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Fray Bartolomé y el de Jalisco




Dicen los defensores de la leyenda negra de España en Latinoamérica que un grupo de indios, antes de ser ajusticiados en Santo Domingo, al serles ofrecida la primera comunión para poder ir al cielo, preguntaron las ventajas dicho trámite, y al responderles los frailes que era el lugar donde iban los españoles buenos, los reos dijeron que nones, que para estar en semejante compañía mejor les mandaran al infierno.

En 1541 a los indios Caxanes y Zacatecos que vivían en la zona mejicana de Nueva Galicia, (lo que ahora es Jalisco) se les hincharon las pelotas, hartos de soldadescas y encomenderos, puteados, menospreciados y explotados por un tipo llamado Nuño Beltrán de Guzmán, en virtud de las leyes extrañas de un rey ajeno, abandonaron sus azadas y arados y cogieron flechas, arcos y cuchillos, y al grito de ¡ahora si, tú o yo!, se lanzaron a cortar cuellos europeos sin otra intención que la de expulsar a los intrusos o morir matando.

La guerra del Miztón la llamaron, y en ella quince mil paisanos, se enfrentaron y sacaron los colores a cuarenta mil compatriotas del que esto escribe que acudieron al mando del propio virrey Antonio de Mendoza a calmar por la vía rápida el asunto, y a pesar de que les costó lo suyo, lograron por fin evitar que la revuelta se extendiera por el resto de Nueva España a base de sacar brillo a picas, sables y arcabuces.

Fruto de aquel lío quedó para la historia un nombre, el de un indio que algunos consideran el primer guerrillero de América latina, llamado Francisco Tenemaztle, que misteriosamente al ser capturado (se entregó) no acabó, como era de esperar, colgado del pescuezo o arcabuceado frente a una tapia, sino que despojado de posesiones y familia, con una mano delante y otra detrás, cargado de cadenas, fue expulsado de su tierra y desterrado a Castilla.

Por estos lares anduvo el desdichado indio, tocando las teclas que pudo y denunciando sus penas a quien quiso oírle, poca gente lo hizo, pero misterios del destino, o quizás porque Dios los cría y ellos se juntan, frente al Consejo de Indias tuvo como ayuda nada mas y nada menos que a Fray Bartolomé de las Casas, el hombre que más hizo en aquellos tiempos por abolir la esclavitud y conseguir que al indígena americano no se le considerase como una especie de infra-hombre, al parecer el Fray no solo se conmovió con la historia de Francisco, sino que se empapó de parte de su discurso, y en su propia obra quedó algo del pensamiento de este hombre.

Desconozco como y donde acabó sus días el de Jalisco, pero intuyo que no muy bien, sin embargo consiguió que su nombre y sus ideas acabaran siendo asociadas a las de un personaje, en eso los españoles podemos presumir de compatriota, que hace quinientos años ya tenia bien clarito lo que son los derechos humanos y lo mucho que hay que pelear por defenderlos.

Comentarios

elbauldejosete ha dicho que…
Muy curiosa la historia, me ha gustado.
Saluditos
Javi ha dicho que…
Gracias Josete, por el comentario y la visita