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Ursula




El veinte de noviembre del 36 dos sombras abandonaron la ciudad de Kiel adentrándose en el atlántico con dirección al sur, dos inmensos tiburones metálicos sin bandera, ni identificación, ni pabellón, con órdenes expresas de pasar inadvertidos hasta llegar a su destino, con una tripulación que bajo pena de muerte debía olvidar en el futuro la misión con nombre de mujer que en aquel momento comenzaba.

Ursula, era el nombre en clave, de la acción y de la hija del jefe, un Capitán de Corbeta llamado Kart Dönitz ambicioso, recién ascendido a comandante de la segunda flotilla de submarinos alemana que probablemente en aquellos días ni tan siquiera se imaginaba que sólo nueve años después, con el grado de Almirante, sería el substituto durante veintitrés caóticos días del mismísimo Adolf Hitler, después de que éste se volara la sesera, teniendo el honor de ser el responsable de hincar los dientes ante yankis, rusos y británicos.

Pero eso es harina de otro costal, aún quedaba mucho por delante, los planes expansionistas nazis exigían tener una flota de submarinos bien engrasada, capaz de poner en un brete a la todopoderosa armada británica, y no era así, necesitaban un “sparring” con el que entrenarse, llevar a la práctica en una situación real lo que tantas veces habían simulado.

La mermada flota republicana en la recién estrenada guerra civil española era el objetivo ideal, a pesar de estar dividida, enfrentada, y con una importante ausencia de mandos, (muchos de ellos estaban con Franco) aún podía tocarle las narices de sobremanera a los sublevados, que estancados en el norte de África todavía tenían que cruzar el estrecho.

Así que de ésa manera, sin declaración previa de guerra y en el más estricto secreto, el U-33 y el U-34 vinieron a aguas españolas a hundir barcos republicanos, y durante un mes, entre noviembre y diciembre del 36 anduvieron a la caza del rojo.

Y los primeros intentos fueron un fiasco, o no acertaban con los torpedos, o estos no funcionaban correctamente, o en el último momento aparecía por el horizonte un destructor británico chafandoles la fiesta, consiguieron a pesar de sus correrías pasar inadvertidos, y cuando el 12 del 12 del 36, plegaron velas y con sus desastrosos informes decidieron volver a casa, la mala fortuna hizo que se toparan de frente con el C-3, uno de los doce submarinos que por aquel entonces permanecían fieles a la república, frente a la costa andaluza 37 hombres terminaban su rancho y esperaban sin saberlo su destino.

El capitán del U-34 no falló en ésa ocasión, le endiñó con un torpedo al C-3 en el centro del casco, partiéndolo por la mitad y mandando al fondo del mar a 37 de los cuarenta tripulantes, envueltos en un amasijo de hierro que se convirtió en tumba acuática, allí descansan aún, matados por la espalda, a setenta metros de profundidad y cinco millas del puerto malagueño.

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