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Dark Fantasies

Si hay algo que saco en claro de lo que leo y de lo que escribo, es que los escritores ―por mucho que intentemos aprender, cambiar, variar el estilo y la temática―, siempre volvemos a nuestras obsesiones. Nosotros orbitamos en torno a ellas como lo haríamos alrededor de un agujero negro, acercándonos poco a poco con cada vuelta, hasta llegar al punto de no retorno tras el que no hay escapatoria posible. En física eso se llama horizonte de sucesos. En la vida no creo que haya un horizonte de sucesos mas evidente que la muerte. No creo que haya un elemento sobre el que se hayan escrito más versos ni más libros. Quizás sólo el amor. Y éstas “Dark Fantasies” son una buena muestra de ello. Porque en este libro la muerte es omnipresente, pero la aproximación que los autores hacen a la parca es siempre a través de la fantasía, a través de ese filtro que suaviza y engalana el horror, que lo hace atractivo y menos doloroso, que lo hace menos definitivo y por tanto más llevadero, que consigue un …
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Entre malvados.

Tengo la sensación de que cuando la literatura quiere retratar el auténtico horror, el terror más puro y angustiante, no necesita de la fantasía, porque después de todo la fantasía no deja de ser un escudo, un filtro que aleja el asunto, una especie de defensa tranquilizadora. Y es que cuando la maldad pura no la ejerce un ser real, cuando la ejerce un espectro, un extraterrestre o una criatura demoniaca, esa maldad se vuelve más liviana, más lírica, más llevadera. Por irreal menos dolorosa. El cuento que te cuenta la vida a veces es jodido. Y siempre llega de improviso. A veces te lo cuenta de niño, cuando ves el infierno desatado sobre la cabeza de un compañero de escuela por el simple hecho de haber nacido demasiado miope, demasiado delgado, demasiado bajo o demasiado bueno.  O te lo cuenta con la mochila hecha, mientras ves el telediario matinal, te tomas un café y haces tiempo para coger un tren que ese día ya no circulará, entonces echas de menos la existencia de los monstruos de…

Cuentos desde el otro lado

El objetivo último de la ciencia es comprender el universo que nos rodea, para ello encierra su significado en ecuaciones, entre signos cuyo orden preciso garantiza la verdad. El objetivo último de la literatura es el mismo. Los escritores primero compartimentamos el mundo a través de las palabras, después intentamos desencriptar su contenido y por último, cuando por fin nos topamos con la realidad, a veces decidimos adornarla con fantasía. La ciencia es más honrada, porque cuando se viste de fantasía deja de ser ciencia (pasa a ser charlatanería), ella nos cuenta, por ejemplo, que la luz puede descomponerse al atravesar un prisma y generar un espectro con una parte visible ―accesible a través de nuestra limitada visión orgánica―, y otra invisible ―escondida tras las leyes de la física―. Pues bien, tras leer la antología «Cuentos desde el otro lado» seleccionados por Concepción Perea y publicados por la Editorial Nevskyuno tiene la impresión de que hay ahí fuera toda una generación de e…

Y abrazarte

En este oficio de escritor metido a jurado literario de los #PGB17 hay que estar atento a las limitaciones; a las ajenas ―de eso se trata después de todo―, y a las propias. A estas últimas más que a ninguna, porque para hacer una labor medianamente digna y justa, quizás hay que pasar por una breve autoevaluación previa para tener claros los sesgos de uno mismo. Para conocer el color del cristal con el que miras, tus filias, tus fobias y sobre todo las ideas preconcebidas que inevitablemente te asaltan antes de la lectura. Si soy plenamente sincero, debo decir que en mi vida jamás se me hubiera ocurrido leer “Y abrazarte”. Y nunca hubiera leído este libro precisamente por esas ideas preconcebidas. Y es que externamente el libro tiene corazoncitos. Muchos corazoncitos muy cuquis todos ellos. Y tipografías coloridas. Y si además lees la sinopsis encontrarás que es un libro de relatos centrado en el amor, un amor donde sus sujetos activos y pasivos son exclusivamente mujeres. Así pues, ant…

Bienvenidos al Bizarro

Dicen los que saben de esto que el inicio de cualquier charla, artículo de opinión o reseña debe ser ligeramente disruptivo. Debe descolocar lo justo al receptor del mensaje y plantar disimuladamente en su sesera la semillita de la curiosidad. En un mundo perezoso como el nuestro nadie da demasiadas oportunidades a frases excesivamente largas repletas de adverbios terminados en “mente”. ¿Pero sabéis una cosa? Me rindo. Mierda, no puedo pretender ser disruptivo hablando de una antología de cuentos que tienen por título “Bienvenidos al bizarro”. Porque precisamente ese género literario representa ―al menos en una primera aproximación―, la madre de todas las disrupciones. Y es que, cuando te enfrentas a una obra cuya portada es el dibujo de una stripper mitad sirena del Egeo mitad mutante de Desafío Total tienes dos opciones, dos pildoritas en la mano, la primera es de color azul, con ella podrás arrugar el morro y continuar con tus lecturas aburridas. La segunda es de color rojo y es jod…

Los príncipes de madera.

El hombre moderno es afortunado, puede mirar al cielo, hacia las estrellas y maravillarse ante su propia insignificancia, ante la brutalidad que nos envuelve. El hombre de nuestros días que además de mirar al cielo mira en los libros y en las pantallas está dolorosamente bendecido, porque conoce el universo que quizás espera escondido en el tiempo y en el espacio. Sólo que la verdad duele. Y la verdad que nos espera está construida con planetas enfermos y naves silenciosas que avanzan en la negrura. Es un pedazo de infinito, poblado por humanos deshumanizados, robots, androides, homínidos genéticamente distorsionados y terroríficas formas de vida xenomorfa. Un mundo gobernado por grandes compañías liberticidas, donde los nexus atacan naves en llamas más allá de Orión, donde los gritos no se transmiten en el vacío, donde las lágrimas huelen a disolvente. A veces pienso que buena parte de la literatura clásica de ciencia ficción parte de una premisa, y ésta es que todo lo bueno que tien…

Despertares

Sacar adelante un manuscrito se asemeja al acto de tejer una tela en un telar. Para ello es imprescindible una urdimbre, un conjunto de hilos paralelos en tensión entre los que se inserta, de forma perpendicular, por encima y por debajo, un segundo hilo llamado trama. No hay tela sin urdimbre. No hay tela sin trama. Vale, no hay que ser un genio para encontrar las analogías literarias de esta perezosa metáfora ―de hecho, hay otra que hace referencia a los cabos de una red, la pesca y los peces, pero llamar besugos a los lectores siempre me ha parecido poco elegante―. El caso es que cualquiera con un puñado de urdimbres y una trama puede tejer. El problema es el resultado. A unos les salen banderas, a otros les salen bufandas e incluso hay gente a la que le salen sudarios. Porque para tejer bien (una historia) no solo hacen falta materiales, también es necesario tener arte en la ejecución y gusto. Y aquí es donde Despertares de Felicidad Martínez destaca.  Porque con dos cabos, (la hist…