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Despertares

Sacar adelante un manuscrito se asemeja al acto de tejer una tela en un telar. Para ello es imprescindible una urdimbre, un conjunto de hilos paralelos en tensión entre los que se inserta, de forma perpendicular, por encima y por debajo, un segundo hilo llamado trama. No hay tela sin urdimbre. No hay tela sin trama. Vale, no hay que ser un genio para encontrar las analogías literarias de esta perezosa metáfora ―de hecho, hay otra que hace referencia a los cabos de una red, la pesca y los peces, pero llamar besugos a los lectores siempre me ha parecido poco elegante―. El caso es que cualquiera con un puñado de urdimbres y una trama puede tejer. El problema es el resultado. A unos les salen banderas, a otros les salen bufandas e incluso hay gente a la que le salen sudarios. Porque para tejer bien (una historia) no solo hacen falta materiales, también es necesario tener arte en la ejecución y gusto. Y aquí es donde Despertares de Felicidad Martínez destaca.  Porque con dos cabos, (la hist…
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The Deuce

Si hay un tipo capaz de escribir una obra literaria y disfrazarla de serie de televisión, ése es David Simon. Si hay entre vosotros, estimados lectores, alguien con la intención de ser escritor, debiera darle una oportunidad ―o dos, o las que sean necesarias―, a todo lo que éste señor cree. Al menos si vuestra aspiración es aprender a contar una historia donde los personajes sean personas. Y no seres indistinguibles de un emoticono. Ya lo hizo con “The wire”. (El puto Moby Dick de las series de televisión). Quizás en menor medida con “Treme”, y desde luego que lo está haciendo ahora con “The deuce”. Estoy hablando no sólo del lenguaje ―que también―, sino sobre todo del uso de la estructura interna, las entrañas y el tempo de una novela para hacer televisión. Con dos cojones. Porque si lo que cuentas es una historia acerca de personas, lo que vale son los personajes. Punto. No hay que ser un genio, simplemente hay que dar espacio a esos individuos para que crezcan, algo que no es fácil,…

Cuando los hombres no sean hombres

“En las ciudades se muere del todo; en los pueblos, no; y la carne, y los huesos de uno se hacen tierra, y si los trigos y las cebadas, los cuervos y las urracas medran y se reproducen es porque uno les dio su sangre y su calor y nada más.” Miguel Delibes. Viejas historias de Castilla la Vieja.


I.―
Hay hombres que conocen un poco de mucho, y hay otros, como Senén, que conocen un mucho de poco. Hay tipos, piensa el pastor, que atraviesan océanos, que visitan continentes, y por sólo pisar unos días una tierra lejana ya se piensan que saben algo del mundo por el que levitan como fantasmas.
Yo no sé mucho. Pero algo sé. Conozco las plantas del monte. Conozco cada alimaña. Las llamo por su nombre. Y ellas me conocen a mí, si me rehúyen es porqué me tienen miedo. Conozco a las ovejas, a las propias y a las ajenas. Sus manías, sus achaques.
Senén chifla y Leo, el perro pastor, asiente medio humano, deja de lamerse las pelotas y atiende los deseos de su jefe.
―Ea, pulgoso que como se pierda la fl…