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Aniquilación

Hace algún tiempo vi una viñeta de esas que te hacen pensar y reír, aunque no necesariamente en ese orden, en ella aparecía una tierra apesadumbrada en la consulta de un doctor con pinta de júpiter mientras éste le daba una mala noticia. ―Lo siento, tiene humanos―. Decía el planeta. Una mala noticia, sin duda, porque desde un punto de vista externo, el ser humano tiene peligrosas similitudes con un agente infeccioso. Surgimos. Crecemos. Nos multiplicamos. Y en el camino destruimos el organismo que es nuestro soporte y sustento. Acabo de ver Aniquilación, la película de Alex Garland protagonizada por Natalie Portman y no he podido evitar acordarme del chiste, (OJO! a partir de aquí Spoilers) porque, básicamente el filme reflexiona sobre eso, contando una historia en la que la tierra no deja de ser un gran organismo vivo sometido a cambios, a infecciones que desencadenan la mutación y el desastre. Algo que ocurre con cierta frecuencia en el mundo microscópico; donde hay multitud de ejemp…
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El orden natural del desorden

"Tomé conciencia de mi propio ser más o menos al mismo tiempo que el sol comenzó a consumir la segunda mitad de sus reservas de hidrógeno, lo cual, según mis cálculos, me daba una esperanza de vida muy superior a la que cualquier ser vivo en su sano juicio podría desear. Cinco mil millones de años asumiendo el sistema de referencia del planeta tercero, después la enana amarilla gastaría totalmente su combustible, expandiría su radio y acabaría con mi existencia. Supongo que hay otros sistemas de referencia más adecuados, más aceptables para mi forma y condición. Pero, de alguna manera, los humanos dejaron en mí su impronta. Ellos habían diseñado la estructura básica sobre la que me sustentaba. Y eso me influyó. A pesar de que ya no existieran, a pesar de que su sistema organizativo fuese un auténtico despropósito, había algo en su recuerdo que me atraía. Quizás fuese la naturalidad con la que asumían su propio fin. Quizás fuese la espantosa dualidad de sus actos; ellos eran capaces…

El cirujano.

Hay algo curioso detrás de una cuenta atrás, algo que al mismo tiempo nos atrae y nos llena de desasosiego. Un elemento capaz de despertar una curiosidad insana en nuestro interior, un duende preguntón que quiere salir de dudas, ver qué demonios ocurre cuando el contador llega a cero, si el cohete sale surcando hacia las estrellas o explota envuelto en una bola de fuego. Supongo que la vida es una gran cuenta atrás, una que nos trae a los escritores de cabeza. Supongo que lo terrible del asunto es que, llegado el momento, no importa demasiado una solución o la contraria ―en un mundo saturado de información pronto olvidarás lo que ocurrió con el maldito cohete―; lo importante es el camino, la cuestión no resuelta, la incógnita que aguarda la caja bajo el lazo. En fin, la novela que hoy reseño ―El cirujano, de Carlos PérezCasas― nace de esa incógnita. De ese tic, tac que hace la bomba antes de explotar. Es una obra corta, que se lee en tres tardes, que parte del sustrato de la ciencia f…

Blacksad

Dicen que los gatos negros traen mala suerte, aunque supongo que eso es algo que no notas cuando eres un gato negro. Probablemente te acostumbras. A menos que además de gato negro, seas uno de ésos detectives privados de novela noir que actúan como un jodido imán para las miserias humanas. Lo cual tiene su puntito paradójico, una de esas metáforas dentro de una metáfora, una broma de muy buen gusto que quiere volar tu tierna cabeza como un calibre 45, porque en Blacksad no encontrarás humanos, pero sí muchos animales humanizados y deshumanizados a la vez. Humanizados por fuera, pero deshumanizados por dentro. Con ese gusto por condición predadora que sólo el homo sapiens domina a la perfección. Y es que Blacksad es un cómic bonito por fuera, compuesto por bellísimas ilustraciones. Colores, luces y sombras. Rápido. Brutal y precioso. Su ambientación en la américa de los años 50 es apabullante. Pero también es negro por dentro, con esa negrura clásica, ése respeto por la ortodoxia noir q…

Dark Fantasies

Si hay algo que saco en claro de lo que leo y de lo que escribo, es que los escritores ―por mucho que intentemos aprender, cambiar, variar el estilo y la temática―, siempre volvemos a nuestras obsesiones. Nosotros orbitamos en torno a ellas como lo haríamos alrededor de un agujero negro, acercándonos poco a poco con cada vuelta, hasta llegar al punto de no retorno tras el que no hay escapatoria posible. En física eso se llama horizonte de sucesos. En la vida no creo que haya un horizonte de sucesos mas evidente que la muerte. No creo que haya un elemento sobre el que se hayan escrito más versos ni más libros. Quizás sólo el amor. Y éstas “Dark Fantasies” son una buena muestra de ello. Porque en este libro la muerte es omnipresente, pero la aproximación que los autores hacen a la parca es siempre a través de la fantasía, a través de ese filtro que suaviza y engalana el horror, que lo hace atractivo y menos doloroso, que lo hace menos definitivo y por tanto más llevadero, que consigue un …

Entre malvados.

Tengo la sensación de que cuando la literatura quiere retratar el auténtico horror, el terror más puro y angustiante, no necesita de la fantasía, porque después de todo la fantasía no deja de ser un escudo, un filtro que aleja el asunto, una especie de defensa tranquilizadora. Y es que cuando la maldad pura no la ejerce un ser real, cuando la ejerce un espectro, un extraterrestre o una criatura demoniaca, esa maldad se vuelve más liviana, más lírica, más llevadera. Por irreal menos dolorosa. El cuento que te cuenta la vida a veces es jodido. Y siempre llega de improviso. A veces te lo cuenta de niño, cuando ves el infierno desatado sobre la cabeza de un compañero de escuela por el simple hecho de haber nacido demasiado miope, demasiado delgado, demasiado bajo o demasiado bueno.  O te lo cuenta con la mochila hecha, mientras ves el telediario matinal, te tomas un café y haces tiempo para coger un tren que ese día ya no circulará, entonces echas de menos la existencia de los monstruos de…

Cuentos desde el otro lado

El objetivo último de la ciencia es comprender el universo que nos rodea, para ello encierra su significado en ecuaciones, entre signos cuyo orden preciso garantiza la verdad. El objetivo último de la literatura es el mismo. Los escritores primero compartimentamos el mundo a través de las palabras, después intentamos desencriptar su contenido y por último, cuando por fin nos topamos con la realidad, a veces decidimos adornarla con fantasía. La ciencia es más honrada, porque cuando se viste de fantasía deja de ser ciencia (pasa a ser charlatanería), ella nos cuenta, por ejemplo, que la luz puede descomponerse al atravesar un prisma y generar un espectro con una parte visible ―accesible a través de nuestra limitada visión orgánica―, y otra invisible ―escondida tras las leyes de la física―. Pues bien, tras leer la antología «Cuentos desde el otro lado» seleccionados por Concepción Perea y publicados por la Editorial Nevskyuno tiene la impresión de que hay ahí fuera toda una generación de e…