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Entradas

La mancha humana. Philip Roth. {reseña}

Si es verdad que la vida son los ríos, quizás el alma de los hombres está hecha de sedimentos. Arenas transportadas de un lugar a otro, puestas aquí y allá por los caprichos de la corriente; hay vidas largas y mansas, hay vidas cortas y bravías. Los humanos que se esconden tras la metáfora conocen bien esos posos, porque les han hecho ser como son. Residuos de amor y horror, de deseo, de libertad, de vergüenza, violencia y cobardía se apelotonan bajo una fina capa de piel en un recodo del río. El caso es que vivimos en una sociedad donde solo importa la superficie. La última de las capas de la tarta. La parte a través de la cual imaginamos y damos por supuesto el todo. La alfombra de colorines que tapa metros cúbicos de mierda. Philip Roth sin duda ha sido uno de los grandes escritores contemporáneos, en «La mancha humana» se dedica con paciencia, a través de las palabras, a desmontar cada estrato de la vida de un anciano llamado Coleman Silk y de los personajes que gravitan a su alred…
Entradas recientes

Niebla. Miguel de Unamuno. {reseña}

Supongamos que un escritor propone un juego y comienza una novela sin saber previamente ni su estructura, ni su argumento. Un escritor de ésos que llaman «de brújula». Supongamos que los personajes del relato surgen de la niebla de las ideas y son colocados en el mundo sin más intención que la de estar atentos a su evolución, a su crecimiento. Probablemente nacerán despistados, sometidos al capricho de los elementos, probablemente serán seres sin demasiada sustancia ni interés, y a medida que interactúen ―a través de diálogos y monólogos―, despertarán al mundo creado para ellos, construyéndose por dentro a través de las palabras. Supongamos que esa sea la base, y que después de un buen puñado de aburridas hojas dedicadas a contarnos las vicisitudes, engaños y entuertos sufridos por el protagonista, éste llegue a tomar conciencia de su propia identidad. No tanto como sujeto de amores y desamores, sino más bien como personaje de ficción. Como personaje escrito en tinta, que nace con la l…

Los vectores del caos. {relato}

1.―
―Encontramos la Perséfone en órbita estacionaria alrededor del objeto errante Nix 2.718, todos sus ocupantes estaban muertos. La nave estaba intacta, con los sistemas en hibernación, parecía un maldito panteón helado en mitad de Siberia. ―¿Iniciaron el protocolo de recuperación? ―Sí ―¿Escanearon la nave? ―Sí. ―¿Había presencia o rastro exobiológico? ¿Rastro de patógenos? ―No. Estaba fría y muerta. Un bonito cubito lleno de cadáveres, flotando en una mezcla de oxígenoynitrógeno líquido, esperando a sus resucitadores. Como el puto Walt Disney. ―Cíñase a la a preguntas, marine. ―Sí señor. Perdone señor, pero aún tengo los pelos de punta. ―¿Había rastro xenomorfo? ―No. Mierda, yo también he visto los documentales. Si hubiera habido rastro de la lagartija no hubiéramos tocado la Perséfone ni con un puto palo, el capitán hubiera arrasado el lugar y nos hubiésemos vuelto antes de la merienda. ―Pero no. ―No, Nix 2.718 es un planeta errante sin estrella marcado como objeto de alto interés en los map…

Matadero 5. {reseña}

Hay un párrafo en «Matadero 5» que resume a las claras la locura que esconde la condición humana; una parte del libro donde su protagonista Bill Pilgrim mira distraído un documental sobre el bombardeo de Dresde en la segunda guerra mundial. Todo normal salvo por un detalle, y es que lo ve al revés. Así pues, las imágenes primero muestran el desastre, las casas, las iglesias, las escuelas calcinadas hasta los cimientos y los cuerpos de los civiles carbonizados, amontonándose unos contra otros en pilas interminables. El horror. Pero la película avanza, y el fuego destructor se contrae, escupe desde sus llamas seres intactos que recuperan la salud por arte de magia y se condensa en unos cilindros metálicos caídos del cielo. Estos vuelan en contra de la gravedad hasta los aviones ingleses y americanos, ordenadamente se colocan en sus tripas para volver a Inglaterra, y desde allí hasta EEUU donde son cuidadosamente desmontados, tratados químicamente y enterrados para evitar que de nuevo pu…

Nueve cuentos de Salinger. {reseña}

Cuando lees a Salinger con veinte años es fácil conectar con el espíritu nihilista de sus personajes, probablemente porque con esa edad piensas que estás a la vuelta de todo. Cuando lo relees con cuarenta primaveras esa empatía desaparece y lo más probable es que acabes pensando que Holden Caulfield es un gilipollas. Empatías aparte, hay un disfrute enorme en su relectura. Un disfrute que curiosamente deriva de la precisión de sus ausencias, y es que la edad te ayuda a tapar los huecos de cada historia, las inmensas certezas sin masa. Porque el viejo loco retrata como nadie el vacío. Y el vacío sólo se puede dibujar delimitando el hoyo, el espacio infinito alojado en las tripas de unos personajes que a su vez sólo parecen intentar rellenarlo con humo.   Cuentan los biógrafos que J.D. nunca dejó de escribir en su hura. Noventa y un años de existencia creadora dan para generar una montaña de libros, escritos incoherentes que quizás nunca puedan ver la luz. El caso es que yo tengo mi teorí…

Curso de escritura creativa desechable. {opinión}

Quizás sea casualidad, pero de un tiempo a esta parte no hago más que tropezarme con cursos y consejos de escritura creativa ―internet está plagado y algunos son francamente minuciosos―, encaminados a la desquiciada tarea de añadir más miembros a la tropa de juntaletras que deambulamos por el mundo. Mil y un consejos, mil y un detalles para otorgar al literato en ciernes las herramientas necesarias para construir su mundo, su refugio personal de papel y tinta bajo el que guarecerse. Bien, si todo perro pichichi tiene su curso, yo también puedo; pero el mío va a ser jodidamente corto. De un par de frases, ahí va: Si quieres ser un escritor decente primero lee, lee mucho. Y después escribe, escribe mucho. Ya está, lo bueno si breve dos veces bueno; pretender ser escritor sin leer es como pretender ser dentista con los dientes podridos o como un tatuador con la piel impoluta; y pretender escribir la gran novela americana sin antes haber triturado uno o dos millones de cuentos infames es c…

Borges. Cuentos completos. {reseña}

Hay obras que parecen esperarte en un punto del camino, en un punto de tu camino. El momento adecuado en el sitio adecuado, quizás si accedes a ellas antes de tiempo o demasiado tarde, esas obras son como semillas malogradas, se secan y no germinan o se pudren por exceso de agua. Pero si brotan en su momento y se les da su tiempo, pueden formar árboles centenarios bajo los que cobijar la razón. Cada uno debe encontrar los motivos para abrir un libro y también para cerrarlo. Estos son mis motivos para leer a Borges: 1.―Por el lenguaje. Algo evidente, o no. Multitud de clásicos son difíciles de leer y es normal. Para que un clásico sea clásico pasan muchos años de por medio y el lenguaje cambia, la sociedad cambia, así que su lectura exige también un cambio. Un reset previo que muchas veces los lectores no sabemos hacer. Pero luego están los monstruos. Los autores inmortales. Lo que dicen y cómo lo dicen tiene vigencia ayer, hoy y en un futuro muy lejano, cuando las cucarachas gobiernen …