Ir al contenido principal

Bertrand Russell




Bertrand Russell, filósofo, matemático, Nóbel de literatura, pacifista… un sabio, las siguientes frases están sacadas de su autobiografía., una vida intensamente motivada.
“Tres pasiones, sencillas pero tremendamente fuertes, han regido mi vida: el deseo de amar y ser amado, la búsqueda del saber y una compasión, superior a mis fuerzas, por el sufrimiento de la humanidad...

Estas pasiones, como vientos potentes, me han zarandeado de aquí para allá, en navegación tortuosa, por el océano profundo de la angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

Busqué primero el amor, porque trae consigo el éxtasis –éxtasis tan grande que muchas veces hubiera sacrificado yo el resto de mi vida por unas pocas horas de su gozo–. Lo busqué, también, porque el amor alivia la soledad –esa terrible soledad en la que el tembloroso ser que tiene conciencia de sí mismo se asoma al borde del universo y ve un frío abismo sin fondo y sin vida–. Y lo busqué, finalmente, porque en la unión que es amor he visto, como en mística miniatura, la visión anunciadora de ese cielo que los santos y los poetas han imaginado. Eso es lo que busqué y, aunque parezca quizá demasiado gozo para el hombre, eso es lo que –al fin– he encontrado.

Con el mismo apasionamiento busqué el saber. He deseado comprender el corazón del hombre. He querido saber por qué brillan las estrellas. Y he intentado apoderarme del poder pitagórico gracias al cual el número triunfa sobre el flujo. Algo de esto, aunque no mucho, he conseguido.

El amor y el saber, en cuanto me fueron posibles, me levantaron hacia arriba, hacia los cielos.
Pero la compasión me devolvió siempre a la tierra. Ecos de gritos de dolor reverberan en mi corazón. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos inválidos que son sólo una carga odiada para sus hijos, y todo ese mundo de soledad, pobreza y sufrimiento convierte en burla lo que la vida humana debería ser. Aspiro con toda mi alma a aliviar el mal, pero no puedo, y sufro. Esta ha sido mi vida. La juzgo digna de vivirse y, si se me diera la oportunidad, volvería a vivirla con gusto”

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sarah "La louchette"

1840, en algún tugurio perdido de la mano de de Dios, Sarah descansa tras un duro día de trabajo, sentada sobre una vieja y desvencijada silla nota como los años y la sífilis comienzan a roer sus entrañas, duele, como una autómata desarrolla un ritual casi sagrado, con el pulso tembloroso vierte agua fría sobre un terrón de azúcar, observa como se deshace lentamente, arrastrándose hasta el fondo del vaso de absenta, el líquido verde se torna lechoso, apetecible, el primer trago la calma, el dolor desaparece por un momento antes de que el segundo lingotazo traiga de nuevo las convulsiones.

Mira a su alrededor, no le gusta lo que ve pero hay que joderse, no queda otra, una vida perra que la ha envilecido, que la ha hecho arrastrar sus sufridos huesos por la mitad de los prostíbulos de Paris, violenta, primaria, desconfiada, sus ojos torcidos reparan en un espejo, su mirada encuentra bajo dos dedos de mugre el reflejo de un despojo, calva, bizca y huesuda su precio en el mercado de la car…

Las cicatrices de Capone

Al es un tipo listo, sólo que a veces piensa con la polla, cuando Frank Gallucio entra por la puerta del Harvard Inn, sus ojos de gorila se detienen en el nuevo cliente apenas un par de segundos, suficiente tiempo como para catalogarlo dentro de la gran familia de los pringados con suerte, después, su mirada continúa sin disimulo su lento caminar hasta el bello trasero de las dos acompañantes de Frank, dos morenas de piernas eternas que responden a los nombres de Lena y María, Al suspira, silva y resopla, se relame, mira a Frank y piensa que el muy capullo es demasiado afortunado, ellas son demasiado para él, una es suficiente, Al no sabe que Lena es la hermana pequeña de Frank, su ojito derecho, podría llegar a sospecharlo de mantener su raciocinio intacto, pero a cada segundo que pasa, su cerebro va perdiendo funciones en favor de su miembro viril que engrosado, ya ha decidido que esta noche no va a dormir solo. Al mira a Lena, y cuanto más la mira, más se sonroja ella, más incómoda…

Picasso, el nazi y el Guernica

Mientras el pintor intenta concentrarse, el hombre de tez blanquecina camina en círculos por el estudio, husmeando, la luz de la mañana parisina se cuela por el ventanal y dibuja sobre el suelo una sombra alargada, delgada, sutil, que hace crujir la tarima al caminar, que da pasos cortitos y no duda en emitir sonidos de aprobación o desagrado ante las obras allí expuestas, ruiditos que se mezclan con las campanas del Sagrado Corazón, que a pesar de todo siguen repicando.

Pablo fuma, mira de reojo a su visita no invitada, no deseada, mantiene el silencio y respira hondo, sin esfuerzo las alarmas de su sexto sentido pitan casi más alto que las de la basílica cercana, el tipo que tiene enfrente lleva unas palabras invisibles tatuadas en su frente, HIJO DE PUTA, dicen, va vestido de civil, pero sus ademanes lo delatan, su compañía también, dos bulldogs de metro ochenta, levitas de cuero negro y miradas oscuras, repletas de desprecio, inertes, con sendos bultos en sus sobaqueras, con sendas…