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La media sonrisa de Jake




El 14 de Noviembre de 1947 fue un día estupendo para hacer apuestas, sobre todo para la mafia, en el Madison Square Garden de la ciudad de los rascacielos dos hombres bailaban sobre la lona, Billy Fox, (“el negro Filadelfia”) media sus golpes contra un de los mitos del boxeo, Jake LaMotta, (“el toro del Bronx”), siguiendo el combate en primera fila, una ristra de tipos con el pelo engominado, puros quilométricos y cara de no haber roto un plato en la vida sonreían relajados mientras pellizcaban el culo a sus rubias acompañantes, no había nada por lo que preocuparse, el combate estaba amañado.

LaMotta, supuesto favorito, el primer hombre que había derrotado a otra leyenda llamada Sugar Ray Robinson, andaba cohibido, intentando no hacer demasiada pupa al maromo que tenía delante, reculando y recibiendo una buena somanta, poniendo su fea cara al alcance del de Filadelfia, no duró mas que cuatro asaltos, KO técnico y para casa.

Él mismo lo cuenta en sus memorias: “En el primer round, tras golpearle un par de veces en la cabeza comencé a ver una mirada vidriosa en sus ojos, pensé ¡Jesucristo!, ¿Un par de golpes, y ya se va a caer?, comencé a sentir pánico, se suponía que debía vencerme y parecía que iba a acabar el combate teniendo que sujetarle por las piernas, (..) En el cuarto round si había alguien en el Garden que no sabía lo que estaba sucediendo, era porque estaba totalmente borracho”.

Con el tiempo acabaron pillando el tongo, cuando años mas tarde el FBI comenzó a investigar las ramificaciones de la Mafia en el mundo del Boxeo y llamaron a la puerta de LaMotta, éste cantó su vida en verso, admitió que se había dejado ganar porque si perdía, le dejarían ser aspirante al título mundial de peso medio (lo ganó en el 49), que era lo único que le importaba.

Los motivos por los que se confesó con los federales, enfrentándose a una mafia, que desde aquel día le colocó en su punto de mira, los contaba él en ante las cámaras en una entrevista no hace demasiado tiempo: “Era estúpido, tan estúpido que no tenía miedo a nadie, ni a la mafia ni al FBI, aún sigo siendo un poco estúpido, lo conté para dejar claro que si me vencieron, fue por que yo quise”.

Tipo curioso, nuestro amigo Jake, sonríe a la cámara con sus ochenta y muchos tacos entre pecho y espalda, con la cara esculpida a hostias, un gorro de cowboy y fumando un puro descomunal, mientras lo sujeta en el aire, el habano tiembla como una maraca, y es que los años no pasan en balde, se le ve orgulloso, consciente de que es una leyenda, con una media sonrisa en la cara que parece decir ¡os jodéis, que sigo vivo! a aquellos que una vez quisieron cepillársele, y no pudieron, gente chunga donde las haya, que por una vez se tuvieron que tragar su venganza.

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