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Mostrando entradas de septiembre, 2008

Por quince milloncejos todo tuyo

¿Cuánto costaría hoy comprar el 23% del territorio de EEUU?, no lo se, mi cabeza se declara inútil para hacer el cálculo, pero recién comenzado el siglo XIX, el señor Napoleón Bonaparte, acostumbrado a decidir sobre el destino de países enteros sin despeinarse su poco poblado tupé, le puso precio al territorio entonces inexplorado situado al oeste del Mississippi (unos dos millones de kilómetros cuadrados) por el módico precio de quince millones de dólares, una ganga.

El pequeño emperador, que le había birlado el territorio a España por la cara un par de años antes, (tras apretarle ligeramente los caprichos a Godoy en el tratado de San Ildefonso) se había dado cuenta que las américas quedaban demasiado lejos y eran demasiado extensas, imposibles de defender ante su sacrosanto enemigo inglés, además, cuando a los gabachos les largaron a bofetadas de Haití, el sueño de un imperio franchute americano se quedó definitivamente en agua de borrajas.

Así que ni corto ni perezoso, más atento a l…

Charlatanes Magnéticos

Un reloj parado acierta la hora dos veces al día, a la memoria me viene este dicho al escuchar la historia del médico y charlatán Franz Mesmer, tipo que se hizo famoso en el Paris prerrevolucionario del siglo XVIII con una serie de ocurrencias dignas del mejor chamán africano, emigrado desde Viena cuando la cabeza de Luis XVI aún era peinada por su dueño, el alemán se dedicó a patrocinar experimentos que poco o nada tenían que ver con la medicina clásica, y que según sus entregados seguidores eran perfectamente capaces de curar las enfermedades de ser humano.

“Magnetismo animal” llamó a su teoría y aunque tenga nombre de película porno, es más bien un proceso según el cual, la vida transcurre como un fluido magnético por canales eléctricos del organismo, cuando éstos se bloquean se produce la enfermedad, pero mediante un tipo con mucho “magnetismo” ésos flujos se pueden restaurar y sanar al enfermo.

Toma ya…

Mesmer demostró tener un especial magnetismo, pero sobre todo para los dineros a…

La calle de la pared

Si hay un lugar en el mundo en el que el sacrosanto dólar se siente a gustito ése es Wall Street, la calle del muro, el lugar en el que los colonos holandeses de Nueva Ámsterdam, allá por 1653, decidieron un buen día sustituir las defensas básicas de la colonia (poco mas que estacas en el suelo) por una muralla de cuatro metros de altura, ideal para protegerse de los ataques de los indios y los británicos, y de paso evitar que los esclavos africanos que trabajaban a destajo para la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales decidieran darse el piro.

Pierre Minuit se llamaba el tipo que hizo la gestión, entre otras, ya que entre sus hazañas también se encuentra la de haber comprado la isla de Manhattan a los indios Lenapes por unos 60 florines (24 dólares actuales), el ídolo de cualquier especulador de bolsa tan solo se aprovechó de la ausencia del concepto de propiedad privada en unos oriundos que eran nómadas, y se la traía al pairo los papeles firmados ante un individuo paliducho …

Fray Bartolomé y el de Jalisco

Dicen los defensores de la leyenda negra de España en Latinoamérica que un grupo de indios, antes de ser ajusticiados en Santo Domingo, al serles ofrecida la primera comunión para poder ir al cielo, preguntaron las ventajas dicho trámite, y al responderles los frailes que era el lugar donde iban los españoles buenos, los reos dijeron que nones, que para estar en semejante compañía mejor les mandaran al infierno.

En 1541 a los indios Caxanes y Zacatecos que vivían en la zona mejicana de Nueva Galicia, (lo que ahora es Jalisco) se les hincharon las pelotas, hartos de soldadescas y encomenderos, puteados, menospreciados y explotados por un tipo llamado Nuño Beltrán de Guzmán, en virtud de las leyes extrañas de un rey ajeno, abandonaron sus azadas y arados y cogieron flechas, arcos y cuchillos, y al grito de ¡ahora si, tú o yo!, se lanzaron a cortar cuellos europeos sin otra intención que la de expulsar a los intrusos o morir matando.

La guerra del Miztón la llamaron, y en ella quince mil p…

La huída de Agatha

El coche de Agatha Christie apareció un 3 de Diciembre en una cuneta cerca de Newlands Corner, el típico paraje ingles donde las verdes colinas lo inundan todo, se extienden hasta el horizonte casi fundiéndose con un cielo perpetuamente grisáceo, el bello Morris Cowley parecía extraído de una de las novelas de su dueña, intacto y solitario, testigo mudo de misteriosos eventos, consiguió hacer saltar las alarmas de medio país.

La reina del crimen había desaparecido, se había volatilizado tras besar dulcemente a su hija Rosalind la mañana de ése mismo día, la ficción hecha realidad, pero sin orondos detectives belgas con la cabeza ahuevada y bigotes kilométricos, la policía que se ve en un aprieto, los ojos de medio mundo se fijan en ellos y la investigación comienza con un claro sospechoso, Archie Christie el infiel esposo de la escritora.

Los rumores se disparan conforme van pasando los días, las palabras suicidio y asesinato salen de la boca de la plebe continuamente, los dedos señalan…

Ursula

El veinte de noviembre del 36 dos sombras abandonaron la ciudad de Kiel adentrándose en el atlántico con dirección al sur, dos inmensos tiburones metálicos sin bandera, ni identificación, ni pabellón, con órdenes expresas de pasar inadvertidos hasta llegar a su destino, con una tripulación que bajo pena de muerte debía olvidar en el futuro la misión con nombre de mujer que en aquel momento comenzaba.

Ursula, era el nombre en clave, de la acción y de la hija del jefe, un Capitán de Corbeta llamado Kart Dönitz ambicioso, recién ascendido a comandante de la segunda flotilla de submarinos alemana que probablemente en aquellos días ni tan siquiera se imaginaba que sólo nueve años después, con el grado de Almirante, sería el substituto durante veintitrés caóticos días del mismísimo Adolf Hitler, después de que éste se volara la sesera, teniendo el honor de ser el responsable de hincar los dientes ante yankis, rusos y británicos.

Pero eso es harina de otro costal, aún quedaba mucho por delante…

Sarah "La louchette"

1840, en algún tugurio perdido de la mano de de Dios, Sarah descansa tras un duro día de trabajo, sentada sobre una vieja y desvencijada silla nota como los años y la sífilis comienzan a roer sus entrañas, duele, como una autómata desarrolla un ritual casi sagrado, con el pulso tembloroso vierte agua fría sobre un terrón de azúcar, observa como se deshace lentamente, arrastrándose hasta el fondo del vaso de absenta, el líquido verde se torna lechoso, apetecible, el primer trago la calma, el dolor desaparece por un momento antes de que el segundo lingotazo traiga de nuevo las convulsiones.

Mira a su alrededor, no le gusta lo que ve pero hay que joderse, no queda otra, una vida perra que la ha envilecido, que la ha hecho arrastrar sus sufridos huesos por la mitad de los prostíbulos de Paris, violenta, primaria, desconfiada, sus ojos torcidos reparan en un espejo, su mirada encuentra bajo dos dedos de mugre el reflejo de un despojo, calva, bizca y huesuda su precio en el mercado de la car…

El filósofo y el tuerto

El doce de octubre del treinta y seis comenzaba quedar claro que la guerra iba para largo, con el país fracturado en dos, la herida por la que se desangraba España no tenía visos de cerrarse en mucho tiempo, los frentes estaban mas o menos estabilizados y tras ellos la represión contra el opositor comenzaba a mostrar tintes brutales, en las retaguardias el terror se instauró como útil medio para mantener prietas las filas, fusilamientos, juicios sumarísimos y “paseos” de los que nunca nadie regresaba, se convirtieron en el pan nuestro de cada día, en el medio natural para resolver disputas no solo políticas, sino también económicas, familiares o incluso derivadas de males de amores, hermano contra hermano, tío contra sobrino, hijo contra padre.

Ése era el rancio ambiente que se respiraba aquel día en el Paraninfo de la Universidad Salmantina, que lo impregnaba y pudría todo, el día de la raza, el día en el que los militares sublevados festejaban el descubrimiento de América, entre viva…

Un dramaturgo, un conquistador y un mago

Hay tipos especiales hasta en la forma de morirse, recordatorios evidentes de lo asquerosamente frágil que es el ser humano, no importa lo grande e importante que seas, el poder y las riquezas que atesores, las veces que hayas salido victorioso tras poner tu pellejo en juego, criarás malvas antes o después.

El ejemplo más grande y evidente quizás sea el de Alejandro Magno, el conquistador, el tipo que agarró el continente asiático por el forro de los caprichos y apretó, hasta sacar todo el jugo, el genio militar, el mito.

Una vida entera sorteando mil y un peligros, mil y un intentos de asesinato, adentrándose en la batalla al frente de una masa casi incandescente de gargantas capaces de seguirle hasta las mismas puertas del infierno, un semi-Dios adorado por los suyos que acaba palmando por cogerse un pedo descomunal con los amigotes, (aunque a su muerte ya debía andar jodido con malaria, el alcohol probablemente sólo remató el trabajo)

Aleccionador.

Otro que me viene a la mente es Esqui…

Troppo vero !!!

Ahí está, por los siglos de los siglos, Giovanni Battista Pamphili, más conocido como Inocencio X, con su nada inocente cara observando al genio que le retrata, rojo sobre negro, mirada ajada, agria, desconfiada, más propia de un personaje de los Soprano que de el representante de Dios en la tierra, con la mano izquierda agarrando el reposabrazos mientras el pulgar sostiene una nota sin duda repleta de intrigas.

Puteado, molesto porque en la paz de Westfalia los europeos habían puesto fin a treinta años de muertos, una panda de inútiles que habían tenido la osadía de dejarle a un lado, ninguneando su mando espiritual, reduciendo sus prebendas, menos poder para un cargo para el que hay que valer, para el que hay que tener ojos en la nuca.

Manipulado, viejo, rodeado de hombres inútiles y mujeres perversas, con su cuñada con derecho a roce Olimpia Maidalchini a la cabeza, haciendo y deshaciendo, condimentando el vino de sus enemigos con venenos de toda clase y condición, preguntándose a ca…

Dj Trafalgar

Desde el cabo de Trafalgar la vista es hermosa, a ambos lados del mismo los arenales de las costas gaditanas se extienden imponentes invitando al baño, tras un breve trecho con el sol apretando en el cogote, dos paseantes, uno francés y otro español, nos apoyamos sobre la barandilla maltratada por el salitre y prendemos un cigarro, lamentamos no haber traído un pantalón corto y observamos en silencio el horizonte.

-Mira Jerome, aquí fue donde los ingleses nos dieron por culo.- Comento.

Rodeamos el faro, encontramos un mísero cartel con cuatro frases y un par de fotos, intentamos imaginar como fue el fregao dos siglos atrás, no cuesta mucho, sesenta navíos dispuestos a despedazarse, tuvieron que hacer ruido, cargados hasta las trancas con marinos con oficio y sin él, levantando una polvareda blanca entre un mar de astillas y sangre, apretando los dientes, obligados a escoger entre las balas de 24 libras o las de 18, acordándose de la madre que parió a Napoleón, a Godoy y a toda la caterv…

La bolsa o la vida

No se quien dijo que las burbujas económicas sólo se someten a dos reglas, la primera es que existen, (aunque los que se forran a su costa juren por la gloria de sus madres que no es así), la segunda es que explotan, da igual los medios que se empleen para evitarlo, ningún globo se puede inflar eternamente, es un hecho misterioso que a pesar de su obviedad es más fácilmente entendible por un niño de tres años que por muchos inversores, los mismos que cuando el asunto hace “puff!” claman al cielo buscando venganza por su mal fario.

El 24 de octubre de 1929 fue jueves y negro, ése día salió a la venta el primer y más famoso fascículo de una colección de libros llamada “como joder en 24 horas tus ahorros en bolsa”, interesante serie que se edita periódicamente, cada tres o cuatro lustros, impepinable, cíclica y a la que nunca faltan compradores, tradición mantenida de padres a hijos, de abuelos a nietos, toda la vida currando para cambiarlo por cuatro papelitos, papel higiénico de lujo, l…

Metralleta Mc Gurn

El 14 de Febrero del treinta y seis, a Jack “Metralleta” Mc Gurn se le quedó la boca seca, borracho y pendenciero, con la cartera mas tiesa que la mojama y el pellejo hinchado por el wisky, era una vieja gloria venida a menos, embutido en unos pantalones de alquiler, probablemente intentaba hacer valer sus galones frente a dos jóvenes compañeros de oficio, probablemente les daba una clase magistral reducida de cómo convertirse en el perfecto proxeneta, o de cómo usar con clase una Thompson en un tiroteo, no cuesta trabajo pensar en las frases que salían de su boca, seguramente añorando los buenos años en los que de la mano de “Caracortada” Capone, Jack tenía potestad para apretar las pelotas de cualquier ciudadano de Chicago que osase ponerse en su camino.

La conversación no acabó con un abrazo, ni con un apretón de manos, sino con dos docenas balas disparadas a quemarropa sobre el saco de huesos en el que se había convertido Mc Gurn, sobre su mano muerta sus asesinos depositaban una t…

Gerda y André

Los primeros años treinta de este siglo pasado transformaron París en un lugar lleno de exiliados, los franceses miraban atónitos, (y probablemente algo acojonados) como un demonio con bigote ascendía al poder en las tierras de sus vecinos del norte, mientras oían el ruido de sables proveniente del sur, atrapados en ésa espiral, dos jóvenes de origen judío las pasaban putas para salir adelante, Andre Friedman y Gerta Pohorylle buscaban en la venta de fotos el noble y doble objetivo de no morir de inanición y evitar la deportación, ya que con un trabajo de periodistas no les expulsarían.

Siempre se ha dicho que el hambre agudiza el ingenio, y debe ser verdad por que la pareja, harta de malvender sus fotos a los diarios de la época, decidieron inventarse un personaje, un fotógrafo americano mundialmente conocido que no disponía de tiempo suficiente como para perderlo en la mundanal compra venta periodística, a aquel tipo le dieron el nombre de Robert Taylor y casi el apellido de Frank Ca…

Hogueras, cuernos y navajazos

El veintiuno de Agosto de 1622, Juan de Tasis y Peralta, Conde de Villamediana paseaba por la Calle Mayor madrileña con su amigo y compañero de correrías el Conde de Haro, despreocupados, los aristócratas le daban a la sinhueso sin otra intención que la de hacer aquello para lo que sin duda Dios les había traído al mundo, es decir, vivir la vida a tutiplén a costa de los sufridos españolitos.

Tan centrados debían andar los condes en su aristocrático oficio que no hicieron demasiado caso al hombre que, con la excusa de dar un mensaje al de Villamediana se acercó al carruaje que les transportaba, y tal recado debía ser para San Pedro, porque en cuanto el desconocido tuvo a tiro al noble, le metió dos palmos de acero toledano “made in Spain” entre pecho y espalda, echando a correr acto seguido calle abajo.

“Esto es hecho” se dice que comentó el herido mientras notaba como la vida se le escurría entre los dedos, y así fue, ya que al poco palmaba antes de que nadie pudiera hacer nada por él,…

Cócteles y dictadores

¿Que tendrán los dictadores que siempre les parecen pequeños sus dominios?, ¿que misteriosos y pestilentes procesos gobernarán sus podridas cabezas?, supongo que ése es un tema digno de estudio, alguien, un organismo internacional o una ONG (cerebros sin fronteras, o algo por el estilo) debiera dedicarse a recoger los sesos de los cabrones de la humanidad, cuando palman, bien en la horca, bien masacrados por sus sufridos súbditos o bien en la cama acribillados por tubos y respiradores, debiera ser obligatorio que una cuadrilla de asépticos neurólogos, con su serrucho y su frasco de formol, pudieran coger la masa gris del finado y llevársela bajo el brazo, para estudiarla con calma, a lo mejor así se podría llegar a entender lo incomprensible.

En 1939, Stalin dio buen ejemplo de ello, después de repartirse Polonia junto con su amigo Adolf, (si es que los extremos en el fondo se adoran), se encaprichó de la tierra de los finlandeses decidiendo mandar a 450000 hombres al país vecino para,…

Arthur Nebe

Hay una escena, creo que es en “la chaqueta metálica”, en la que un generalote amenaza con meter un puro al protagonista al darse cuenta de que éste lleva en el casco un símbolo de la paz al lado de la frase “Born to Kill”, antes del correctivo le da al soldado la oportunidad de explicar semejante contradicción, y éste ante la necesidad urgente de encontrar una buena excusa, acaba apelando a la dualidad del ser humano.

Todo este rollo es para introducir al tipo mas “dual” de la segunda guerra mundial, un pedazo de cabrón, nazi, antisemita y criminal de guerra al que la historia ahora quiere rehabilitar, Arthur Nebe fue sin duda uno de los jerifaltes del Reich, director de la Kriminalpolizei (Kripo para los amigos), fue un experto criminólogo antes de la guerra que pasó de perseguir asesinos a colaborar activamente con ellos, estuvo destacado nada mas y nada menos que al frente del “Einsatzgruppen B”, entre Junio y Noviembre del cuarenta y uno, campando a sus anchas por la tierra conqui…

Piernas de hojalata

A cuadros se debieron quedar los alemanes que custodiaban los cielos del norte de Francia el 9 de agosto de 1941 cuando, tras celebrar con júbilo el derribo de un caza Spitfire inglés vieron al tipo que lentamente descendía con su paracaídas desde las alturas, menudo, con ojeras y tez mortecina, al llegar al suelo aquel individuo no pudo ni tan siquiera intentar emprender la huída, no tenía piernas.

Douglas Bader, o tin legs como le llamaban sus colegas no era un piloto del montón, era un as del aire que había derribado nada mas y nada menos que a 23 aviones enemigos en los meses anteriores, y todo ello a pesar de su minusvalía, Douglas había perdido las dos extremidades inferiores en 1931, mientras hacía el cabra y vacilaba haciendo acrobacias aéreas delante de los jóvenes cadetes a los que en teoría instruía, salvó el pellejo de milagro y tras una penosa recuperación en la que nadie daba un duro por él pidió reincorporarse a su oficio, no le dejaron al principio, pero más tarde, para…

Dos tipos raros

1920, el comienzo de una década curiosa, los jóvenes que habían salvado el pescuezo en la primera gran guerra aún se palpaban las ropas dando gracias al cielo por seguir vivos, tras las penurias de las trincheras, muchos llegaron a la sabia conclusión de que la vida pasa en un suspiro, (sobre todo cuando te bombardean con gas mostaza) dedicándose al noble arte del despiporre.

En ése ambiente, mientras unos buscaban pasarlo lo mejor posible, otros lloraban a sus muertos, y algunos otros intentaban por todos lo medios sacar tajada del asunto, mediums, espiritistas y demás fauna, hacían el agosto sacando hasta las entretelas a viudas y huérfanos, utilizando supuestos poderes para-anormales en supuestos contactos con los finados.

Un negocio redondo que acabó uniendo (primero) y separando (después) a dos tipos tan fascinantes como raros, estoy hablando de Sir Artur Conan Doyle y Harry Houdini, que se conocieron a principios de la década en una gira que el escapista hizo por la Gran Bretaña.

R…

Doble R

El fregao de Vietnam ha sido y sigue siendo, por lo menos hasta que sea substituido por Irak, el gran trauma de una generación entera de “Yankis” , la trituradora a la que se mandaban a los jóvenes (voluntarios y de reemplazo) no sólo a morir sino también a perder la chola para mayor gloria del imperio.

Infierno verde donde negros, hispanos y blancos del medio oeste con apellidos como “Kowalski” podían hermanarse y aprender a matar unas docenas de amarillos antes de ser apiolados en un descuido y si por alguna extraña razón salían de una pieza siempre les quedaba la posibilidad de llevarse las alegres experiencias adquiridas a casa y recordarlas entre sudores fríos antes de subirse a un campanario con un M16 y doscientos cartuchos con revestimiento metálico.

De sobra lo conocemos gracias a la abnegada labor de tipos como Stallone o Chuc Norris, quienes a base de no sentir las piernas y desaparecer en combate (bien podían haberse perdido en la jungla para siempre) nos transmitieron con e…

Un dia de furia

Existen tipos aparentemente pacíficos que atesoran en su interior una mala leche apocalíptica, gente de maneras hoscas pero tranquilas que de buenas a primeras y ante una intensa tocada de huevos, explotan, liándose la manta a la cabeza y llevándose por delante a quien sea, hasta que salga el sol por Antequera, como un animal que una vez desbocado es incapaz de volver a tranquilizarse.

Uno de esos personajes nació hace 240 años en tierras burgalesas, le llamaron Jerónimo Merino Cob y fue el segundo de doce hermanos, Dios a través del párroco de su pueblo le llamó a su redil bien temprano, aunque sin demasiadas exigencias intelectuales, le facilitó cuatro latinajos y le ordenó sacerdote, ejerciendo su ministerio en el pequeño pueblo que le vio nacer.

Nada especial hubiese ocurrido de vivir España en paz por aquellos años, el tiempo y el olvido hubieran devorado el nombre de Don Merino, que ejercía feliz y orgulloso su labor por las tierras castellanas, pero el destino es caprichoso y un …

Perfectos capullos

Puedes ser un perfecto capullo, un inútil de tomo y lomo y a pesar de ello pasar a la historia, quedar inscrito en las enciclopedias para siempre, que tu nombre quede grabado entre los de Einstein o Cervantes, por muy lerdo que seas, aunque no sepas hacer la O con un canuto, aunque seas tonto del culo siempre podrás pegar un tiro a alguien.

Eso lo sabía bien Narturham Godse, un indio de la casta de los Brahmanes, de las mas altas dentro de la pétrea sociedad Hindú, que a pesar de ser un privilegiado y poder estudiar para, como decía mi abuela, llegar a ser un hombre de provecho, se le recalentó la sesera hasta límites insospechados, el odio racial fluyó por sus poros hasta que un buen día, seguramente manipulado por otros que no quisieron ensuciarse las manos decidió pegar cuatro tiros a la persona que más hizo por pacificar su país, estoy hablando de Mahatma Gandhi.

A Naturham le colgaron del pescuezo al año de su crimen, pero otro ilustre lumbrera que aún vive es Mark David Chapman, a…

La flor en el culo

Imaginad la situación, 30 de Marzo de 2005, hace bien poco, 110 palomos a lo largo y ancho de Norteamérica sellan sus correspondientes 110 boletos de la Powerball, (lo que por lo visto es una lotería similar a la de los Euromillones), todos ellos misteriosamente eligen la misma serie de números, 22, 28, 32, 33, 39, con el 40 como complementario, y he aquí que los astros de la fortuna se confabulan para hacer que a todos ellos les crezca un trébol de cuatro hojas en el culo.

Les toca el segundo premio, ya que fallan el último número, se reparten casi veinte millones de dólares, en lo que aparentemente es la pesadilla de cualquier estadístico, si lo habitual son 4 acertantes, ése día aparece un regimiento, inmediatamente saltan las alarmas en la MUSL, asociación interestatal encargada de la organización del sorteo y acuden al FBI con la mosca detrás de la oreja y pensando en la más que probable posibilidad de tongo.

Pero resulta que los acertantes no se conocen entre si, no forman parte d…

Dalí y los manguis del imperio

Pongámonos en situación, Nueva York, 1965, Nico Yperifanos, empresario intimo amigo de Salvador Dalí acude a una cena organizada en Manhattan en honor del genio catalán, a la que por cierto el propio pintor no acude debido a un fuerte resfriado, allí el griego conoce, entre copas de vino y chuletas de ternera, me imagino, a una esforzada funcionaria del departamento de prisiones llamada Anna Moskowits Kross, la buena de Anna tiene por aquel entonces la sana intención de hacer que sus chicos dejen de levantar pesas y patear culos ajenos, rehabilitándoles a través del arte y la pintura, para ello le pide al tal Nico que interceda por él para conseguir que Dalí acuda a la prisión de Rikers Island a dar una especie de clase magistral a sus alumnos más aventajados.

Hasta ahí todo muy bonito.

A todo el mundo le pareció una genial idea que sin embargo topó de bruces con Gala, la mujer del pintor que al comprobar que la charla era de gratis montó en cólera, (debía ser de la cofradía del puño ce…

La media sonrisa de Jake

El 14 de Noviembre de 1947 fue un día estupendo para hacer apuestas, sobre todo para la mafia, en el Madison Square Garden de la ciudad de los rascacielos dos hombres bailaban sobre la lona, Billy Fox, (“el negro Filadelfia”) media sus golpes contra un de los mitos del boxeo, Jake LaMotta, (“el toro del Bronx”), siguiendo el combate en primera fila, una ristra de tipos con el pelo engominado, puros quilométricos y cara de no haber roto un plato en la vida sonreían relajados mientras pellizcaban el culo a sus rubias acompañantes, no había nada por lo que preocuparse, el combate estaba amañado.

LaMotta, supuesto favorito, el primer hombre que había derrotado a otra leyenda llamada Sugar Ray Robinson, andaba cohibido, intentando no hacer demasiada pupa al maromo que tenía delante, reculando y recibiendo una buena somanta, poniendo su fea cara al alcance del de Filadelfia, no duró mas que cuatro asaltos, KO técnico y para casa.

Él mismo lo cuenta en sus memorias: “En el primer round, tras g…

Bertrand Russell

Bertrand Russell, filósofo, matemático, Nóbel de literatura, pacifista… un sabio, las siguientes frases están sacadas de su autobiografía., una vida intensamente motivada.
“Tres pasiones, sencillas pero tremendamente fuertes, han regido mi vida: el deseo de amar y ser amado, la búsqueda del saber y una compasión, superior a mis fuerzas, por el sufrimiento de la humanidad...
Estas pasiones, como vientos potentes, me han zarandeado de aquí para allá, en navegación tortuosa, por el océano profundo de la angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

Busqué primero el amor, porque trae consigo el éxtasis –éxtasis tan grande que muchas veces hubiera sacrificado yo el resto de mi vida por unas pocas horas de su gozo–. Lo busqué, también, porque el amor alivia la soledad –esa terrible soledad en la que el tembloroso ser que tiene conciencia de sí mismo se asoma al borde del universo y ve un frío abismo sin fondo y sin vida–. Y lo busqué, finalmente, porque en la unión que es amor he visto…

La vida en un tarro

Hace aproximadamente nueve años un maestro de instituto de una zona rural de Kansas tuvo una feliz idea, en el marco de un trabajo relacionado con la vida, el respeto y la tolerancia tres de sus alumnas encontraron una breve reseña en un periódico, que hablaba sobre una mujer que había salvado a mas de 2500 niños judíos de la maquinaria de muerte alemana durante el holocausto.

Aquella historia, poco conocida y enterrada bajo toneladas de indiferencia sonaba un poco a chino, tanto, que incluso las tres estudiantes por un momento pensaron que se trataba de un error tipográfico, por suerte eran cabezonas, perseverantes y currantas, y pasito a pasito redescubrieron al mundo las vivencias de una polaca con más cojones que los de el caballo del general Espartero.

Irena Sendlerova, que aún vivía en un asilo de Varsovia, había pasado desapercibida a los ojos de los mortales, mientras a Spilberg le cegaban los flashes de los fotógrafos en el estreno de la lista de Schindler, ella envejecía lenta…