el mismo sitio en el que la codicia, la enfermedad y la maldad se presentan sonrientes en cada recodo del camino, a cada paso dado en su trayecto hasta el mismo corazón de las tinieblas.

Con las cataratas Stanley acompañando sus pensamientos, el jurista, historiador, clérigo y político americano estructura sus ideas en la tierra de sus antepasados, intentando reconstruir con letras la realidad sombría que sus ojos han contemplado, atónitos en su ascenso por el río Congo, las palabras se quedan cortas, la ira ha ido dando pa…

Un genio, una lengua y un icono

Con setenta y dos primaveras metidas entre pecho y espalda, no debe quedar otra que dedicar por lo menos un par de minutos a echar la vista atrás y asustarse, a recapitular, a intentar comprender como demonios puede pasar el tiempo tan rápido, como lo hace el muy jodido para escurrirse entre los dedos de ésa manera, casi tres cuartas partes de siglo en un plis plas, en un abrir y cerrar de ojos, en un instante no mucho mas lento que un pestañeo de adolescente enamorada, que el lapso de tiempo entre el relámpago y el trueno.

Una vida escudriñando el universo, mirando de reojo a los hombres, intentando iluminarles el camino en la noche más cerrada, eligiendo una difícil tarea con el más estúpido de los alumnos, y un cuerpo que, mierda de condición humana, ya no da mucho mas de si, que va pediendo agilidad lenta pero inexorablemente en una carrera cuyo final esta mas claro que el agua.

Es lo que hay, en esas debe estar Albert cuando abandona su fiesta de cumpleaños en Princeton, el homenaj…

Lepanto

Sobre el esquife de “La Marquesa” Miguel de Cervantes yace boca arriba con la mano y el pecho destrozados, atravesado de parte a parte por plomo, envuelto en nubes de pólvora, ve como la sangre abandona su cuerpo lentamente, derramándose entre sus ropas, despidiéndose con una caliente caricia y fluyendo hasta la cubierta donde en un extraño acto de mestizaje se mezcla a partes iguales con la de sus hermanos y enemigos de fe un segundo antes de coagularse.

Desde su condición de moribundo, la visión es inmejorable, cristianos y otomanos dando fiel cumplimiento a la vieja costumbre de degollarse con saña, esta vez sobre la mar, en un lugar alejado de la mano de Dios llamado Lepanto, en un infierno flotante, formado por cientos de galeras que como insectos prehistóricos esperan el mejor momento para aguijonearse, para hincar su espolón sobre el enemigo, para quedarse trabadas en un abrazo mortal mientras sus ocupantes buscan el cuerpo a cuerpo.

Mientras lucha por introducir aire en sus pulm…

Constelaciones

La tierra tiembla bajo sus pies, es un hecho, se resquebraja lentamente, inerte, seca, transmite sobre su superficie ecos lejanos de destrucción, las explosiones, los alaridos, los lloros y los gritos, se apagan con la distancia pero mantienen su mensaje indeleble, se transforman en murmullos y rumores que se cuentan de oreja a oreja en voz baja, susurros entre hombres y mujeres con semblantes helados y corazones encogidos.

Joan Miró extiende sus manos de genio acariciando la arena de la costa Normanda, casi puede sentir los pasos del demonio nazi venido del este, insaciable, imparable, derribando fronteras y personas, apoderándose de un mundo que no ha sabido pararle a tiempo, sin embargo, Joan está extrañamente tranquilo, como un boxeador rendido a su destino un segundo antes del KO, se pregunta como será eso de besar la lona, si será posible pintar en una tierra tan gris.

Tras la puesta de sol en el pueblecito francés de Varengeville-sur-mer, observa frente a él una mar bien diferent…