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Cuentos desde el otro lado

El objetivo último de la ciencia es comprender el universo que nos rodea, para ello encierra su significado en ecuaciones, entre signos cuyo orden preciso garantiza la verdad. El objetivo último de la literatura es el mismo. Los escritores primero compartimentamos el mundo a través de las palabras, después intentamos desencriptar su contenido y por último, cuando por fin nos topamos con la realidad, a veces decidimos adornarla con fantasía. La ciencia es más honrada, porque cuando se viste de fantasía deja de ser ciencia (pasa a ser charlatanería), ella nos cuenta, por ejemplo, que la luz puede descomponerse al atravesar un prisma y generar un espectro con una parte visible ―accesible a través de nuestra limitada visión orgánica―, y otra invisible ―escondida tras las leyes de la física―. Pues bien, tras leer la antología «Cuentos desde el otro lado» seleccionados por Concepción Perea y publicados por la Editorial Nevskyuno tiene la impresión de que hay ahí fuera toda una generación de e…
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Y abrazarte

En este oficio de escritor metido a jurado literario de los #PGB17 hay que estar atento a las limitaciones; a las ajenas ―de eso se trata después de todo―, y a las propias. A estas últimas más que a ninguna, porque para hacer una labor medianamente digna y justa, quizás hay que pasar por una breve autoevaluación previa para tener claros los sesgos de uno mismo. Para conocer el color del cristal con el que miras, tus filias, tus fobias y sobre todo las ideas preconcebidas que inevitablemente te asaltan antes de la lectura. Si soy plenamente sincero, debo decir que en mi vida jamás se me hubiera ocurrido leer “Y abrazarte”. Y nunca hubiera leído este libro precisamente por esas ideas preconcebidas. Y es que externamente el libro tiene corazoncitos. Muchos corazoncitos muy cuquis todos ellos. Y tipografías coloridas. Y si además lees la sinopsis encontrarás que es un libro de relatos centrado en el amor, un amor donde sus sujetos activos y pasivos son exclusivamente mujeres. Así pues, ant…

Bienvenidos al Bizarro

Dicen los que saben de esto que el inicio de cualquier charla, artículo de opinión o reseña debe ser ligeramente disruptivo. Debe descolocar lo justo al receptor del mensaje y plantar disimuladamente en su sesera la semillita de la curiosidad. En un mundo perezoso como el nuestro nadie da demasiadas oportunidades a frases excesivamente largas repletas de adverbios terminados en “mente”. ¿Pero sabéis una cosa? Me rindo. Mierda, no puedo pretender ser disruptivo hablando de una antología de cuentos que tienen por título “Bienvenidos al bizarro”. Porque precisamente ese género literario representa ―al menos en una primera aproximación―, la madre de todas las disrupciones. Y es que, cuando te enfrentas a una obra cuya portada es el dibujo de una stripper mitad sirena del Egeo mitad mutante de Desafío Total tienes dos opciones, dos pildoritas en la mano, la primera es de color azul, con ella podrás arrugar el morro y continuar con tus lecturas aburridas. La segunda es de color rojo y es jod…

Los príncipes de madera.

El hombre moderno es afortunado, puede mirar al cielo, hacia las estrellas y maravillarse ante su propia insignificancia, ante la brutalidad que nos envuelve. El hombre de nuestros días que además de mirar al cielo mira en los libros y en las pantallas está dolorosamente bendecido, porque conoce el universo que quizás espera escondido en el tiempo y en el espacio. Sólo que la verdad duele. Y la verdad que nos espera está construida con planetas enfermos y naves silenciosas que avanzan en la negrura. Es un pedazo de infinito, poblado por humanos deshumanizados, robots, androides, homínidos genéticamente distorsionados y terroríficas formas de vida xenomorfa. Un mundo gobernado por grandes compañías liberticidas, donde los nexus atacan naves en llamas más allá de Orión, donde los gritos no se transmiten en el vacío, donde las lágrimas huelen a disolvente. A veces pienso que buena parte de la literatura clásica de ciencia ficción parte de una premisa, y ésta es que todo lo bueno que tien…

Despertares

Sacar adelante un manuscrito se asemeja al acto de tejer una tela en un telar. Para ello es imprescindible una urdimbre, un conjunto de hilos paralelos en tensión entre los que se inserta, de forma perpendicular, por encima y por debajo, un segundo hilo llamado trama. No hay tela sin urdimbre. No hay tela sin trama. Vale, no hay que ser un genio para encontrar las analogías literarias de esta perezosa metáfora ―de hecho, hay otra que hace referencia a los cabos de una red, la pesca y los peces, pero llamar besugos a los lectores siempre me ha parecido poco elegante―. El caso es que cualquiera con un puñado de urdimbres y una trama puede tejer. El problema es el resultado. A unos les salen banderas, a otros les salen bufandas e incluso hay gente a la que le salen sudarios. Porque para tejer bien (una historia) no solo hacen falta materiales, también es necesario tener arte en la ejecución y gusto. Y aquí es donde Despertares de Felicidad Martínez destaca.  Porque con dos cabos, (la hist…

The Deuce

Si hay un tipo capaz de escribir una obra literaria y disfrazarla de serie de televisión, ése es David Simon. Si hay entre vosotros, estimados lectores, alguien con la intención de ser escritor, debiera darle una oportunidad ―o dos, o las que sean necesarias―, a todo lo que éste señor cree. Al menos si vuestra aspiración es aprender a contar una historia donde los personajes sean personas. Y no seres indistinguibles de un emoticono. Ya lo hizo con “The wire”. (El puto Moby Dick de las series de televisión). Quizás en menor medida con “Treme”, y desde luego que lo está haciendo ahora con “The deuce”. Estoy hablando no sólo del lenguaje ―que también―, sino sobre todo del uso de la estructura interna, las entrañas y el tempo de una novela para hacer televisión. Con dos cojones. Porque si lo que cuentas es una historia acerca de personas, lo que vale son los personajes. Punto. No hay que ser un genio, simplemente hay que dar espacio a esos individuos para que crezcan, algo que no es fácil,…

Cuando los hombres no sean hombres

“En las ciudades se muere del todo; en los pueblos, no; y la carne, y los huesos de uno se hacen tierra, y si los trigos y las cebadas, los cuervos y las urracas medran y se reproducen es porque uno les dio su sangre y su calor y nada más.” Miguel Delibes. Viejas historias de Castilla la Vieja.


I.―
Hay hombres que conocen un poco de mucho, y hay otros, como Senén, que conocen un mucho de poco. Hay tipos, piensa el pastor, que atraviesan océanos, que visitan continentes, y por sólo pisar unos días una tierra lejana ya se piensan que saben algo del mundo por el que levitan como fantasmas.
Yo no sé mucho. Pero algo sé. Conozco las plantas del monte. Conozco cada alimaña. Las llamo por su nombre. Y ellas me conocen a mí, si me rehúyen es porqué me tienen miedo. Conozco a las ovejas, a las propias y a las ajenas. Sus manías, sus achaques.
Senén chifla y Leo, el perro pastor, asiente medio humano, deja de lamerse las pelotas y atiende los deseos de su jefe.
―Ea, pulgoso que como se pierda la fl…