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Lo que más me gusta son los monstruos. Emil Ferris. {reseña}

No hay autor que no tenga un puntito de tramposo, un tahúr escondido bajo la piel de juntaletras con un par de ases bajo la manga. No hay lector que no desee ser engañado, timado y sorprendido. No hay crítico que no luche desesperadamente por ser el más listo, por saber dónde está la bolita del trile antes incluso de hacer la apuesta. Supongo que eso le quita emoción al asunto, quizás por eso hay tanto crítico amargado. Pero siempre hay espacio para los buenos, para las hormas en los zapatos y para las fiestas sorpresas. Hoy quiero recomendar una novela gráfica que me ha sorprendido; y mucho. «Lo que me gustan son los monstruos», de Emil Ferris es una novela gráfica dura. Dura de cojones. Una obra que engaña con sus capas, con cada una de las piezas del puzle. Un relato que viste al horror con fantasía y al arte con garabatos. Oro puro cubierto de hojalata. Y te deja un regusto amargo. Jodido pero adictivo, como los buenos vicios; porque estéticamente es un vicio, un formato deliberad…
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La carretera. Cormac McCarthy. {reseña}

Es curioso como determinadas obras de literatura se enredan en nuestras neuronas, quedando al acecho, esperando cualquier momento del día en el que no debieran estar ahí para asaltarte con una idea o un pensamiento furtivo, con una imagen poderosa que a su vez desencadena un pequeño terremoto. “La carretera” de Cormac McCarthy es una de esas obras, solo que aparte de enredarse en la sesera, también se enreda en las tripas. Y no te suelta. Ayer a cuenta del black friday algún informativo mostraba las típicas imágenes de archivo que todos hemos visto un millón de veces, esas en las que un grupo de esforzados compradores toman al asalto un centro comercial en el momento de la apertura y entre codazos, insultos y carreras luchan por la última consola de videojuegos. Un retrato preciso de la condición humana. El caso es que normalmente la escena me arranca una sonrisa. Pero ayer no. Probablemente porque acababa de leer las últimas páginas de “La carretera” y un pensamiento funesto se me pa…

La extraordinaria familia Telemacus. Daryl Gregory. {reseña}

A veces pienso que la mayoría de los seres humanos somos idiotas, unos moderadamente idiotas y otros tarugos rematados, incluso los teóricamente inteligentes probablemente son imbéciles a ojos de la madre naturaleza. Y es que sólo así se entiende que cuando esta hace regalos a algún humano ―en forma de habilidad extraordinaria―, normalmente le está jodiendo la vida. Los tipos y tipas destinados a hacer del mundo un lugar mejor suelen acabar renegando de este, junto con el don viene primero la incomprensión (el dedito levantado desde la esquina y los adjetivos calificativos), el aburrimiento, la soledad y la inadaptación. La extraordinaria familia Telemacus es sin duda extraordinaria, y por eso mismo tremendamente disfuncional e inadaptada. Está compuesta por el abuelo Teddy, fulero y timador, la fallecida abuela Maureen, sus retoños, Irene, Frankie y Buddie y sus nietos, entre los que se encuentran dos gemelas y un adolescente en erupción llamado Matty, todos menos el abuelo poseen ha…

La balada de Buster Scruggs. {reseña}

Hay algo extremadamente atractivo en la forma con la que los Coen cuentan sus historias; una negrura cálida que te embauca, un retrato preciso de las entrañas de los seres humanos, una celebración de lo absurdo, una épica en las cosas pequeñas. Hay dos géneros ―el del western y el noir― en el que esa visión encaja como un guante, quizás porque son géneros en los que la fragilidad de la vida viene de serie, quizás porque en ellos esa manta confortable que llamamos civilización suele presentarse envolviendo un cadáver. En la balada de Buster Scruggs esa crueldad idiota, alegre y cantarina esta meticulosamente condensada en media docena de cortos que componen una antología de cuentos, que a su vez se presenta en forma de largometraje y no de serie vaya usted a saber por qué. El resultado es variable, como suele pasar en las antologías va de más a menos, ―el último cuento es directamente un tostón―, pero en general merece mucho la pena. Aquí encontrarás heraldos cantores de la muerte, tipo…

La mancha humana. Philip Roth. {reseña}

Si es verdad que la vida son los ríos, quizás el alma de los hombres está hecha de sedimentos. Arenas transportadas de un lugar a otro, puestas aquí y allá por los caprichos de la corriente; hay vidas largas y mansas, hay vidas cortas y bravías. Los humanos que se esconden tras la metáfora conocen bien esos posos, porque les han hecho ser como son. Residuos de amor y horror, de deseo, de libertad, de vergüenza, violencia y cobardía se apelotonan bajo una fina capa de piel en un recodo del río. El caso es que vivimos en una sociedad donde solo importa la superficie. La última de las capas de la tarta. La parte a través de la cual imaginamos y damos por supuesto el todo. La alfombra de colorines que tapa metros cúbicos de mierda. Philip Roth sin duda ha sido uno de los grandes escritores contemporáneos, en «La mancha humana» se dedica con paciencia, a través de las palabras, a desmontar cada estrato de la vida de un anciano llamado Coleman Silk y de los personajes que gravitan a su alred…

Niebla. Miguel de Unamuno. {reseña}

Supongamos que un escritor propone un juego y comienza una novela sin saber previamente ni su estructura, ni su argumento. Un escritor de ésos que llaman «de brújula». Supongamos que los personajes del relato surgen de la niebla de las ideas y son colocados en el mundo sin más intención que la de estar atentos a su evolución, a su crecimiento. Probablemente nacerán despistados, sometidos al capricho de los elementos, probablemente serán seres sin demasiada sustancia ni interés, y a medida que interactúen ―a través de diálogos y monólogos―, despertarán al mundo creado para ellos, construyéndose por dentro a través de las palabras. Supongamos que esa sea la base, y que después de un buen puñado de aburridas hojas dedicadas a contarnos las vicisitudes, engaños y entuertos sufridos por el protagonista, éste llegue a tomar conciencia de su propia identidad. No tanto como sujeto de amores y desamores, sino más bien como personaje de ficción. Como personaje escrito en tinta, que nace con la l…

Los vectores del caos. {relato}

1.―
―Encontramos la Perséfone en órbita estacionaria alrededor del objeto errante Nix 2.718, todos sus ocupantes estaban muertos. La nave estaba intacta, con los sistemas en hibernación, parecía un maldito panteón helado en mitad de Siberia. ―¿Iniciaron el protocolo de recuperación? ―Sí ―¿Escanearon la nave? ―Sí. ―¿Había presencia o rastro exobiológico? ¿Rastro de patógenos? ―No. Estaba fría y muerta. Un bonito cubito lleno de cadáveres, flotando en una mezcla de oxígenoynitrógeno líquido, esperando a sus resucitadores. Como el puto Walt Disney. ―Cíñase a la a preguntas, marine. ―Sí señor. Perdone señor, pero aún tengo los pelos de punta. ―¿Había rastro xenomorfo? ―No. Mierda, yo también he visto los documentales. Si hubiera habido rastro de la lagartija no hubiéramos tocado la Perséfone ni con un puto palo, el capitán hubiera arrasado el lugar y nos hubiésemos vuelto antes de la merienda. ―Pero no. ―No, Nix 2.718 es un planeta errante sin estrella marcado como objeto de alto interés en los map…