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Mostrando entradas de octubre, 2008

La bala que respetó a Józef

El ruido del la pluma contra el papel resuena en los oídos de Józef como un epitafio, mientras la tinta fluye, su corazón late como una ametralladora empujando la sangre por su cuerpo, su respiración ya agitada se acelera, como si en la estancia el oxígeno se hubiera consumido repentinamente, se siente asfixiado, quiere gritar pero no lo hace, una llamada de socorro sólo tiene sentido cuando alguien puede oírla, quiere llorar pero no puede, las lágrimas ya no enderezan el camino, tan solo emborronan la visión del sendero.

Esta solo ante sus actos, solo ante su futuro incierto.

Sobre la mesa, acompañando al tintero, una botella de licor le da el fuelle suficiente como para no detenerse, empapa sus neuronas y le narcotiza lo justito para poder continuar con el plan prefijado, un trago que ya no raspa al pasar por el gaznate y una firma temblorosa son sus últimas acciones antes de cerrar el sobre con las palabras de un hombre que no hace tanto que dejó de ser niño.

Sin poder evitar un liger…

Tres ingleses en la costa de los muertos

Como tres fantasmas venidos de otro mundo Gould, Burton y Luxon caminan por la costa de los muertos, exhaustos y heridos, consiguen arrastrarse por los caminos dejando un rastro de sangre sobre el barro, llueve, el agua y el miedo empapan sus huesos, la oscuridad les ciega, envuelve una tierra extraña sobre la que sus cuerpos han sido paridos sin contemplaciones, una mar caprichosa, violenta y asesina ha decidido no engullirlos, por hoy está saciada, 173 almas son suficientes.

Han sido dos horas en el filo, chapoteando sobre montañas de agua, evitando por los pelos rocas afiladas como los dientes del demonio, hundiéndose y reflotándose una y cien veces, sin piedad, escuchando como los gritos de los suyos han ido dando paso a un silencio sepulcral, roto sólo por el batir del océano contra la tierra.

Maldito sea el que puso nombre de ofidio a un barco, el “HMS Serpent” desorientado, sobrecargado y neciamente gobernado había ido a ensartar su tripa en un saliente de la “Punta Boy”, a unos …

Tropezones de alcoba

Ljubo siente como el frío se cuela entre sus ropas y acaricia su nuca, le acompaña mientras recorre la Giesebrechtstrasse, el invierno Berlinés ha llegado sin previo aviso, como comiéndose el otoño de un bocado, escalofriado, se sube el cuello de su gabardina, ajusta el nudo de su bufanda de lana y sin rumbo fijo, pasea calle abajo.

Prende un cigarrillo, observa a sus congéneres, la capital aún tiene pulso, ajena a los tambores de guerra que suenan desde los cuatro puntos cardinales, se estremece cada noche con las fiestas de sus amados líderes, champán francés y trajes de gala, que la sopa fría y el pan duro es sólo para la plebe, para los pringados del imperio.

Camina aparentemente distraído, esquivando a los obreros que trabajan en la calle tendiendo un largo cableado a la altura del número once, torpe, acaba tropezando con éste y casi da con sus huesos en el suelo, sólo la rápida acción del SD Untersturmführer Schwarz evita el hostión, Ljubo Kolchev agradecido sonríe y se presenta, …

Los vientres libres

En 1870 un tipo llamado Román Baldorioty tragó saliva antes de introducirse en la leonera en la que se había convertido el parlamento español, allí entre caras serias, bigotes señoriales y miradas asesinas, el diputado puertorriqueño, recién llegado de ultramar a la convulsa metrópoli, tomó la palabra esperanzado, entre sus exigencias, una que parece imposible que fuera emitida hace tan pocas generaciones, la de la abolición de la esclavitud.

Baldorioty, enjuto y cetrino, encabronado por una supuesta mofa hacia el color oscuro de su piel espetó a sus señorías:

“Los que niegan la libertad del esclavo, los que se complacen en remachar sus cadenas, podrán tener la piel blanca, pero sus conciencias, señores, son más oscuras que las del etíope a quien se niegan a redimir, porque el pigmento del cutis no señala diferencias de nobleza y moralidad entre los hombres” (…) “Oscura es mi tez y yo les aseguro que aquí (señalándose la frente) hay algo que sale con mi verbo a iluminar esas conciencias…

Un Nobel con olor a mostaza

Fritz Haber fue un tipo listo, un coco, un genio, una mente clara capaz de ganar el Nobel de Química en 1918, una de ésas personas cuyo trabajo ha hecho que el ser humano pueda pasar de comerse a sus familiares en una caverna a darles la tabarra con un blog sobre historia en ése invento extraño que llamamos Internet, y es que nuestro amigo descubrió la manera de obtener amoniaco, que aunque pueda parecer una pijada, no lo es, ya que éste producto está presente en casi todos los procesos industriales que mantienen nuestras obesas sociedades occidentales (desde el fertilizante con el que alimentan las patatas que engordan nuestros cuerpos, hasta los explosivos con los que algunos deciden invadir países con mucho petróleo).

Un fiera, que además pasó a la historia como la muestra más evidente de que inteligencia y bondad no siempre andan agarraditas de la mano, digo esto porque Fritz además de lo ya contado resultó ser un patriota en tiempos convulsos, alguien que a pesar de considerarse p…

Bombas y futbolines

Noviembre del treinta y seis, a miles de metros de altura, sobre el cielo madrileño, un tipo de nombre extraño y apellido impronunciable sueña con la gloria reservada a los campeones, sobre su pecho, una insignia metálica con una calavera y un tanque decora su impoluto traje caqui, bajo su culo, en las entrañas del avión que pilota, media docena de bombas de a cien kilos por ración esperan impacientes su turno para ser liberadas.

El muchacho ha viajado tan lejos para coger experiencia, hasta ahora sólo ha destruido cruces en el suelo y eso se nota, sus jefes quieren hacer de él todo un maestro de la destrucción, que coja maña en el oficio de matar, así pues, ni corto ni perezoso, pensando en los arrumacos que su teutona prometida le dará cuando regrese cual héroe a la madre patria, desata el infierno sobre ésos minúsculos puntos negros que corren despavoridos bajo sus alas.

El avión da un ligero bandazo cuando suelta su carga, mientras, nuestro ario personaje siente un ligero cosquilleo…

Raleigh y el dorado

Dicen que Raleigh caminó sosegado hasta el cadalso, con oficio, seriedad, entendiendo la muerte como el último y más costoso gaje del oficio, que quien a hierro mata, a hierro muere y él había matado mucho, demasiado.

Digno en el penoso caminar del condenado, en la nada digna tarea según la cual le separan a uno la cabeza de los hombros y la meten en un cesto, para poder enseñársela a Jacobo I, el maldito rey contra el que había conspirado y cuya ascensión había supuesto el comienzo del fin, el sumidero que se había tragado títulos, tierras y familia.

Arruinado, viejo y ahora arrodillado, frente al verdugo que da los últimos retoques a su hacha tiene unos segundos para hacer un resumen de su vida, para revivir los fragmentos de su existencia por los que será recordado.

Por su mente pasean favores y fervores de la reina virgen, intrigas palaciegas y galanterías que le hicieron rico, poderoso, envidiado y temido, fue por ella, la primera de las Isabel, por quien recorrió medio mundo, colon…

La buena vista del Dr Snow

Hay hombres que parecen mirar al mundo con otros ojos, admirados con el paso de los años la imbecilidad humana les pone seriamente difícil aquello de ser profetas de su tiempo, aquí va la historia de uno de estos tipos, la de un médico inglés con muchas neuronas en la sesera que allá por la mitad de siglo XIX salvó el cuello a cientos de Londinenses.

El Soho era por aquellos años un lugar peligroso, si bien un turista despistado podía perder hasta los calzones en cualquiera de sus oscuras calles, sobre todo corrían serio peligro aquellos que malvivían entre restos de animales, aguas fecales y tugurios superpoblados, el lugar idóneo para que una pequeña bacteria asesina hija de perra llamada “Vibrio Cholerae” hiciera de las suyas.

Y así fue, el treinta y uno de agosto de 1854 saltó la liebre, en menos de tres días el cólera mató a 127 personas en el barrio, de toda clase y condición, niños, adultos, ancianos, gente con recursos y sin ellos, como azotadas por un asesino poco selectivo, pr…

Mil años y no aprendemos

Dice la leyenda, que antes de partir decidido a la batalla, Don Diego López de Haro, quinto señor de Vizcaya, recibió de su hijo una petición clara “Que no me llamen hijo de traidor”, le espetó a su padre su retoño Lope, a lo que el padre, espoleado por la adrenalina y su reciente fracaso matrimonial contestó “Antes te llamarán hijo de puta que hijo de traidor”, dicho lo cual reunió a su fuerza de choque y sin mas miramientos, la lanzó al galope y en vanguardia contra los ciento veinte mil moros que aguardaban cimitarras en ristre en las tierras de las Navas de Tolosa.

Supongo que eso da una ligera idea de la clase de tipos sobre los que recayó el peso de la reconquista, brutos como arados, aquel día de 1212 dibujaron una cruz sobre las tierras peninsulares, cristianizando como sólo ellos sabían, por la vía rápida.

A su alrededor, en la lucha, miles de hombres de toda clase y condición pasándose a cuchillo, paisanos reclutados en los concejos castellanos, voluntarios portugueses, órdene…

Crecepelos Faraónicos

En 1862 en la ciudad egipcia de Tebas, a un saqueador de tumbas de nombre olvidado le tocó el gordo de la lotería, el premio fue un sarcófago con momia incluida que sostenía entre las piernas un papiro de casi veinte metros de largo por treinta centímetros de ancho en perfecto estado, una joya enrollada que escapó de las garras del olvido para acabar cogiendo polvo en el cajón de algún espabilado anticuario.

Allí, perdido de la mano de Horus anduvo el legajo durante algún tiempo hasta que un egiptólogo llamado Georg Ebers, con buen ojo y mejor mano para rescatar antigüedades de mercado negro, se topó con el mismo y movió los hilos para conseguir el pastón que el expoliador reclamaba, al final el alemán no sólo se llevó el papiro bajo el brazo de vuelta a la Universidad de Leipzig y sino que además le dio su nombre al que resultó ser el primer tratado de medicina de la historia.

Y es que, a parte de valor arqueológico, el escrito no tiene desperdicio, da una idea bastante clara de las et…