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La flor en el culo




Imaginad la situación, 30 de Marzo de 2005, hace bien poco, 110 palomos a lo largo y ancho de Norteamérica sellan sus correspondientes 110 boletos de la Powerball, (lo que por lo visto es una lotería similar a la de los Euromillones), todos ellos misteriosamente eligen la misma serie de números, 22, 28, 32, 33, 39, con el 40 como complementario, y he aquí que los astros de la fortuna se confabulan para hacer que a todos ellos les crezca un trébol de cuatro hojas en el culo.

Les toca el segundo premio, ya que fallan el último número, se reparten casi veinte millones de dólares, en lo que aparentemente es la pesadilla de cualquier estadístico, si lo habitual son 4 acertantes, ése día aparece un regimiento, inmediatamente saltan las alarmas en la MUSL, asociación interestatal encargada de la organización del sorteo y acuden al FBI con la mosca detrás de la oreja y pensando en la más que probable posibilidad de tongo.

Pero resulta que los acertantes no se conocen entre si, no forman parte de una peña, ni de una secta de frikis adoradores de la serie Lost, no se les ha aparecido la virgen, ni son super hackers informáticos capaces de manipular con sus ordenadores las máquinas del mundo, resulta que son amas de casa, curritos del medio este con su panza cervecera y su bandera en el porche, inmigrantes, blancos, negros y amarillos, una muestra perfecta de los diferentes estratos sociales del imperio.

Cunde el pánico en Quántico, llaman a Fox Mulder y a Dana Scully deseando que sean reales pero, ¡mierda!, solo son actores, comienzan a hacer entrevistas a cada uno de los agraciados, les ponen un mono naranja, les hablan de de un maravilloso lugar de vacaciones llamado Guantánamo y al final confiesan.

Son culpables, todos ellos habían comido las mismas galletas, ésas galletitas chinas de la suerte que tan populares son en medio mundo, en cuyo interior encuentras papeles con frases que parecen sacadas del zodiaco del “Pronto”, a el lumbrera que escribía aquellas sentencias se le había ocurrido insertar una serie de números mágicos, animando al personal a jugarlos a la lotería, curiosamente ése día acertó.

No se si los afortunados hicieron algún regalo al literato, pero lo seguro es que a ningún currante de Wonton Food INC (fabricante de las galletas), le tocó ni una perra gorda.

Para tirase de los pelos.

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