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Charlatanes Magnéticos




Un reloj parado acierta la hora dos veces al día, a la memoria me viene este dicho al escuchar la historia del médico y charlatán Franz Mesmer, tipo que se hizo famoso en el Paris prerrevolucionario del siglo XVIII con una serie de ocurrencias dignas del mejor chamán africano, emigrado desde Viena cuando la cabeza de Luis XVI aún era peinada por su dueño, el alemán se dedicó a patrocinar experimentos que poco o nada tenían que ver con la medicina clásica, y que según sus entregados seguidores eran perfectamente capaces de curar las enfermedades de ser humano.

“Magnetismo animal” llamó a su teoría y aunque tenga nombre de película porno, es más bien un proceso según el cual, la vida transcurre como un fluido magnético por canales eléctricos del organismo, cuando éstos se bloquean se produce la enfermedad, pero mediante un tipo con mucho “magnetismo” ésos flujos se pueden restaurar y sanar al enfermo.

Toma ya…

Mesmer demostró tener un especial magnetismo, pero sobre todo para los dineros ajenos, si cuando empezó con sus extrañas teorías ya era rico (de jovencito pegó el braguetazo con una viuda adinerada, e incluso fue mecenas de Mozart) cuando montó el chiringuito Parisiense pronto comenzó a no saber que hacer con tanta pasta.

Una de sus más logradas experiencias fue la de dar de beber agua mezclada con hierro a sus pacientes y someterles a campos magnéticos, haciendo semejante idiotez lograba “mareas magnéticas” en el interior de sus incautos conejillos de indias que además, para más cojones decían encontrarse mucho mejor tras la experiencia, con los riñones y el hígado al jerez, pero felices y contentos.

Sin embargo a todo cerdo le llega su San Martín, y al padre del mesermismo se le acabó el chollo cuando al mismísimo rey, intrigado por la fama del galeno, se le ocurrió la feliz idea de enfrentar al sanador con científicos de verdad, juntó a varios médicos de la academia real de ciencias, a personajes como Lavoisier (padre de la química moderna), Benjamín Franklin (que por aquel entonces era embajador de EEUU en Francia), o Joseph Ignace Guillotin (de apellido inconfundible) y los puso a currar en las ideas del amigo Franz.

El resultado fue demoledor, "la nullité du magnétisme", ni fluido magnético ni hostias, Mesmer recogió sus bártulos y desapareció, pero sus ideas las continuaron varios de sus seguidores hasta el punto que, con los años, un médico inglés llamado James Braid, habiendo acudido como observador a una sesión de magnetismo con la intención de denunciar el fraude, se dio cuenta de que algunos de los pacientes allí presentes estaban tan sugestionados que parecían entrar en un estado alterado de la conciencia a medio camino entre la vigilia y el sueño, el hipnotismo moderno había nacido, método que a parte de atraer a feriantes y magos como moscas a la miel, también ha sido muy usado por gente seria en campos como la psiquiatría o la psicología.

Lo dicho, hasta un reloj roto acierta la hora dos veces al día.

Comentarios

Hispa ha dicho que…
Entonces... ¿Lo de Uri Geller era mentira? ¡Jó! Ya me has jodido un mito.

No, en serio. Llevárselo crudo con la pseudomedicina es sencillo: sólo hay que tener un público entregado (y ya sabemos que los enfermos se agarran a un clavo ardiendo) y un procedimiento atractivo. Si no, mira tú el que se sacó de la manga que los vibradores eran buenos para calmar la histeria femenina. ¡Nos ha jodido! No daba abasto el pobrecico mío...

Y el cuento ese del magnetismo se sigue viendo con bastante asiduidad incluso hoy en día: pulseritas, "imantadores de agua" (¿¿??), etc, etc. Esto hace que me pregunte si tan complicado es prohibir por ley la charlatanería y la magufancia.
Javi ha dicho que…
Imposible, pedirle a un político que prohíba la charlatanería es como pedirle a un pez que abandone el agua.