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Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2008

El fantasma de D. B. Cooper

El Boeing de la American Northwest cruza el cielo helado dejando tras de si una fina línea inmaculada, imperceptible para las almas que viajan en su interior, atraviesa la manta de nubes bajas aparentemente sin esfuerzo, como un cuchillo que corta mantequilla, como un proyectil plateado que ajeno a la ley de la gravedad decide investigar si es verdad que luce el sol por encima de la tormenta.

Cuando la lucecita del asiento 18C se ilumina, emite un sonido casi infantiloide, la azafata Florence Schaffner acude solícita entre miradas furtivas que estudian su trasero, un hombre de poco mas de cuarenta años la espera con una sonrisa educada, viste elegantemente, con una madreperla embutida en el ojal de la chaqueta de su traje negro, pide un bourbon con soda y disimuladamente desliza entre las manos de la muchacha un trozo de papel doblado.

Flo maldice en su fuero interno, otro tipejo solitario que se quiere colar en su entrepierna, la azafata guarda sin leer el mensaje en su bolsillo y se a…

Una tarde de agosto

El “Palentino” se encuentra lleno hasta las trancas la mañana del día veinticuatro, fuera, el sol tardío de Agosto aún es capaz de apretar las tuercas a los valientes que no buscan las sombras de los soportales de la Calle Mayor, cuando Modesto por fin llega al restaurante, una gotilla recorre juguetona su frente mientras sus tripas rugen azuzadas por el olor a comida, de un vistazo localiza a sus compañeros entre el gentío, al fondo del local, arremolinados en torno a una mesa leen la carta con la seriedad propia de quien estudia unas oposiciones, no es de extrañar, después de todo, son universitarios.

Con dificultad, Modesto se escurre entre una masa casi impenetrable de pajaritas, abanicos, collares de perlas, croquetas, chuletillas y mezclas de aroma a tabaco, perfume y sudor, evita con arte mil y un empujones hasta llegar a su destino, la mesa donde Federico García Lorca le reserva un sitio a su vera.

-Buenas noticias, Federico.

-Dime.

-Parece que Unamuno viene a ver la representació…

El Rat Pack

De madrugada, los finos dedos de Judy acarician la pila de discos con una mezcla de suavidad y torpeza, recorren la torre musical de arriba abajo en un par de ocasiones antes de detenerse súbitamente, cuando por fin lo hacen, la actriz sonríe de oreja a oreja como quien acaba de encontrar una perla en mitad del desierto, cuidadosa, extrae el plástico redondo de su funda de cartón y elimina el polvo de su superficie de un soplido, esta pedo, la cuesta encontrar el agujero del vinilo pero al final lo consigue, la aguja del tocadiscos aterriza sobre su objetivo sin mas contratiempos mientras un grito ahogado de satisfacción surge de entre sus labios.

Pasa un ángel, el saxo de Charlie Parker inunda la estancia, hace palidecer las risotadas de Humphrey que se recuesta sobre el respaldo de su silla antes de rellenar su copa, en silencio mira el líquido elemento contenido en la botella, reflexiona sobre los doce años de envejecimiento en barrica de roble que han precedido a este momento, para…

Los calcetines de Mankell

“… Cuando yo era pequeño, Suecia era un país en el que uno zurcía sus calcetines. Yo aprendí incluso en la escuela como se hacía. Luego, un día de pronto se terminó. Los calcetines rotos se tiraban. Nadie remendaba ya sus viejos calcetines. Toda la sociedad se transformó. Gastar y tirar fue la única regla que abarcaba la verdad de todo el mundo. Seguro que había quienes se empecinaban en remendar sus calcetines. Pero a ésos ni se les veía ni se les oía. Mientras éste cambio se limitó solo a los calcetines, quizás no tuvo mucha importancia. Pero se fue extendiendo, al final se convirtió en una especie de moral, invisible, pero siempre presente. Yo creo que eso cambió nuestro concepto de lo bueno y de lo malo, de lo que se podía y de lo que no se podía hacer a otras personas. Todo se ha vuelto mucho mas duro. Hay cada vez más personas, especialmente jóvenes como tú, que se sienten innecesarias o incluso indeseadas en su propio país. ¿Y como reaccionan? Pues con agresividad y desprecio. …

Stalingrado

Klaus y Otto apoyan sus respectivos rifles contra la pared, o lo que queda de ella, los enormes agujeros que la atraviesan convierten en un misterio insondable el hecho de que parte del edificio mantenga su verticalidad, como roedores asustados asoman sus hocicos por los huecos de la metralla desafiando a los francotiradores de papá Stalin, la ocasión lo merece, desde el Univermag la visión de la plaza roja es envidiable, un asiento de primera fila ante el comienzo del fin del mundo.

A menos de doscientos metros, un trío de rollizos rusos caminan orgullosos sorteando cadáveres, lo hacen lentamente, altivos, bravucones a pesar de las dos docenas de mirillas que apuntan a sus seseras, visten de punta en blanco, con uniformes nuevos hechos a medida, como tres novios camino del altar, portan una bandera blanca y tocan una corneta, quieren impresionar a los hombres que transmutados en ratas les miran desde las trincheras.

Esta claro a lo que vienen, a exigir la rendición.

Klaus mira de reojo …

Sobre muros y personas

Cuando Conrad Schumann ve como sus compañeros de armas del Nationale Volksarmee extienden el alambre de espino a lo largo de la esquina entre la Ruppinerstrasse y la Bernauerstrasse se siente como si ésa larga soga metálica se estuviera enredando también en su pescuezo, casi puede notar sus finas puntas afiladas reptando sobre su nuca, clavándose bajo su piel, interrumpiendo el flujo normal de oxígeno hasta sus pulmones.

Camina nervioso, con su fusil al hombro y el casco calado hasta las cejas, intentando poner cara de malo y mirando con ojos de odio a todo aquel que osa acercarse hasta la barricada, asustando a los pobres diablos en los que, en el fondo, ve una imagen difusa de si mismo, las órdenes son claras, volarle la tapa de los sesos al traidor que quiera cruzar la calle, a todo aquel listo que intente saltar el muro que en ésos momentos comienza a ser construido.

El muro de la infamia, el muro de Berlín.

Vigila, a los curiosos que desde el otro lado observan atónitos la brecha qu…

I+D en el siglo séptimo

Cuando el sol despunta al alba, Calínico dirige su mirada inquieta al océano traicionero, a un horizonte aterrador que cual bosque sombrío, oscuro y artificial aparece salpicado de buques negros, siniestros portadores de muerte, cuyas sombras se alargan sobre la superficie acariciando las crestas de las olas, llegando casi hasta la orilla, hasta los mismísimos muros de Constantinopla.

Cinco largos años de asedio, de sangre y guerra santa, árabes y cristianos masacrándose durante un lustro frente a las últimas puertas infranqueables de Bizancio, mirándose de reojo, medias lunas en los barcos, cruces en lo alto de las murallas, estudiándose como dos lobos que se enseñan los dientes entre dentellada y dentellada, perfectamente capaces de morir desangrados, antes que admitir su derrota.

Una partida que está en tablas, los asediadores no tienen fuerza suficiente para entrar, y los asediados no la tienen para salir, un empate técnico que hoy se verá resuelto.

Calínico nota como un nudo se afer…

Dragones azules

El bueno de Abbie Hoffman esta puesto hasta las trancas, mientras la Creedence Clearwater Revival se despide de Suzy Q, sus pupilas dilatadas como platos soperos esquivan a la multitud entre el barro, varios dragones azules le persiguen buscando revancha, son jodidamente persistentes, a pesar de que Abbie es rápido como el viento, al final le dan caza como a un conejo.

Es lo que tienen los dragones azules, malvados y rencorosos, siempre están al acecho, siempre dispuestos a tocar las pelotas, una vez que estas en sus garras, no hay escapatoria posible, tan solo sometimiento a sus lisérgicas majestades.

Sus dientes azulados esconden lenguas viperinas, sus ojos inyectados en sangre solo son capaces de trasmitir pavor, mientras Hoffman grita aterrado, una orden es transmitida por los gigantes del cretácico a su cerebro hiperactivo.

-¡Mientras tú lo pasas bien aquí en Woodstock, Sinclair está en la trena, levántate y lucha!

A Abbie siempre le han gustado las causas perdidas, casi tanto como l…