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Perfectos capullos




Puedes ser un perfecto capullo, un inútil de tomo y lomo y a pesar de ello pasar a la historia, quedar inscrito en las enciclopedias para siempre, que tu nombre quede grabado entre los de Einstein o Cervantes, por muy lerdo que seas, aunque no sepas hacer la O con un canuto, aunque seas tonto del culo siempre podrás pegar un tiro a alguien.

Eso lo sabía bien Narturham Godse, un indio de la casta de los Brahmanes, de las mas altas dentro de la pétrea sociedad Hindú, que a pesar de ser un privilegiado y poder estudiar para, como decía mi abuela, llegar a ser un hombre de provecho, se le recalentó la sesera hasta límites insospechados, el odio racial fluyó por sus poros hasta que un buen día, seguramente manipulado por otros que no quisieron ensuciarse las manos decidió pegar cuatro tiros a la persona que más hizo por pacificar su país, estoy hablando de Mahatma Gandhi.

A Naturham le colgaron del pescuezo al año de su crimen, pero otro ilustre lumbrera que aún vive es Mark David Chapman, a lo mejor éste os suena mas, se levantó con el pie cruzado un 8 de diciembre de 1980, compró un ejemplar de “el guardián entre el centeno” para releerlo por millonésima vez y decidido, salió a patear las calles de Nueva York, tras pasarse el día esperando a las puertas de la casa de su ídolo, cuando éste volvía de unos estudios de música le metió cuatro tiros entre pecho y espalda, privó al mundo de la presencia de John Lennon .

Por último, para que quede claro que a cerriles a los españoles no nos gana nadie, cabe recordar a un tipo llamado Ramón Ruiz Alonso, ex diputado de la CEDA durante la república que, para vergüenza suya y de sus familiares, durante la guerra civil y resentido por haber perdido su escaño a manos de los partidos de izquierda no dudó en presentarse en la casa del poeta granadino Luis Rosales, falangista de pro que a pesar de sus ideas políticas protegía en agosto del 36 a uno de los mejores literatos españoles de la historia, Federico García Lorca, de poco le sirvió ésa protección al poeta, que moría fusilado unos días después y ahora yace enterrado en alguna cuneta sin nombre.

Creo que alguien debiera hacer un monumento a la estupidez humana, si así fuera, por Dios que no se olviden de poner sobre el mismo los lindos caretos Ramón, Mark y Naturham, para que grabados en piedra, las palomas se puedan cagar a gusto sobre ellos.

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