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La bolsa o la vida




No se quien dijo que las burbujas económicas sólo se someten a dos reglas, la primera es que existen, (aunque los que se forran a su costa juren por la gloria de sus madres que no es así), la segunda es que explotan, da igual los medios que se empleen para evitarlo, ningún globo se puede inflar eternamente, es un hecho misterioso que a pesar de su obviedad es más fácilmente entendible por un niño de tres años que por muchos inversores, los mismos que cuando el asunto hace “puff!” claman al cielo buscando venganza por su mal fario.

El 24 de octubre de 1929 fue jueves y negro, ése día salió a la venta el primer y más famoso fascículo de una colección de libros llamada “como joder en 24 horas tus ahorros en bolsa”, interesante serie que se edita periódicamente, cada tres o cuatro lustros, impepinable, cíclica y a la que nunca faltan compradores, tradición mantenida de padres a hijos, de abuelos a nietos, toda la vida currando para cambiarlo por cuatro papelitos, papel higiénico de lujo, la misma piedra desgastada a base de tropezar con ella.

Y el caso es que al final siempre hay un grupo selecto listillos que salvan el culo a tiempo, que recogen el velamen antes de la tormenta y luego hacen frases que pasan a la historia, como la que dijo el patriarca de los Kennedy , Joseph Patrick Kennedy Senior, al vender buena parte de sus valores en bolsa justo antes del crack del 29, “cuando hasta el limpiabotas te aconseja invertir en esta o aquella acción, es que el mercado está inflado”.

Y tanto, los locos años veinte llevaron un desquiciado proceso especulativo a la bolsa, era tremendamente común el pedir créditos bancarios para financiar hasta 2/3 partes de la inversión en acciones aunque el PER (un indicador que se usa para establecer si una compañía esta sobrevalorada) en algunos casos triplicaba lo aconsejable, da igual, leña al mono, que el miedo es para nenazas y fracasados, la bolsa nunca baja, los pisos nunca bajan, tiembla Rockefeller, que hay un nuevo gallo en el corral.

Así les fue, “para dormir o para saltar” preguntaban en los hoteles a los ex millonetis cuando pálidos como filetes de pollo alquilaban las habitaciones de los últimos pisos, así es la vida, como consuelo a los que nos suelen dar en los morros nos queda que aquel histórico día también hubo mucha gente valiosa que se pilló los dedos, Groucho Marx o Winston Churchill, por ejemplo.

Dicen que hay una ley económica no escrita que sostiene que los grandes rascacielos se construyen siempre antes de los crash bursátiles, el Empire State durante el 29, las Torres Petronas antes de la crisis asiática de hace unos añitos, el nuevo World Trade Center tras la bofetada sub-prime, y de ser verdad no hay mas que darse un paseo por la castellana para darse cuenta de lo que nos espera.

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